Colombia
Regreso con Respuestas: Explorando la Inseguridad en Profundidad

En los últimos quince días, tres artefactos explosivos estallaron en el barrio San Bernardo, Centro de Bogotá. Eran granadas, según informaron las autoridades. Lo más grave ocurrió el miércoles, cuando individuos en motocicleta lanzaron un artefacto que causó la muerte de tres personas y dejó a nueve heridas.
Rechazable, desde cualquier perspectiva. Bogotá no había registrado este tipo de incidentes en mucho tiempo. Y menos en una zona que, aunque ha sido catalogada como foco de actividades ilegales, la sucesión de explosiones deja mucho que especular.
Obviamente, como han indicado las autoridades, en el sector se libra una guerra entre bandas dedicadas al narcotráfico que se está traduciendo en pérdidas humanas. Sin embargo, queda claro que allí también proliferan el tráfico de armas, la explotación de individuos y que mafias que se creían desaparecidas siguen operando.
No deja de llamar la atención, sin embargo, dos afirmaciones que escuché del secretario de seguridad, César Reinert. La primera es que sobre San Bernardo ya existían indicios desde el inicio del gobierno del alcalde Galán. En otras palabras, se sabía que era una área de alto riesgo que requería vigilancia constante. Y, en segundo lugar, que pese a la alerta que provocó una primera explosión hace una semana, las autoridades llevaron a cabo operativos, allanamientos, capturas y demás, pero la situación, en vez de mejorar, empeoró y se saldó con más incidentes.
Cuando el orden público o los fenómenos de inseguridad se descontrolan, como está ocurriendo en Bogotá, las respuestas de las autoridades se vuelven más rígidas… Se invita a denunciar “y acciones de este tipo”. Y está bien. ¿Qué más se puede hacer? Pero precisamente por esto, la ciudadanía se muestra escéptica frente al tema. Porque lo que desean son resultados, una disminución en los índices que miden el delito, una presencia policial que genere confianza, pero, sobre todo, resultados. Quieren ver que se capture al ladrón de la patineta, a los atracadores de motocicleta, a quienes despojaron a una familia de su vehículo, o a quienes asaltaron a los comensales de un restaurante. Yo lo denomino la tensión acumulada que provoca la explosión de imágenes que inundan las redes con espectáculos de robos. Las autoridades deben dar golpes contundentes, que los hay, no diré que no, pero la gente quiere ver más.
No obstante, cuando escuchan a su comandante de policía afirmar que siete de cada diez capturas que se realizan en flagrancia terminan en libertad por orden de los jueces, pues eso no ayuda en gran medida. El secretario de seguridad, en otro intento por explicar la situación en San Bernardo, hace un llamado al gobierno nacional para que controle el uso de armas en manos de particulares, combata efectivamente el tráfico de drogas, impute a las organizaciones de crimen transnacional, persiga eficazmente a sus cabecillas, etc. Y es necesario. Pero, ¿qué pasa con lo que nos corresponde hacer como ciudad? ¿Con la inteligencia? ¿Tres explosiones en tres semanas en el mismo lugar, cómo se justifican? ¿Para qué? Y si a esto se suma la pasividad de la policía para evitar que durante las manifestaciones del día de la mujer se destruyeran bienes de la ciudad, la gente se pregunta con razón qué está ocurriendo.
Es evidente que las ciudades, en materias graves como la inseguridad a gran escala, REQUIEREN DE LA AYUDA INDISPENSABLE DEL ESTADO. El propio alcalde Galán convocó recientemente a varios alcaldes del país para que, en un solo grito, solicitaran al presidente acciones efectivas para controlar la escalada de inseguridad. Lo mismo hicieron esta semana los gobernadores. Esto indica que sí hay razones suficientes para pensar y exigir al jefe del estado ante la falta de estrategias y políticas para enfrentar al crimen organizado que se ha trasladado a los centros urbanos. Con todas sus guerras a cuestas.
Pero también es momento de mirar internamente qué nos está ocurriendo. ¿Por qué el número de vehículos robados va en aumento? ¿Por qué no cede el atraco callejero? O, ¿qué pasó con la transformación urbanística y social que se preveía para San Bernardo desde hace cinco años? Son preguntas.
Ernesto Cortés Fierro
Editor general
El Tiempo
@Ernestocortes28
erncor@eltiempo.com






