Colombia
“Transformación Urbana: La Ciudad Frente al Auge de la Violencia en los Últimos Años”

Bogotá enfrenta una crisis furtiva en su vida nocturna. Lo que durante años simbolizó esparcimiento y entretenimiento, en la actualidad se vincula con peleas, fraudes, inseguridad y descontrol. En los últimos dos años, la ciudad ha observado un seguimiento de incidentes violentos en discotecas y bares que abarcan desde agresiones mortales hasta atentados sicariales. El incidente más reciente ocurrió el 31 de octubre de 2025, cuando Jaime Esteban Moreno, estudiante de la Universidad de los Andes, fue asesinado después de asistir a una celebración de Halloween en el bar Antes del club en Chapinero. Su fallecimiento, investigado por la Fiscalía como una violenta golpiza sucedida en la vía pública, elevó las alarmas sobre las deficiencias de control en los entornos de fiesta.
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El propietario del local, Andrés Solano Bautista, expresó públicamente su pesar por lo sucedido. “Yo soy padre y no quisiera que mis hijos salieran de una fiesta y les sucediera eso” comentó. En sus intervenciones, subrayó que dentro del bar no hubo altercados y pidió reforzar la seguridad en las vías: “Necesitamos continuar dando lo mejor de nosotros y mejorar la seguridad para que no se repitan estas historias”.
La representante María del Mar Pizarro. También aclaró que los eventos no se desarrollaron dentro del establecimiento y aseguró haber proporcionado toda la información a las autoridades.
Representante María del Mar Pizarro. Foto:Tomado de las redes de María del Mar Pizarro.
No obstante, EL TIEMPO conoció de manera exclusiva los resultados de las inspecciones, vigilancia y control (IVC) que las autoridades han realizado en el bar Antes del club, el mismo local donde estuvo el joven Jaime Esteban Moreno antes de ser asesinado. En 2024 se realizaron tres visitas oficiales: el 28 de junio, el 13 de septiembre y el 22 de noviembre. En esta última, los funcionarios impusieron un comparendo por incumplir los requisitos de la actividad económica establecidos en el artículo 92, numeral 16, del Código Nacional de Policía. Como consecuencia, se ordenó el cierre temporal del establecimiento por siete días. Durante 2025 se llevaron a cabo nuevas acciones los días 7 y 26 de julio, y el 22 y 31 de agosto. En el operativo del 7 de julio, los administradores del lugar habrían obstaculizado el ejercicio de las labores de inspección, vigilancia y control. Afirmaron que el negocio funcionaba como un gastrobar y que la venta de alcohol solo se realizaba como acompañamiento a los alimentos.
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El asunto no es un caso aislado. Entre 2024 y 2025, la metrópoli ha sido escenario de asesinatos por confrontaciones, incidentes de escopolamina y tiroteos en las entradas de establecimientos nocturnos. Detrás de estas situaciones hay un patrón recurrente: locales con alta afluencia, deficiencias en la regulación de aforos, venta de licor a menores y consumo en la vía pública. De acuerdo con la Secretaría de Seguridad, entre enero y septiembre de 2025 se han contabilizado 15.728 incidentes en áreas de ocio, que abarcan 6.138 riñas, 8.674 quejas por ruido y 916 situaciones relacionadas con sustancias ilícitas. Aunque el número total es inferior al de 2024 (18.929 casos), la disminución no se traduce en serenidad.
Las áreas con mayores conflictos son San Francisco I Sector, Chapinero y Galán, donde durante los fines de semana las autoridades enfrentan auténticas batallas por el orden. Los datos indican que las confrontaciones siguen siendo el principal detonante de emergencias nocturnas y que la convivencia en ambientes de recreación sigue en deterioro. A esto se añaden las denuncias de jóvenes en plataformas sociales, quienes advierten sobre fiestas anunciadas con semanas de antelación, donde se venden entradas anticipadas y, al llegar, los asistentes encuentran los lugares repletos o cerrados. En otros casos, los locales abarrotados se transforman en trampas ante un posible incendio o emergencia.
Jaime Esteban Moreno Foto:Redes sociales / Universidad de Los Andes
Las autoridades distritales han respondido con operativos de inspección, vigilancia y control. En intervenciones recientes en Chapinero y Ciudad Bolívar se encontraron menores de edad dentro de discotecas y bares, se incautaron dosis de tusi y bebidas alcohólicas de contrabando, y se clausuraron establecimientos por violación de las normas. “Salvaguardamos a niños y adolescentes de ambientes de riesgo asociados al consumo de licor, drogas o actividades ilegales”, indicó la Secretaría de Seguridad.
Según Camila Cortés, directora de Inspección, Vigilancia y Control, entre 2024 y el presente año se han impuesto 12.490 sanciones a establecimientos comerciales en Bogotá. “Tres de cada cuatro sanciones son por operar sin los requisitos establecidos”, aclaró. El incumplimiento de horarios es la segunda infracción más frecuente, con 2.865 casos mientras que las sanciones por sobrepasar el aforo —aunque mínimas— aumentarán de 2 a 13 entre ambos años.
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Las instituciones reiteraron que existen sanciones de hasta 800.000 pesos o clausura temporal de diez días para aquellos que infringen los horarios establecidos. Simultáneamente, se mantienen supervisiones sobre los llamados sindicatos, con más de 70 operativos y un nivel de sellado del 60 %. “Cada vez son menos, porque nos hemos dedicado a llevar a cabo un ejercicio riguroso de inspección y control”, apuntó Cortés.
El sector también se expresó. Camilo Ospina, líder de Asobares afirmó que los bares legalizados están sujetos a minuciosas inspecciones. “El inconveniente se concentra en eventos privados o clandestinos, donde no hay autorizaciones ni supervisión. Por eso enfatizamos en combatir la informalidad y no sancionar a los establecimientos que cumplen con la normativa”, declaró. Para Ospina, la corresponsabilidad debe ser compartida: “Luna noche en Bogotá es una tarea de todos: el Distrito supervisando, los empresarios cumpliendo y los ciudadanos disfrutando con precaución”. El caso de Jaime Esteban Moreno concretó una situación que ya venía gestándose en silencio. La acumulación de riñas, sanciones y denuncias de la ciudadanía revela que la vida nocturna en Bogotá se encuentra en un punto crítico. Y mientras avanza la indagación por el asesinato del estudiante, el debate esencial sigue abierto: ¿qué tan seguro es realmente el ambiente nocturno en la capital?
Carol Malaver
Subeditora Bogotá
Escríbanos a carmal@eltiempo.com
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