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Economia

La otra cara de la migración: Cuánto aportan a la economía de América Latina

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Mientras el debate público se concentra en la crisis y el conflicto, un informe de Naciones Unidas muestra que la población migrante ya aporta miles de millones de dólares a las economías de países como Colombia, Perú, Chile, Brasil y Argentina.

Cuando se habla de migración en América Latina, el debate público suele quedar atrapado en la urgencia, como las fronteras, campamentos, presión sobre servicios y conflictos en el espacio público. Sin embargo, esa mirada incompleta deja fuera una dimensión clave y comprobada: las personas migrantes están aportando de manera concreta y sostenida a las economías de los países donde hoy viven y trabajan.

El último informe de Naciones Unidas sobre migración y desarrollo en la región es claro: lejos de ser solo un desafío social, la migración se ha convertido en un factor económico relevante para países receptores como Colombia, Perú, Chile, Ecuador, Brasil, Argentina y México. En todos ellos, la población migrante participa activamente del mercado laboral, del consumo interno y de la generación de valor.

Países de acogida, economías que se mueven

Colombia, principal país receptor de migración venezolana, es un ejemplo elocuente. Allí, la población migrante ha incrementado el tamaño de la fuerza laboral, impulsado sectores como comercio, servicios y construcción, y contribuido al crecimiento del PIB. La evidencia recogida por la ONU indica que la integración laboral de migrantes puede aportar varios puntos porcentuales adicionales al crecimiento económico en el mediano plazo.

Perú y Ecuador muestran una dinámica similar. En ambos países, la inserción de migrantes en actividades productivas ha permitido cubrir déficits de mano de obra, sostener economías locales y ampliar la base de consumidores. El impacto fiscal negativo, advierte el informe, suele ser menor al imaginado, mientras que el efecto económico indirecto es significativo.

En Chile, la población migrante —con fuerte presencia venezolana, peruana, haitiana y colombiana— aporta tanto en sectores de alta calificación como en servicios esenciales, dinamizando el consumo, pagando impuestos y sosteniendo áreas clave como salud, comercio, logística y cuidados. Una parte importante de este aporte ocurre aún en condiciones de informalidad, lo que revela un potencial económico mayor si se avanza en procesos de regularización.

Brasil y Argentina, por su escala y diversidad productiva, concentran también aportes relevantes. En Brasil, los migrantes participan activamente en agricultura, industria y servicios urbanos; en Argentina, sostienen economías regionales, comercio minorista y redes de trabajo independiente, especialmente en grandes áreas metropolitanas.

Más de 10 mil millones de dólares y un bono demográfico en marcha

Uno de los datos más contundentes del informe de Naciones Unidas es que la población migrante venezolana aporta más de 10 mil millones de dólares anuales a las economías de América Latina y el Caribe. La cifra incluye consumo, trabajo, impuestos indirectos y generación de actividad económica, desmontando la idea de que se trata de una población pasiva o dependiente del gasto público.

A ello se suma el impacto de las remesas, que fortalecen economías locales y nacionales, y el efecto demográfico: la mayoría de las personas migrantes se encuentra en edad laboral activa, lo que ayuda a sostener empleo, consumo y sistemas de protección social en países que comienzan a envejecer.

La evidencia es clara: Colombia, Perú, Chile, Ecuador, Brasil, Argentina y México ya reciben aportes económicos concretos de la migración. Reconocer esta otra cara del fenómeno no es un gesto ideológico, sino una decisión basada en datos, imprescindible para diseñar políticas públicas más realistas y eficaces.

Foto (cc) de Andrea Piacquadio

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