En los últimos 70 años hemos triplicado la producción de alimentos, pero, aun así, “783 millones de personas pasan hambre cada año y 150 millones de niños menores de cinco años sufren retrasos en su desarrollo debido a la falta crónica de nutrientes” (PNUMA).
En Colombia “la pérdida y el desperdicio de los alimentos equivalen a alimentar durante 8 años a toda la población de La Guajira y 133 veces a los niños entre 0 y 4 años del mismo departamento”.
Adicional al impacto ambiental de la agricultura: entre 8% y 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero le son atribuidas, es una de las principales causas de la pérdida de biodiversidad y demanda alrededor del 70% del agua dulce.
Cada año dejamos de consumir el 40% de los alimentos cultivados (WWF y Tesco), un desperdicio que le cuesta a nuestra economía global más de un billón de dólares al año. No necesitamos ser expertos para entender que el sistema está fallando.

Creatividad e I+D+i como parte de la solución
El modelo económico propuesto por la economía circular busca rediseñar la manera como producimos y consumimos para evitar pérdidas financieras, de recursos naturales y disminuir el impacto ambiental. En el caso de los alimentos, es la oportunidad para valorizar subproductos descartados en nuevos alimentos nutritivos, combatir la crisis alimentaria y el calentamiento global.
La pizzeria Shuggie’s tiene como propósito disminuir el desperdicio de alimentos al emplear ingredientes descartados por no ser bonitos (sí, también me escandaliza) y excedentes de producción o subproductos. Una propuesta culinaria retadora, pero “un paso hacia la construcción de un futuro más saludable” donde el diálogo constante con productores y agricultores les permite a los fundadores convertir ineficiencias en oportunidades gastronómicas dirigidas a un público cada vez más consciente del impacto ambiental.
Reutilizar y supra-reciclar alimentos puede parecer poco ortodoxo por cómo entendemos ambos conceptos, pero cada vez son más start ups decididas a encontrar oportunidades de negocio en aquello que descartamos diariamente.
Es el caso de Daniel Kurzrock cofundador de ReGrained, quien en los subproductos desechados durante la producción de cerveza artesanal encontró el ingrediente principal para sus barras de cereal “altamente nutritivas”. Con su tecnología patentada, ha logrado, además, crear harinas para la fabricación de panes y pastas.
En Colombia, Agrosavia diseña alimentos a partir de una visión de economía circular. En sus laboratorios de prototipos de productos naturales y bioinspirados y de cavitación termodinámica, el banano maduro que normalmente sería desechado, incluyendo su cascara o una remolacha y piña son incluidos en la formulación de sopas, compotas y mermeladas logrando integrar todos los “compuestos naturales” generando cero desperdicios. ¿Una torta con harina de zanahoria? Una oportunidad en la que trabajan con estudiantes de gastronomía para garantizar el sabor deseado de nuevos productos.
En el 2022, el mercado de alimentos upcycled fue valorado en 54.5 mil millones de dólares con una tasa de crecimiento anual al 2032 de 5,7%.
¿Y los no comestibles?
En países agricultores como Colombia, la bioeconomía tiene el potencial de crear nuevos servicios y productos a partir de la biomasa. Más allá del compostaje, la bioeconomía nos permite producir, en un mismo proceso, energía de fuentes renovables (biogás) y fertilizantes sólidos y líquidos para satisfacer la demanda interna de cultivos y comercializar los excedentes.
Pero además de energía limpia, la bioeconomía pensada desde la simbiosis industrial comienza a tomar mayor relevancia cuando entendemos que el desperdicio de la agricultura o producción de alimentos es materia prima para otros sectores productivos.
A nivel mundial se desechan unos mil millones de tallos de banano, algo similar sucede en el cultivo de piña. De ambas plantas, Fibo Colombia extrae las fibras para transformarlas en textiles de alto valor disminuyendo los residuos y el impacto ambiental al tiempo que genera nuevos ingresos económicos para los campesinos.
La producción de café es otra gran generadora de residuos orgánicos. Las empresas BioHunters y Nuvant crearon un cuero donde la cáscara de café es el principal componente de un textil donde se valoriza el residuo como nueva materia prima, pensado en un mercado global que demanda cada vez más productos sostenibles desde lo ambiental y social.
Mientras en el Choco-project se han unido Renault, Compañía Nacional de Chocolates y Esenttia para crear biomateriales para el modelo Kwid a partir de residuos del chocolate (con solo pensar que el carro olera a chocolate, ¡lo quiero para mí!). El proyecto espera generar 7.000 empleos directos e indirectos en Latinoamérica.
Pero la verdadera solución está en nuestros hábitos diarios


Pero estas ideas maravillosas no lograrán el impacto deseado si no cuentan con nuestro apoyo. Nos preocupamos por tener una alimentación saludable, crear hábitos conscientes frente al medio ambiente, pero ¿estamos dispuestos a transformar nuestros hábitos y disminuir el desperdicio?
En Alemania, la campaña Zu gut für die Tonne (Demasiado bueno para la basura) es una iniciativa para disminuir el desperdicio en los hogares. Esta app ofrece información educativa para crear mejores hábitos al hacer el mercado, permite hacer seguimiento a los alimentos en casa, propone recetas y ofrece recomendaciones de cómo almacenar los alimentos para una mejor y mayor duración.
O la campaña la nevera medio llena del BBVA con el chef Jordi Roca, ganador en el 2014 del premio Mejor chef de pastelería del mundo, donde, junto con sus dos sobrinos, prepara recetas a partir de sobras e ingredientes disponibles en su nevera.
Mi invitación es a educarnos de cómo podemos aportar desde nuestros hogares y puestos de trabajo a disminuir el desperdicio de alimentos. No se trata de dietas ni de sacrificios, es de crear hábitos responsables que nos brinden bienestar al tiempo que facilitamos el camino hacia un desarrollo sostenible.

