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Cuatro películas donde los personajes rompen la cuarta pared de manera perfecta

Miramos películas como si espiaramos un mundo ajeno. La pantalla funciona como un vidrio invisible: de este lado estamos nosotros, del otro los personajes, convencidos de que nadie los observa. La cámara acompaña, sigue, registra, pero no interviene. No existe… o eso creemos.
A veces, ese acuerdo se rompe: un personaje se da vuelta, sostiene la mirada y nos habla, nos incluye, nos hace cómplices. La película se adentra en el recurso de la cuarta pared, que se cae, y el cine recuerda que también puede jugar con quien mira.
Algunas películas usan ese gesto como un guiño; otras, como una advertencia. En todos los casos, el efecto es el mismo: ya no podemos refugiarnos en la comodidad del espectador invisible. Estos son cuatro fantásticos ejemplos.
Annie Hall (1977)
Annie Hall es considerada una de las mejores películas de Allen
Annie Hall es considerada una de las mejores películas de Allen
Foto: IMDB
Alvy Singer no cuenta su historia de amor: la comenta. Interrumpe escenas, corrige recuerdos y nos explica lo que siente mientras lo siente. La película avanza como una charla desordenada, hecha de pensamientos, dudas y contradicciones. Cuando miras Annie Hall te sientas frente a alguien que necesita hablar y que encuentra en el espectador a su mejor (y más paciente) confidente.
Funny Games (1997)
funny games fourth wall
Madman Entertainment
Uno de los ejemplos más tétricos del uso de la cuarta pared porque cuando uno de los personajes la rompe, el gesto es seco, casi desafiante. Es que en Funny Games, Michael Haneke juega a un juego particular: convierte al espectador en testigo activo de la violencia, cómplice de los protagonistas y sin escapatoria posible. No hay alivio, no hay distancia: la película señala y pregunta, en silencio, por qué seguimos mirando.
Deadpool (2016)
deadpool 1
20th Century Fox
Siguiendo la narrativa que hizo del personaje uno único en los cómics, la película de Deadpool no finge ignorar que está en el cine. Se burla del guion, del estudio, de sus compañeros y del propio género que habita. La ruptura de la cuarta pared es parte de su identidad y el motor de un humor que funciona porque sabe exactamente dónde está parado.
Alta fidelidad (2000)
alta fidelidad
Buena Vista Pictures
Rob Gordon es dueño de una disquería y atraviesa una nueva ruptura amorosa que lo obliga a repasar todas sus relaciones anteriores. Mientras ordena su vida en forma de listas y rankings, nos cuenta sus miedos, sus obsesiones musicales y su incapacidad para crecer. Al hablarnos directamente, la película transforma ese recorrido sentimental en una confesión íntima y generacional.










