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Economia

Juan Manuel Santos asegura que la minería ilegal ha crecido en Colombia por la ausencia del Estado

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En el corazón del Amazonas se libra una de las batallas más decisivas para el futuro del planeta: la lucha contra la minería ilegal y la deforestación; y Colombia, uno de los países más biodiversos del mundo, enfrenta hoy un desafío que pone en riesgo no solo su riqueza natural, sino también la vida de las comunidades que habitan y protegen estos territorios.

Durante su gobierno, el expresidente Juan Manuel Santos impulsó la protección del Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, declarado Patrimonio Mixto de la Humanidad por la Unesco, y promovió una frontera agrícola que buscaba ordenar el uso del suelo, limitar la expansión de la ganadería extensiva y frenar la destrucción de los bosques. Sin embargo, los avances se detuvieron y el vacío institucional fue aprovechado por estructuras criminales que hoy devastan zonas enteras de la Amazonía con dragas, motosierras y retroexcavadoras.

En el marco de la Semana de la Biodiversidad en la ciudad de Cali, Santos habló con Portafolio sobre el papel del Estado, la urgencia de retomar políticas de conservación y la necesidad de unir al país alrededor de una causa común: proteger el territorio, garantizar la seguridad ambiental y convertir la lucha contra la deforestación y la minería ilegal en una prioridad nacional.

Usted acaba de regresar de una de las semanas más importantes en materia de diálogo climático y de naturaleza, donde participó junto a The Elders. ¿Qué pasó en Nueva York? ¿Qué nos puede contar como primicia?

Yo no era consciente de la importancia de la naturaleza ni de las comunidades indígenas, pero gracias a Wade Davis, amigo muy cercano, conocí a los mamos de la Sierra Nevada cuando fui nombrado ministro de Defensa. No tenía contacto previo con comunidades indígenas, pero acepté reunirme con ellos. Los gobernadores no se habían encontrado en mucho tiempo por causa de la guerra, así que organizamos una reunión. Me explicaron su cosmovisión, su forma de entender el desarrollo y la naturaleza. Me pareció fascinante.

Tiempo después, cuando fui elegido presidente, decidí visitarlos antes de mi posesión, para pedirles permiso a nuestros ‘hermanos mayores’, como ellos se consideran. Me bendijeron y me entregaron un bastón de mando con dos mandatos: hacer la paz con las Farc y hacer la paz con la naturaleza, porque —me dijeron— “la Madre Tierra está furiosa y se va a vengar por el maltrato recibido”.

Pocos días después comenzó el fenómeno de La Niña que inundó el país. No teníamos herramientas para enfrentar algo así, entonces acudí a la comunidad internacional, al Banco Mundial, al BID, a ONGs y a expertos, entre ellos Al Gore, quien me explicó la importancia de Colombia en el contexto ambiental global. De esas reuniones nacieron instituciones como el Ministerio de Medio Ambiente, que se había eliminado, el Fondo de Adaptación y la Unidad de Gestión de Riesgos.


El expresidente Juan Manuel Santos (der.) en entrevista con Jaime Pumarejo, director de Portafolio (izq.)

Nicolás Acevedo / MP Comunicaciones

Poco después, dos diplomáticas colombianas propusieron renovar los Objetivos del Milenio agregando un elemento ambiental. Aprobé la idea y ellas comenzaron una exitosa labor diplomática. Así nacieron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados en la ONU hace diez años, una iniciativa de origen colombiano. Cuando terminé mi mandato, regresé a la Sierra para devolver el bastón.

Los mamos revisaron los documentos y me dijeron: “Presidente, cumplió la paz con las Farc, pero no cumplió la paz con la naturaleza”. Les pregunté por qué y me dijeron: “Falta lo más importante: el factor espiritual. Mientras el ser humano no vea la naturaleza como su igual, nunca habrá paz verdadera”. Ese mensaje me marcó profundamente. Ese día, el 17 de julio de 2018, me entregaron una “aseguranza” espiritual que aún conservo.

A veces hay que tragarse sapos. En la paz con las Farc, algunas víctimas sienten que hubo poca justicia, pero la paz implica transacciones. Lo mismo ocurre con la paz con la naturaleza: no se puede detener de inmediato la producción de petróleo o gas. Hay que hacerlo paso a paso, con pragmatismo, explicando a la gente y avanzando hacia el objetivo.

Muchos expertos dicen que la minería legal podría financiar la protección de la selva si se hace con responsabilidad. ¿Qué opina?

Por supuesto. América Latina tiene los minerales necesarios para la transición verde. Si se explotan de forma sostenible, pueden financiar la conservación. Pero eso requiere liderazgo, buena gobernanza y una visión clara del futuro.


Minería ilegal en Colombia crece año a año.

Cortesía: Istock

Recientemente, la Fundación Rockefeller anunció su regreso a América Latina desde Colombia, y usted forma parte de su junta directiva. Además, lidera la Fundación Compaz, creada tras recibir el Premio Nobel de Paz. ¿Qué significan estos proyectos para el país?

