Se diría que Vinicius ha resuelto utilizar en su propio beneficio el revuelo que su presencia provoca en casi todos los campos. Hasta ahora él se descentraba, acudía a las provocaciones, se llevaba tarjetas, se perdía en discusiones con el banquillo contrario, se ausentaba del juego. Pero ayer rebotó el mal rollo hacia sus rivales, y fue decisivo, no tanto por sus jugadas, que alguna hizo, sino porque provocó tres tarjetas, dos de las cuales (una
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