Colombia
Este es el perfil del joven instrumentalizado por banda y que terminó asesinando a Jean.

El capturado por el asesinato de Jean Claude German Bossard es un adolescente de 16 años. Es soltero, estudiante de noveno grado y vive en el barrio Santa Isabel, en Puente Aranda.
Llegó a Bogotá desde El Peñón, Bolívar, un municipio de la subregión de Loba, al sur del departamento, que limita con Magdalena, Cesar, Hatillo de Loba, San Martín de Loba y Regidor. La Policía lo señala como parte de una banda que instrumentaliza a jóvenes para cometer robos violentos en el norte de la ciudad.
Durante semanas, este menor hizo parte de la dupla que se movía en una motocicleta naranja, reconocida por uniformados, comerciantes y vecinos de la avenida 19 con calle 108. La comunidad veía cómo la moto aparecía y desaparecía con rapidez en distintos puntos del sector, siempre con dos hombres a bordo, ejecutando asaltos fugaces. Los patrulleros ya conocían los trayectos, la forma de conducción y la manera en que los delincuentes se mezclaban entre el tráfico.
La Policía tenía un antecedente clave: el pasado 10 de noviembre, estos mismos dos hombres habían protagonizado un intercambio de disparos con uniformados. Ese hecho llevó a priorizar la vigilancia en Usaquén.
Moto en la que se movilizaban los delincuentes. Foto:Policia Metropolitana de Bogota
Se instalaron puestos fijos, se reforzaron los patrullajes y se enviaron unidades Gourmet y GEMAS para anticipar un nuevo ataque. A pesar de los controles, comerciantes y residentes seguían informando que la motocicleta rondaba la zona.
El martes, hacia la 1:30 de la tarde, la rutina criminal se repitió. La moto naranja se detuvo junto a Jean Claude German Bossard García, un administrador de empresas de 29 años, nacido el 5 de diciembre de 1995.
Según la versión oficial, los delincuentes intentaron robarle el celular. Él se resistió de forma instintiva. Esa reacción desencadenó el ataque: le dispararon dos veces. Uno de los proyectiles atravesó su pecho y lo dejó tendido en plena vía.
Mientras los asaltantes intentaban huir, un patrullero que ya estaba cerca reaccionó de inmediato. Hubo un intercambio de disparos. Uno de los delincuentes cayó neutralizado. El otro, el menor de 16 años, resultó herido en un brazo y fue capturado.
La investigación reveló que la motocicleta no era el único vehículo empleado por la banda. En otros hechos recientes también participó un carro, ya identificado por sus placas. Las autoridades buscan a un tercer hombre que se movilizaba en ese vehículo y que estaría conectado con la misma serie de asaltos que tenían en alerta al sector.
El menor de 16 años fue capturado herido en un brazo tras el enfrentamiento con la Policía. Foto:Policia Metropolitana de Bogota
En la escena del crimen se incautó un revólver calibre 32 con seis cartuchos: tres disparados y tres sin percutir. Era el arma que, según los informes, fue accionada contra Jean Claude. También fue recuperada la motocicleta naranja utilizada para cometer los robos.
La muerte de Jean Claude provocó indignación entre vecinos y allegados, quienes anunciaron un plantón en su memoria para esa noche. No solo como gesto simbólico, sino como un reclamo por la secuencia de ataques que, pese al refuerzo policial, terminó cobrando una vida.
La detención del menor permitió desmontar parte de la estructura, pero el tercer implicado sigue siendo clave para cerrar el caso y entender por completo cómo operaba la banda que se mantenía en jaque la tranquilidad del norte de la ciudad.
A sus 16 años, el joven que participó en un atraco en el norte de Bogotá y que terminó asesinando a su víctima no será procesado bajo las mismas reglas que rigen para los adultos. La legislación colombiana es estricta en el castigo frente a delitos graves cometidos por menores, pero establece límites precisos.
Aunque el hecho configuraría, para un mayor de edad, un homicidio agravado con penas que pueden superar los 30 años de prisión, en el caso de un adolescente la respuesta judicial se enmarca en el Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes (SRPA), previsto en el Código de la Infancia y la Adolescencia.
De acuerdo con esta normativa, un menor de 16 o 17 años que cometa delitos de extrema gravedad —entre ellos el homicidio, el homicidio agravado o cualquier acción que atente contra la vida— puede recibir la sanción más severa contemplada por el sistema juvenil: privación de la libertad en un centro especializado por un máximo de ocho años. Es decir, sin importar cuán grave sea el crimen, la ley fija un tope que no puede superarse y que se cumple en centros de atención cerrados del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, no en cárceles ordinarias.
Lugar de los hechos. Foto:Policia Metropolitana de Bogota
La investigación penal sí se adelanta y el joven puede ser imputado por homicidio, hurto y todos los agravantes que determinan la Fiscalía. Sin embargo, incluso si se comprueba que actuó con violencia extrema, que usábamos un arma o que integraba un grupo delincuencial, la sanción nunca equivaldrá a las penas de adultos. La medida que se imponga busca un equilibrio entre la gravedad del daño causado y el principio de resocialización que la ley protege para cualquier persona menor de 18 años.
En la práctica, el joven podría enfrentar un proceso largo y una medida privativa de la libertad durante la investigación. Si un juez concluye que es responsable del homicidio cometido durante el atraco, lo más probable es que se ordene su permanencia en un centro especializado juvenil por varios años, usualmente en el rango más alto del sistema dada la letalidad del hecho. Aun así, la ley garantiza revisiones periódicas de la sanción y procesos de seguimiento, con el fin de evaluar avances en su responsabilidad, educación y reintegración.
CAROL MALAVER
SUBEDITOR BOGOTÁ
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