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Incertidumbre y resiliencia. Esas dos palabras fueron utilizadas por el Fondo Monetario Internacional para describir la marcha de la economía mundial en 2025, cuyo crecimiento acabó siendo aceptable cuando en algún momento se llegó a pensar que se iría por el despeñadero.
La primera expresión tiene que ver con los interrogantes causados por los vaivenes geopolíticos o por las decisiones adoptadas en Washington en materia comercial que alteraron como nunca en los últimos tres cuartos de siglo el orden vigente. La segunda describe la capacidad de aguante y adaptación de la mayoría de los países a un escenario cambiante.

Ahora la pregunta es si el año que viene volverá a suceder lo mismo. A fin de cuentas, las fuentes de desasosiego permanecen ahí y muestran tendencia a aumentar. Pero tampoco se puede ignorar lo sucedido tras la pandemia, cuando a pesar de grandes amenazas el planeta siguió su marcha y los profetas del desastre global se equivocaron en sus predicciones.
Ese es el motivo por el cual los números que mencionan los analistas no difieren mucho de los ya observados: una expansión del producto interno bruto mundial cercana al 3 por ciento anual en 2026 y una inflación relativamente constante. Pero detrás de esa aparente estabilidad hay vientos cruzados y peligros que no se pueden ignorar y que comprometen a todas las latitudes. Debido a ello, no hay de otra que mantener la guardia en alto, una advertencia que también se extiende a Colombia, donde tampoco faltarán los sobresaltos.
La bola de cristal
Sin duda el elemento que más respalda el planteamiento de que las cosas seguirán más o menos iguales es la previsión de cotizaciones a la baja en los bienes primarios, comenzando por los insumos energéticos. El caso más extremo apunta a ser el del petróleo, que hoy se encuentra un 15 por ciento por debajo de los niveles de hace 12 meses y que debería caer más. El motivo no es otro que un alza en la oferta de los hidrocarburos que superará el ritmo de la demanda. Por ejemplo, una agencia del Gobierno estadounidense habla de un crudo que se ubicará en 55 dólares por barril el próximo trimestre –7 dólares por debajo del registro del viernes– y se mantendrá en un punto cercano a lo largo del calendario.
Petróleo. Foto:EFE
Aparte del aumento esperado en la producción de Guyana, Brasil y Argentina, aparece la posibilidad de que se firme al menos una tregua en Ucrania que le permitiría a Rusia volver a exportar sin restricciones, para no hablar de elucubraciones respecto a Venezuela. Incluso hay quienes piensan que viene una descolgada significativa, pues cada cual tratará de defender su cuota de mercado.
Tampoco se anticipan grandes sobresaltos en lo que atañe al gas natural, pues la extracción sigue al alza y hay más disponibilidad de plantas de licuefacción. Estados Unidos debería incrementar sus despachos, al igual que el Medio Oriente y Suramérica.
Todo lo anterior influye sobre muchos productos básicos, pues los costos de transporte se moderarán, al igual que el de los fertilizantes. El Banco Mundial asegura que no se ven sobresaltos sustanciales en este frente, por lo cual el precio de cereales y carnes, entre otros, debería moderarse.

Semejante perspectiva es una buena noticia para los países que son importadores netos de hidrocarburos y comida. Incluso en aquellos lugares, como Estados Unidos, donde pesa el efecto de los mayores aranceles, lo uno ayudaría a compensar lo otro, algo que explica el esfuerzo de Donald Trump para garantizar que aumente el suministro de petróleo y gas.
Si lo anterior se traduce en una inflación reducida, habrá más espacio para que las autoridades monetarias reduzcan las tasas de interés. Un crédito más barato es clave para impulsar un círculo virtuoso que impulse tanto el consumo como la inversión y mantenga bajo el desempleo, algo que eventualmente traerá réditos políticos, como los que buscan los republicanos en Washington.
El factor geopolítico
Sin embargo, dicha visión del futuro cercano desconoce los peligros que son múltiples. En el terreno de la geopolítica, por ejemplo, las tensiones están a la orden del día hasta el punto de que hay quienes sostienen que vendrán más guerras y enfrentamientos.
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela Foto:EFE
Comenzando por lo más cercano, nadie sabe cuál será el desenlace de la notoria presencia de tropas estadounidenses en el Caribe. Aparte de las amenazas en contra del régimen de Nicolás Maduro y la advertencia de que sus horas están contadas, aparecen los dardos contra Gustavo Petro junto con la promesa de que habrá ataques en contra de los lugares donde existen laboratorios para producir drogas ilegales.
Pasando a otros continentes, el panorama tampoco es alentador. En Asia, China tiene a Taiwán en la mira y ahora se ha distanciado de Japón. A su vez, en Europa, Vladimir Putin mantiene su ofensiva y podría doblegar a una Ucrania debilitada. La situación en Israel no mejora, mientras Irán aumenta su inventario de misiles. Y en África, la tragedia humanitaria en Sudán se suma a los conflictos en Etiopía o el Congo.
Cualquiera de esos puntos de conflicto podría desembocar en un escalamiento con la intervención abierta de las principales potencias. Un cambio súbito en el clima de seguridad afectaría no solo las rutas del comercio global, sino la oferta y las cotizaciones de bienes clave, con repercusiones económicas inmediatas.

