La carga financiera de los hogares colombianos —esto es el porcentaje de los ingresos que destinan para pagar sus obligaciones crediticias— comienza a mostrar señales de alivio, incluso en medio del repunte del crédito que se empezará a sentir con mayor fuerza a partir del próximo año 2026.
Así lo revela el más reciente Reporte de Estabilidad Financiera del Banco de la República, que evidencia una combinación de factores favorables: recuperación del empleo, mayores ingresos –apoyados por el crecimiento de las remesas– y un menor deterioro en la cartera de consumo, elementos que están reduciendo la presión que venía mostrando el endeudamiento de las familias.
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El informe señala que la economía colombiana transita por una fase de crecimiento sostenido, con un aumento del producto interno bruto (PIB) de 2,9 por ciento en lo corrido de 2025 y una proyección de cierre anual cercana a 2,6 por ciento o más.
Este entorno ha estado marcado por una mayor fortaleza del mercado laboral, con tasas de desempleo históricamente bajas —a octubre alcanzó un 8,2 por ciento, según el Dane—, lo que ha impulsado el consumo de los hogares (3,9 por ciento de crecimiento) y favorecido el flujo de ingresos disponibles: una condición clave para mejorar el manejo de las deudas domésticas, según los analistas.
En ese contexto, varios indicadores empiezan a mostrar una menor carga financiera de los hogares. La relación entre deuda e ingreso disponible –el principal termómetro de apalancamiento familiar– se ha mantenido estable alrededor del 24 por ciento, mientras que el ahorro bruto como porcentaje del ingreso presenta señales de recuperación, 7,5 por ciento (en 2021 alcanzó mínimo históricos del 2 por ciento) reflejando una mayor capacidad de las familias para cubrir compromisos financieros sin comprometer su consumo básico.
El Banco destaca que este colchón adicional de ahorro se relaciona principalmente con la mejora del empleo asalariado y con el fuerte dinamismo de las remesas, que entre enero y septiembre crecieron 12,5 por ciento anual, mientras se espera que el volumen supere los 14.000 millones de dólares al cierre del 2025.
Menor tasa de desempleo y mayores remesas ha mejorado el nivel de ingreso de los hogares. Foto:iStock
Cartera menos morosa
La evolución de la cartera de consumo, el segmento más ligado a los hogares, acompaña esta lectura más positiva del banco emisor. Aunque todavía registra tasas anuales reales negativas, la tendencia es de clara recuperación. Más importante aún, el indicador de calidad por mora –que mide los créditos con retrasos mayores a 30 días– ha caído de forma significativa, especialmente en consumo y microcrédito.
Datos de la Superintendencia Financiera con corte a septiembre muestran que el indicador de calidad de la cartera total se situó en 4,1 por ciento, tras alcanzar niveles muy cercanos al 6 por ciento. Y mientras el indicador de los préstamos de consumo bajó a 5,4 por ciento, desde el 7,6 por ciento de un año atrás, el del microcrédito pasó de 9,6 a 7,1 por ciento en el mismo periodo.
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Esto significa que cada vez menos hogares están incumpliendo sus pagos, un cambio frente al deterioro observado entre 2023 y comienzos de 2024, cuando la combinación de inflación elevada y tasas de interés altas apretó los presupuestos familiares.
Según el reporte, este menor nivel de mora ha permitido al sistema financiero reducir provisiones, mejorar su rentabilidad y fortalecer sus balances, un aspecto clave porque abre la puerta a una mayor oferta de crédito. De hecho, desde mediados de 2025 la cartera total del sistema volvió a crecer en términos reales, impulsada sobre todo por los préstamos de vivienda y microcrédito, mientras que la cartera comercial también regresa lentamente a terreno positivo.
Crédito, pero con tasas altas
El panorama se complementa con una postura menos restrictiva por parte de los bancos. La encuesta de situación del crédito citada por el Emisor indica que en el tercer trimestre de 2025 aumentó tanto la percepción de demanda como la de oferta de préstamos, y las entidades anticipan que esta tendencia continuará.
En palabras del informe, se observa una “postura menos restrictiva para el otorgamiento de nuevos préstamos”, así como una percepción favorable de acceso por parte del sector productivo, dinámica que también beneficia a los hogares.
Según el Banco de la República, reducción de tasas en 2026 será más lenta que en otros ciclos. Foto:CESAR MELGAREJO
Con estas señales, el Banco de la República señala que la recuperación crediticia no solo se mantendrá en lo que resta de 2025, sino que continuará a lo largo de 2026, con crecimientos reales positivos en la cartera, aunque la reducción de tasas de interés será más lenta que en otros ciclos, dado que la inflación sigue elevada: se estima que cerrará 2025 alrededor de 5,1 por ciento y convergerá gradualmente hacia 3,6 por ciento en 2026. Este escenario implica que el crédito seguirá disponible, pero con costos financieros aún relativamente altos respecto a estándares históricos.
Para los hogares, esto representa un equilibrio delicado: más posibilidades de acceder a préstamos, especialmente en vivienda, pero con la necesidad de mantener una gestión prudente del endeudamiento. El Banco advierte que, aunque los indicadores actuales son favorables, una desaceleración del consumo o un repunte de la inflación podrían volver a presionar la capacidad de pago de las familias, en especial en segmentos más vulnerables como el microcrédito.
Regreso del crédito coincide con momento de mayor estabilidad en los bolsillos de los hogares. Foto:Redeban
Solidez del sistema
A nivel agregado, no obstante, el diagnóstico es de fortaleza. Los bancos presentan niveles de solvencia ampliamente superiores a los mínimos regulatorios y cuentan con colchones de liquidez suficientes para sostener la expansión de préstamos. Esto crea un entorno estable para que los hogares encuentren financiamiento sin riesgos sistémicos inmediatos, al tiempo que el descenso en la morosidad confirma que, por ahora, la carga financiera se está manejando mejor.
El reporte del Emisor muestra un panorama en el que los hogares llegan al nuevo ciclo de expansión crediticia con una posición más saludable que la observada hace uno o dos años: ingresos en recuperación, menor deterioro de cartera y una banca dispuesta a prestar nuevamente.
Si bien el reto para 2026 será evitar un sobreendeudamiento en un escenario de tasas todavía elevadas, el punto de partida luce más favorable. Para miles de familias, el regreso del crédito coincide con un momento de mayor estabilidad en los bolsillos, una combinación que podría reactivar compras aplazadas –especialmente de vivienda y bienes durables– y aportar impulso adicional al crecimiento económico del país.