La Fundación Rockefeller es una de las más poderosas del mundo. Se enfocaba en África y Asia, y yo insistí: “¿Y América Latina?”. Finalmente, decidieron abrir su oficina regional en Colombia. Llega en un momento oportuno, pues ayudas como las de Usaid se redujeron. Rockefeller aportará recursos, tecnología y experiencia. Algunos ejemplos son la agricultura regenerativa, exitosa en África y lista para implementarse en Colombia; los programas de alimentación escolar sostenible y una iniciativa que busca mejorar la salud pública a través de la dieta.

En cuanto a la Fundación Compaz, la creé con los recursos del Nobel para construir paz desde los territorios. Trabajamos con excombatientes y comunidades en proyectos de ecoturismo, reforestación y economía sostenible. Hoy nos acompañan lideresas como Rosmira y Mery, de Putumayo; Carlos, de Caquetá; Blanca, Sofía y Yanira, del Huila, y Yurit, de Bogotá. Les agradezco por su trabajo: ustedes son el ejemplo que el país necesita.

Vivimos un momento de división. ¿Qué podemos hacer quienes soñamos con un país unido y sostenible?

Debemos entender que el futuro es prometedor si nos unimos. La división impide que una sociedad dialogue y haga transacciones entre intereses distintos. La democracia consiste en eso: dialogar constructivamente. Significa sentarse con quien piensa diferente, no para imponer, sino para aprender y encontrar puntos en común. Colombia necesita urgente ese diálogo. La paz con la naturaleza puede ser un punto de unión: todos queremos proteger nuestra riqueza natural. El acuerdo de paz ya contempla soluciones a muchos problemas; si se implementa, podría unirnos.

Colombia tiene 40 millones de hectáreas agrícolas potenciales, pero solo produce en ocho o nueve. Con agricultura regenerativa podemos aumentar la producción, capturar carbono y cumplir los compromisos del Acuerdo de París. He visto ejemplos exitosos en el Vichada: zonas antes áridas que hoy son verdes y productivas. Si el mundo adopta ese modelo, se lograría un cambio fundamental.

En Nueva York discutimos la falta de liderazgo global. Muchos gobernantes piensan solo en las elecciones próximas, no en el largo plazo. Las comunidades deben presionar a los líderes para que tomen decisiones responsables.

Usted redescubrió Chiribiquete y promovió su protección. ¿Cómo asegurar que no se pierda ese logro frente a la minería ilegal y la deforestación?

Inspirado en Humboldt, creamos el programa BioColombia, con cien expediciones científicas. Se descubrieron muchas especies nuevas. Chiribiquete, además de su biodiversidad, tiene el arte rupestre más antiguo del planeta. Negociamos la frontera agrícola durante cinco años para proteger sesenta y seis millones de hectáreas y permitir producción sostenible en cuarenta y dos millones.

Lamentablemente, el siguiente gobierno archivó el decreto. Hoy, la falta de presencia estatal permitió que grupos criminales ocuparan esas zonas, impulsando minería ilegal y deforestación. Aun así, si hay decisión política, el país puede recuperar su riqueza natural. Ese es un tema que puede unirnos a todos.


Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia y Nobel de Paz

EFE

¿De sus conversaciones con los mamos surgió la llamada Línea Negra?

Sí. Los mamos me explicaron que los soldados invadían sus sitios sagrados. Como ministro, ordené respetarlos y se identificaron. Para protegerlos, surgió la Línea Negra, aunque generó oposición. También me enseñaron que su concepto de desarrollo es distinto: para ellos, desarrollo es mantener la cultura y preservar la Madre Tierra, no construir carreteras o edificios. Esa fue una gran lección.

Colombia fue pionera en otorgar derechos al río Atrato, y la Corte Internacional de Justicia acaba de reconocer derechos a la naturaleza. Eso cambia la relación del ser humano con el planeta. En The Elders, grupo fundado por Mandela, trabajamos por la paz y la mediación. Hoy identificamos cuatro riesgos existenciales: la guerra nuclear, el cambio climático, las pandemias y la inteligencia artificial. Todos están interconectados. Por ejemplo, la inteligencia artificial consume enormes cantidades de energía y agua, y las pandemias se relacionan con la deforestación tropical.

En Nueva York presentamos el informe de los Guardianes del Planeta: de los nueve límites planetarios, ya hemos sobrepasado siete, incluido el de la acidez de los océanos. Eso pone en riesgo la vida marina. Por eso, encuentros como este en Cali son tan importantes: necesitamos decisiones más contundentes para salvar el planeta.

A veces resulta desesperanzador ver líderes que niegan el problema ambiental. ¿Qué podemos hacer?

Como decía Nelson Mandela, lo único que no hay que perder nunca es la esperanza. Hay ejemplos que demuestran que sí se puede: la capa de ozono fue un límite sobrepasado, pero gracias a la acción colectiva se recuperó. Colombia tiene oportunidades inmensas: agua, alimentos y biodiversidad. Si las protegemos, no solo ayudamos al planeta, sino que aseguramos nuestro propio futuro.

JAIME PUMAREJO HEINS
​e-mail: japuma@portafolio.co
Intsagram: @jaimepumarejoheins
X: @jaimepumarejo

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