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La pregunta no es si Trump va a por Maduro sino cuándo ordenará el ataque de su flota

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Ayer viernes 12 se diciembre el teniente general del aire Evan L. Pettus asumió el Comando Sur de Estados Unidos – encargado de la seguridad y defensa y operaciones militares en América Central, América del Sur y el Caribe- en sustitución del dimitido almirante Alvin Holsey, un paso más de Trump hacia el asalto del gobierno de Venezuela con ayuda de María Corina Machado. ¿Ya es Madrid a Venezuela lo que Miami fue a Cuba?

El diario The Washington Post, propiedad de uno de los magnates que apoya personalmente a Donald Trump -nos referimos al dueño de Amazon, Jeff Bezos- ha demostrado en las últimas semanas que la antigua prensa de papel puede provocar quebraderos de cabeza hasta a Trump y colocar ante el abismo a su secretario de Defensa, Peter Hegseth.

He aquí la historia.

La flota de portaaviones desplegada por Trump frente a Venezuela desde agosto pasado ha lanzado alrededor de 25 ataques a pequeñas embarcaciones en el Caribe y en el Pacífico.

Según Trump son incursiones para defender a EEUU ante lo que la nueva doctrina de Seguridad Nacional trumpista llama “narcoterrorismo”.

El Post obtuvo información e imágenes de que en uno de esos ataques, el 2 de diciembre pasado, hubo una secuela al salvarse dos tripulantes y permanecer a flote en el mar.

Según el Post, el almirante Frank Bradley, a cargo de la operación, consultó con el secretario Hegseth, qué hacer, quien le dió la orden de rematarlos. Bradley cumplió. Todo está filmado y se ha aportado el video correspondiente.

La información provocó la protesta de demócratas y republicanos. Y es ahora objeto de una investigación parlamentaria.

El argumento es que atacar a enemigos a la deriva en el mar sería un crimen de guerra.

Como si las 87 personas que murieron en los ataques hasta ahora no lo fuesen, habida cuenta de que no es una guerra, una guerra fake.

Trump no presenta pruebas. Y los testimonios de las familias de los pescadores que han sido víctimas en la región desmienten sus vinculaciones con el narcotrafico.

El Post ha dado este jueves 11 de diciembre un paso más: “Las amenazas de Trump, un eco del cambio de régimen apoyado por la CIA en América Latina”, título en la portada de su edición digital una información.

Según apunta: “La escalada sobre Maduro como objetivo resucita la doctrina que ha tenido graves y duraderas consecuencias para las democracias y economías de América”.

La foto que ilustra la información es la de Henry Kissinger, secretario de Estado de la Administración Nixon, durante su celebre visita al dictador chileno Augusto Pinochet, en Santiago, en junio de 1976.

Lo cierto es que esta es la nueva estrategia de Seguridad Nacional de Trump la semana pasada.

Unos días después de difundirse el documento, Trump informaba que una unidad de guardacostas de EEUU había capturado un buque tanque de petróleo en la zona, en una farsa de operación con respaldo judicial. Y anuncia nuevas operaciones de captura de petroleros.

Es evidente que Trump, además de asesinar a pescadores, a los que llama sin aportar prueba alguna, terroristas narcotraficantes o narcoterroristas, busca provocar con su despliegue naval frente a las costas de Venezuela un incidente que conduzca a una escalada militar.

Es lo que ocurrió en agosto de 1964 cuando el gobierno de Lyndon B. Johnson, sobre la base de un ataque inventado, obtuvo del Congreso la autorizacion para intensificar los ataques militares en Vietnam sin la necesidad de declarar el conflicto de manera oficial.

La nueva estrategia de Trump oficializa la doctrina Monroe de 1823 como guía para actuar en América Latina. Si en el siglo XIX el adversario era Europa, al que se debía impedir poner un pie en el Hemisferio Sur, el patio trasero de EEUU, ahora se trata de mantener fuera a China.

Problema: China ya está. Y precisamente su presencia está corporizada por fuertes inversiones en Venezuela.

Trump cuenta con una base social y política en Venezuela. Es la que representa María Corina Machado, quien ha respaldado los ataques contra los presuntos “narcoterroristas” y ha solicitado desde Oslo, este jueves pasado, 11 de diciembre, respaldo internacional para derribar a Maduro.

Pero, claro, el riesgo de un enfrentamiento civil es algo más que una hipótesis.

Y su repercusión negativa para Trump -junto con el deterioro cíclico de la economía norteamericana que ya es una realidad- exige cautela.

Trump preferiría una salida pactada con Maduro. De ahí que haya mantenido una conversación telefónica con él hace algunas semanas, de las cuales han surgido versiones contradictorias.

The Washington Post ha informado que Trump basa sus acciones en Venezuela en un memorándum clasificado de la Oficina de Asesoría Legal (OLC) del Departamento de Justicia. El argumento es que EEUU se encuentra en un “conflicto armado no internacional” con las llamadas organizaciones narcoterroristas.

Según esta teoría, los ataques se califican como parte de un conflicto armado en curso, en lugar de una nueva “guerra”, lo que en este último caso requeriría autorización del Congreso.

Si en efecto Trump acude a la solicitud golpista de María Corina Machado, ¿que pasará en España?

Hace meses que se está desarrollando una campaña mediática de la derecha española y venezolana que advierte de una presunta orden de detención del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero que estaría por llegar, basándose en declaraciones del ex jefe de inteligencia de Venezuela, Hugo Carvajal, extraditado desde España a EEUU.

Lo cierto es que esta es la nueva estrategia de Seguridad Nacional de Trump. Unos días después de difundirse la semana pasada el documento, Trump informaba que una unidad de guardacostas de EEUU había capturado un buque tanque de petróleo en la zona, en una farsa de operación con respaldo judicial.

La nueva estrategia de Trump oficializa la doctrina Monroe de 1823 como guía para actuar en América Latina. Si en el siglo XIX el adversario era Europa, al que se debía impedir poner un pie en el Hemisferio Sur, el patio trasero de EEUU, ahora se trata de mantener fuera a China.

Problema: China ya está. Y precisamente está con fuertes inversiones en Venezuela.

Trump cuenta con una base social y política en Venezuela. Es la que dirige María Corina Machado cuyo partido de oposición habría ganado las últimas elecciones -Maduro no ha hecho públicas las actas que probarían su pretendida victoria- y que ha respaldado los ataques contra los presuntos “narcoterroristas”. Y ha solicitado desde Oslo, este jueves 11 de diciembre, respaldo internacional para derribar a Maduro.

En España hace meses que se está desarrollando una campaña mediática de la derecha española y venezolana en la que se advierte sobre una presunta orden de detención del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero de las autoridades estadounidenses que estaría ”por llegar”, cuyo origen serían las declaraciones en un juicio que se sigue en Nueva York al ex jefe de inteligencia de Venezuela, Hugo Carvajal, extraditado desde España a EEUU.

Esta información carece de credibilidad.

Pero circula desde hace meses.

Madrid se ha convertido así en una base político-economica-mediática -propagandista del futuro asalto al gobierno venezolano, como lo fue Miami para la estrategia de EEUU contra la Cuba de Castro.

Y en función de los pasos que está dando Trump, lo será en mayor medida todavía ya que la campaña también se dirige contra el gobierno de Pedro Sánchez.

Información publicada en El Periódico.



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