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Economia

“Francia ve en México la clave para reemplazar insumos chinos y potenciar el comercio”

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Sanchez detalla en conversación con Expansión que las recientes normativas arancelarias de Estados Unidos y la tensión con China reducen la certeza en las cadenas tradicionales. Para Francia, la seguridad de acceso al mercado estadounidense que proporciona el T-MEC transforma a México en un aliado estratégico.

El comercio ya no solventa las presiones del entorno. La inversión directa lo hace. Plantas locales, ingeniería establecida, personal especializado y servicios posventa disminuyen vulnerabilidades, elevan la competitividad y facilitan exportaciones desde México a otros destinos con menor riesgo global.

Francia contabiliza una inversión extranjera directa acumulada que supera los 13,000 millones de dólares en México.

El país ya muestra capacidad para mantener ese aumento. Hay 700 empresas francesas en México, las cuales producen entre 180,000 y 200,000 empleos directos y 700,000 empleos indirectos.

Operan en sectores de alto valor añadido como aeroespacial, automotriz, infraestructura y energía. Alstom completó exitosamente la construcción del Tren Maya y ahora tiene como objetivo el corredor México Querétaro. Safran y Forvia expanden sus operaciones en Querétaro y el Bajío. Fives está desarrollando tecnología de descarbonización para el proyecto Tula de Cemex y prepara procesos avanzados de economía circular que permiten la recuperación de insumos del concreto y la disminución de costos de materiales básicos; ya se ha firmado un Memorándum de Entendimiento con el fin de establecer un marco de cooperación.

La inversión francesa se basa en una realidad poco reconocida. México se posiciona como el principal inversionista latinoamericano en Francia, muy por encima de Brasil. Para París, esta relación financiera crea un marco estable que acelera las inversiones de ida y vuelta y consolida cadenas que mantienen ventajas en mercados con regulaciones cada vez más intensas.

El factor crucial para los años venideros será la sustitución de insumos asiáticos. La industria francesa admite que ya no puede operar con el mismo grado de exposición hacia China, tanto por decisiones geopolíticas como por aumentos en costos logísticos, energéticos y regulatorios.

Francia busca nuevos proveedores y México cuenta con una base empresarial que puede integrarse. Sanchez identifica cuatro sectores esenciales: aeronáutica, automotriz, agroalimentario y farmacéutico.

Por ejemplo, Bimbo es una de las empresas más robustas a nivel mundial. Ha desarrollado sus propias cadenas de suministro. Estas cadenas pueden ser un apoyo para la industria agroalimentaria en Francia.

México no es tan competitivo como China, pero es considerablemente más competitivo que nosotros (Francia), sin duda.

Se creará un inventario de proveedores que ya se encuentran en México con potencial para unirse a las cadenas francesas y se organizarán misiones empresariales que faciliten pactos y pruebas técnicas.

El plan industrial de Claudia Sheinbaum se adapta naturalmente a ese propósito. La presidenta pone como prioridad la descarbonización, la modernización tecnológica y los proyectos de economía circular. Francia tiene un dominio en estas áreas y acumula patentes, procesos industriales y experiencia en regulaciones.

Para el ámbito francés, esta convergencia disminuye los gastos de adaptación y acelera la integración de México a redes europeas que ya se desplazan hacia sectores de bajas emisiones.

Sanchez lo aborda en términos financieros. México no compite con China en precios, sino en certeza, cercanía y adecuación regulatoria. En un contexto caracterizado por aranceles, subsidios y tensiones geopolíticas, esas características son más valiosas que cualquier diferencia de costo.

Francia requiere plantas fiables cerca de Estados Unidos; México proporciona mano de obra cualificada, estabilidad macroeconómica y una red industrial que ya opera con standards globales.

El líder francés concluye que el nuevo ciclo se determinará por la habilidad de ambos países para intensificar la inversión. “No podemos continuar dependiendo de suministros chinos. Debemos colaborar con empresas mexicanas. Es una urgencia para Francia”, sostiene.

La afirmación resume una perspectiva que deja atrás el comercio convencional y da paso a una etapa donde la competitividad se edifica desde el territorio mexicano, con capital francés y un mercado norteamericano que demanda cadenas más robustas.

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