En el inicio de las discusiones del salario mínimo en la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, la Organización Internacional del Trabajo presentó un estudio técnico que introduce con mayor precisión el concepto de salario mínimo vital y cuantifica la distancia existente entre ese nivel de ingreso y el salario mínimo legal vigente en Colombia.
El análisis, sustentado en estadísticas oficiales del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, plantea un marco de referencia para evaluar cuánto debería incrementarse el salario mínimo en 2026 si se busca aproximarlo a un ingreso que cubra las necesidades básicas de los hogares. Para Fabio Arias Giraldo, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia, CUT, el documento de la OIT confirma una posición sostenida de manera reiterada por los voceros sindicales en la mesa de concertación.
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La OIT define el salario vital como “el nivel salarial necesario para proporcionar un nivel de vida digno a los trabajadores y sus familias, teniendo en cuenta las circunstancias del país y calculado como contraprestación por el trabajo efectuado durante las horas normales de trabajo”.
Esta definición se encuentra alineada con los principios del Convenio 131 sobre la fijación de salarios mínimos, que establece que las políticas salariales deben considerar tanto las necesidades de los trabajadores como los factores económicos.
El concepto de salario vital no sustituye al salario mínimo legal, pero actúa como un referente analítico que permite medir si el ingreso laboral alcanza para cubrir un conjunto de necesidades consideradas esenciales.
Según la OIT, estas necesidades incluyen alimentación suficiente, vivienda con condiciones adecuadas, acceso a salud y educación, y otros gastos básicos como transporte y bienes de uso cotidiano.
Para operacionalizar este concepto en Colombia, la OIT utilizó información de la Encuesta Nacional de Presupuestos de los Hogares, que recoge datos detallados sobre ingresos y gastos de 87.201 hogares y 291.950 personas.
Aunque la última versión completa de esta encuesta corresponde a 2016-2017, el organismo ajustó los resultados hasta 2024 mediante índices de inflación desagregados por grupos de consumo, con el fin de reflejar el costo actualizado de la vida.
Mesa de negociación y concertación para el incremento del salario mínimo 2026. Foto:Mintrabajo
El estudio tomó como referencia un hogar promedio de cuatro personas, tamaño que corresponde al promedio nacional redondeado al entero más cercano. Para efectos del cálculo, se utilizó el concepto de adulto equivalente, que para este tipo de hogar se estimó en 3,26.
La OIT definió cuatro grandes componentes para estimar el costo de vida: alimentación; vivienda y servicios públicos; salud y educación; y otros gastos esenciales.
En el caso de la alimentación, la metodología identificó los patrones de consumo que permiten cumplir con un requerimiento calórico diario de 2.950 calorías por adulto equivalente, patrón que se observa con mayor claridad en el segundo quintil de gasto de los hogares.
En vivienda, el análisis incorporó variables como durabilidad de los materiales, espacio suficiente, acceso a agua y condiciones básicas de saneamiento. Para salud, educación y otros gastos, se aplicó una medida relativa basada en el gasto promedio del quintil de referencia, con el objetivo de reflejar prácticas reales de consumo observadas en la encuesta.
Con base en estos criterios, la OIT estimó que el costo mensual de la canasta básica para un hogar promedio de cuatro personas en Colombia ascendió a cerca de 3 millones de pesos en 2024. A partir de este valor y considerando que, en promedio, un hogar de este tamaño cuenta con 1,5 trabajadores, el salario vital bruto necesario se ubicó alrededor de 2 millones de pesos mensuales, cifra que incluye un 8 por ciento correspondiente a cotizaciones sociales.
Sobre este punto, Arias señaló que “el estudio demuestra que el salario mínimo en Colombia no es un salario vital”, y sostuvo que la diferencia entre el ingreso mínimo legal y el costo de vida “es el resultado de un rezago acumulado durante años de incrementos salariales que no tuvieron como referencia las necesidades reales de los hogares”.
Con respecto a otros países de Suramérica, Colombia no posee el salario mínimo más bajo. Foto:iStock
El ejercicio de la OIT permite cuantificar la brecha entre el salario mínimo legal vigente y el salario vital estimado. Ajustando el salario vital de 2024 únicamente por inflación, la OIT calculó que este ingreso debería situarse en 2.104.000 pesos en 2025. Frente al salario mínimo actual de 1.423.500 pesos, la diferencia es de 680.500 pesos, lo que equivale a una brecha cercana al 48 por ciento.
Esta estimación ofrece un punto de referencia para la discusión del salario mínimo de 2026. Si el objetivo fuera aproximar el salario mínimo legal al salario vital definido por la OIT, el incremento requerido estaría muy por encima de los ajustes habituales negociados en la Comisión de Concertación. El estudio no propone una cifra concreta de aumento, pero sí evidencia el tamaño del rezago acumulado entre el ingreso mínimo y el costo de vida de los hogares.
La OIT subraya que el salario vital no debe interpretarse como una meta automática de política pública, sino como un insumo para el diálogo social. El propio Convenio 131 establece que la fijación del salario mínimo debe equilibrar las necesidades de los trabajadores y sus familias con factores económicos como la productividad, la competitividad, el crecimiento económico y la conveniencia de mantener un alto nivel de empleo
El documento también advierte que las cifras presentadas corresponden a promedios nacionales y no capturan las diferencias regionales entre zonas urbanas y rurales ni entre sectores productivos. En sus consideraciones metodológicas, la OIT plantea que una segunda fase del análisis debería incluir estimaciones diferenciadas por territorio, con el fin de reflejar de manera más precisa las variaciones en el costo de vida y en los ingresos laborales.
En el marco de la negociación salarial, el estudio introduce una referencia cuantitativa sobre el ingreso necesario para cubrir necesidades básicas y permite dimensionar el ajuste que requeriría el salario mínimo si se buscara cerrar la brecha con el salario vital.
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