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Obsession: Fecha de Estreno en España y Crítica

Nos hemos llevado una alegría al saber que Universal Pictures estrenará en cines españoles la magnífica Obsession dirigida por Curry Baker el próximo 29 de mayo tras su paso hace un par de meses por el Festival de Sitges.
Michael Johnston, Inde Navarrette y Cooper Tomlinson encabezan el reparto de la película en la que el anhelo romántico desesperado de un chico por su amor platónico de toda la vida desencadena un siniestro hechizo: Niki se vuelve irracionalmente obsesiva hasta convertirse en la sombra de Bear. Una fantasía aparentemente inofensiva que se convertirá en una perturbadora pesadilla.
OBSESSION: CRÍTICA DE LA PELÍCULA
Vivimos tiempos extraños, tiempos donde la validación artística ya no se hornea en las escuelas de cine ni se curte en los rodajes de guerrilla de la vieja escuela, sino que se cocina a golpe de algoritmo y viralidad. Que un YouTuber dé el salto a la gran pantalla suele ser motivo de arqueo de ceja y escepticismo preventivo, una reacción pavloviana ante la intrusión de “creadores de contenido” en el sagrado templo del séptimo arte. Sin embargo, Curry Barker no es un paracaidista cualquiera. Tras sacudir el avispero digital con “Milk & Serial”, ese fenómeno de bajo presupuesto que demostró que se puede narrar terror efectivo con dos duros y mucha mala leche, Barker llega a las ligas mayores (o al menos, a las medianas con esteroides) con “Obsession”. Y lo hace, para sorpresa de los puristas y deleite de los degenerados del género, sin diluir su esencia gamberra.
La premisa de la película no ganará premios por reinventar la rueda, pero sí por saber exactamente cómo hacerla rodar cuesta abajo y sin frenos hacia el desastre. Conocemos a Bear (Michael Johnston), el arquetipo de “buen chico” cinematográfico: un romántico empedernido, empleado de una tienda de música y, seamos claros, un pagafantas de manual que vive colgado de su amiga de la infancia, Nikki (Inde Navarrette). La dinámica es dolorosamente reconocible; él suspira por los rincones mientras ella lo mantiene en esa cómoda y castrante “friendzone”. Todo cambia cuando Bear, en un arrebato de desesperación mística, adquiere un artilugio sobrenatural llamado “One Wish Willow”. Su deseo es simple: que Nikki lo ame. Y como suele ocurrir en estas fábulas morales que huelen a azufre, el universo (o el guion) le da exactamente lo que pide, pero con una letra pequeña que ríete tú de las cláusulas bancarias.
Lo que sigue es una deconstrucción salvaje y sangrienta del tropo de la comedia romántica. Durante los primeros compases, “Obsession” juega a la incomodidad, a ese humor “cringe” que te hace retorcerte en la butaca. Ver a Nikki transformarse de amiga despreocupada a lapa humana es, de entrada, divertido. Barker maneja con soltura los tiempos de la comedia absurda, mostrándonos una dependencia emocional llevada al extremo paródico. Nikki no solo quiere estar con Bear; quiere ser Bear, respirar su aire, habitar su espacio vital hasta la asfixia. Es aquí donde la película brilla, satirizando esa idea tóxica del “amor verdadero” como una fusión total de identidades. Sin embargo, la risa se congela pronto en la garganta. La transición de lo patético a lo terrorífico se ejecuta con una fluidez que denota un pulso narrativo envidiable.
El peso de la función recae, indudablemente, en los hombros de Inde Navarrette. Si bien Johnston cumple eficazmente su rol de víctima superada por las circunstancias, es ella quien devora la pantalla. Su interpretación transita por una cuerda floja fascinante entre la dulzura empalagosa y la amenaza psicótica. Hay una mirada vacía, una sonrisa fija que hiela la sangre, recordando a las grandes villanas del thriller erótico de los noventa, pero pasadas por el filtro de la ansiedad generacional Z. Navarrette logra que sintamos miedo no solo por lo que hace (que es mucho y muy bestia), sino por la intensidad inhumana de su afecto. Es una “yandere” de carne y hueso, un monstruo nacido del deseo ajeno, lo que añade una capa de tragedia perversa al conjunto.
Y cuando digo que la cosa se pone fea, me refiero a fea de verdad. Barker no escatima en violencia. “Obsession” es una película sucia cuando toca y sorprendentemente gráfica. El gore no es un adorno estético, sino la consecuencia lógica de una obsesión que no entiende de límites físicos ni morales. Hay momentos de brutalidad física, de cuerpos que se rompen bajo la presión de un amor malentendido. No esperéis la elegancia sugerida de un thriller psicológico de A24; aquí hemos venido a mancharnos las manos. El director sabe que el terror funciona mejor cuando duele, y se asegura de que cada golpe, cada herida, tenga un peso específico en la trama.
Pero “Obsession” no es solo un ejercicio de estilo o una gamberrada sangrienta; bajo sus capas de humor negro y vísceras, late una crítica ácida a la cosificación de las relaciones. Al convertir a Nikki en una muñeca autómata de sus deseos, Bear se enfrenta al horror de tener control total sobre otra persona. La película nos escupe a la cara la realidad de que la idealización romántica, llevada a sus últimas consecuencias, es una forma de violencia. El protagonista aprende, a base de traumas, que la autonomía del otro es el ingrediente indispensable del amor, y que eliminarla solo deja un cascarón vacío y peligroso. Es una lección moral clásica, sí, la del viejo cuento de la pata de mono, pero actualizada para una era de relaciones líquidas y narcisismo digital.
Por R.Martín.







