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El 13 de noviembre de 1985, el volcán Nevado del RuízArmero, Chinchiná y Villamaría.
Los testimonios de quienes sobrevivieron al triste día en que el volcán hizo erupción tras 69 años de inactividad siguen llenos de tristeza y dolor por una población que ahora vive en su recuerdo. Hoy, 40 años después, Mauricio Cuéllar, alcalde de Armero Guayabal, el municipio donde se determinaron los desplazados, rememoró a su hermano, a quien aún alberga la esperanza de encontrar.
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El alcalde de Armero Guayabal sigue en la búsqueda de su hermano
La noche de la desgracia continúa presente en la memoria del actual alcalde de una comunidad que clama por no olvidar su sufrimiento. En aquel entonces tenía 6 años y residía cerca del matadero municipal. “Esa noche estábamos con mi mamá y mi hermano”, narró en el aniversario del suceso para Radio Caracol.
Foto desde un helicóptero del progreso tras la erupción del volcán Nevado del Ruiz. Foto:MSF
Su hermano era dos años mayor que él. Tras el inicio del pánico colectivo, todo ocurrió muy rápido para las miles de familias del pueblo. “Salimos de ahí, de la casa, y caminamos como tres cuadras, hasta que el lodo y toda esta avalancha nos atraparon, y nos arrastraron por cerca de dos cuadras más, y ahí tuvimos que permanecer casi un día y unas horas del siguiente día porque no podíamos salir del lodo”.
Entre la confusión, el instinto de supervivencia y el lodo transcurrió la última vez que vio a Juan Manuel con vida. “Se perdió esa noche, no sabemos si fue extraviado o si falleció en la tragedia”, relató el funcionario público.
Lo mismo sucedió con una prima, cuya historia avivó la esperanza de la familia de hallar a su pariente con vida. “Tuvimos la experiencia de una prima que fue rescatada de esta catástrofe y llevada a Bogotá, a un hospital”, indicó y comentó que su tía, quien la buscó por todos lados, logró recuperarla antes de que esta fuera entregada a otra familia.
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Con sus pequeños hijos en brazos, algunas familias se alejaron de Armero. Foto:EL TIEMPO
Su madre, de 85 años, es la que más anhela a su hijo desaparecido, ya que nunca hallaron un cuerpo que confirme que fue una víctima mortal del desastre.
Acerca de los rescates, el hombre afirma que pudo observar cómo tuvieron que llegar en helicópteros para evacuar a las personas del barro.
Reedificación de Armero 1986. Foto:Reedificación de Armero 1986.
Por otro lado, indicó que no está seguro de cuántos niños enfrentaron la misma situación que su hermano. Estas narrativas siguen envueltas en incertidumbre y carencia de información por parte de las entidades del Estado.
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Hoy, tras un complicado proceso de traslado de las personas, las armeritas se han dispersado por todo el país. Armero Guayabal es actualmente una comunidad que recuerda el sufrimiento de un desastre natural y da testimonio de la resiliencia que, en ausencia de apoyo estatal, tuvieron que desarrollar para renovarse.
REDACCIÓN ÚLTIMAS NOTICIAS.
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