El descenso interrumpe la trayectoria histórica que posicionaba a México como el segundo usuario de acero de la región, solo superado por Brasil. Mientras que Brasil crecerá un 5% y Argentina casi un 15%, México será la nación con el mayor descenso, afectando al promedio regional (-0.6%).

Además, el consumo por persona de acero en México, históricamente alineado al promedio global (cerca de 200 kilogramos por cada habitante), disminuirá un 11.2% en 2025, el mayor descenso en toda la región, de acuerdo con Alacero.

En parte, la bajada en la producción y el consumo se justifica por una debilidad en las industrias manufactureras, el colapso de la construcción, la disminución de la inversión pública en infraestructura y los aranceles aplicados por Estados Unidos. De acuerdo con el Inegi, la actividad industrial en México experimentó una caída del 3.3% anual en septiembre de 2025, afectada por una contracción del 7.2% en la construcción y del 2.3% en el sector manufacturero. La ingeniería civil se redujo más de un 27%, mientras que la producción de equipo de transporte retrocedió un 10%, reflejando la debilidad en dos sectores fundamentales para la demanda de acero.

“Definitivamente la demanda está disminuyendo. Existe un problema conjunto, con la construcción y la manufactura a la baja, y la sección 232 impactando nuestras exportaciones”, admitió Máximo Vedoya, director ejecutivo de Ternium, durante el Alacero Summit 2025, en Cartagena de Indias, Colombia.

El 2026 podría señalar el rebote

A pesar del contexto desfavorable, Vedoya vislumbra una “luz al final del túnel”. Las estimaciones de Alacero prevén un incremento del 4% en el consumo de acero en México para 2026, respaldado en la implementación del Plan México y la reactivación de inversiones productivas.

Ternium, la principal siderúrgica del país, destinará 4,000 millones de dólares a su planta en Pesquería, Nuevo León, el plan de expansión más significativo en su historia. La compañía anticipa que la nueva capacidad de producción sustituya importaciones y genere mayor valor agregado local.

“Debemos dejar de ser solamente ensambladores. México necesita producir con valor añadido y competir en condiciones justas. Visualizo 2026 como un año de crecimiento en el consumo y de recuperación”, declaró Vedoya.

La mirada externa: China y el T-MEC

Desde otra óptica, el exembajador Jorge Guajardo advirtió que el riesgo no es solo comercial, sino también estructural. “Esto es un tsunami. China está desindustrializando al planeta con precios artificialmente bajos. Si no actuamos, nos ahogamos”, y expuso el peligro que implican las exportaciones indirectas de acero desde China.

Como referencia, Guajardo mencionó que el precio medio de exportación de los vehículos chinos se redujo de 21,000 a 16,000 dólares entre 2023 y 2025, una caída cercana al 25% que les permite absorber sin dificultad aranceles de hasta el 50%.

Comentó que aun con esa disminución, los productores chinos mantienen amplios márgenes: Y dado que los precios actuales son “artificialmente bajos”, los aranceles deben ser intencionalmente inflacionarios para retornar al acero, los automóviles y otros productos “a su verdadero valor de mercado”.

El especialista opinó que los aranceles que México planea aplicar a las importaciones de países sin tratados de libre comercio no serán suficientes ante la magnitud del dumping chino.

“Los costos bajos de China son ficticios; los aranceles deben ser inflacionarios, ya que ese es el objetivo, devolver los precios a su valor real de mercado”, afirmó.

El diplomático coincidió con Vedoya en la importancia de fortalecer la asociación con Estados Unidos, pero enfatizó que México debe demostrar que no será un punto de triangulación de productos chinos en el marco de la renegociación del T-MEC en 2026.

Tanto Vedoya como Guajardo coincidieron en que la clave radica en coordinar la política comercial con una política industrial que promueva la producción local. En este aspecto, ambos ven con optimismo los primeros pasos del gobierno de Claudia Sheinbaum, aunque difieren en el ritmo y la magnitud de las acciones.