Dos temores
Y hay otros peligros en la lista. El Fondo Monetario Internacional ha subrayado que los niveles de deuda están aumentando en forma acelerada en los 59 países que representan el 80 por ciento del producto interno bruto global. Ello aumenta la eventualidad de impagos y traería reacciones en cadena que desembocarían en una recesión.
De otro lado, hay un evidente nerviosismo respecto a una burbuja en los mercados de valores por cuenta de las expectativas en torno a la inteligencia artificial (IA). Sin desconocer que el advenimiento de esta tecnología desató inversiones multimillonarias en centros de datos y plantas de energía que apuntalaron el crecimiento reciente, no es nada claro cómo se van a recuperar esos dineros.
Nadie pone en duda que el público utiliza cada vez más la herramienta. Lo que está por verse es que pague por ella cantidades que deberían llegar a varios cientos de dólares el año para mantener las valoraciones récord a las que han llegado numerosas firmas.
Economía Foto:iStock
De lo contrario, podría haber una destorcida inmensa. Académicos como Gita Gopinath han dicho que un descenso abrupto en el precio de las acciones podría borrar hasta 30 billones de dólares (trillones, en inglés) de las principales plazas bursátiles, golpeando a millones de ahorradores e inversionistas institucionales.
Ello explica la volatilidad que han sentido títulos como el de la multinacional Oracle, tras un reporte de prensa. Según el diario ‘Financial Times’, el despegue de la IA aumentó en 500.000 millones de dólares el patrimonio de un puñado de billonarios como Elon Musk, pero números así pueden no ser sostenibles en el tiempo. “Esto es todo producto de la especulación”, le dijo al matutino Jason Furman, profesor de la Universidad de Harvard. Así las cosas, solo porque al observar superficialmente la economía mundial el agua parece tranquila, sería un error concluir que 2026 estará exento de tormentas. Una vez más, la incertidumbre seguirá presente. Lo que está por verse es si la resiliencia también.
Por aquí no escampa
Dicha evaluación también es válida en lo que corresponde a Colombia. Aquí, al igual que en otras latitudes, los resultados relativos al crecimiento económico superaron los pronósticos iniciales.
Economía colombiana Foto:iStock
Aunque falta un buen tiempo antes de que el Dane emita su veredicto, todo apunta a que 2025 cerrará relativamente bien. La confianza del consumidor ha repuntado, al igual que las ventas del comercio y las utilidades de sectores como el financiero. En cuanto a los pronósticos, la Dirección de Investigaciones Económicas de Bancolombia se inclina por una expansión de 3,2 por ciento el año que viene, por encima del 2,9 por ciento calculado para el actual.
Sobre el papel, la demanda interna seguirá siendo un motor clave, apuntalada por un comportamiento expansivo del gasto público. Al mismo tiempo, la inversión, que ya ha comenzado a mostrar retoños verdes, ganaría en dinamismo ayudada por una tasa de cambio que se mantendría en niveles moderados.
No obstante, hay nubarrones en el horizonte. Así sucede con la emergencia decretada por el Gobierno, que altera de manera importante las condiciones existentes. Aparte de la discusión relacionada con la constitucionalidad de las decisiones emitidas, hasta tanto la Corte no se pronuncie más de una decisión importante –ya sea de compra de un bien o de una maquinaria– acabará posponiéndose.

También hay que tener en cuenta que la conocida “cuesta de enero” apunta a ser más empinada, tanto por la mayor carga tributaria como por el alza en el salario mínimo. Si controlar la inflación ya había sido difícil, ahora el desafío para el Banco de la República será mayor y más con un presidente de la República cuyos pronunciamientos respecto al Emisor son cada vez más agresivos.
Déficit, deuda y elecciones
Para colmo de males, el escenario fiscal y de sostenibilidad de la deuda muestra señales de ser todavía peor de lo que se creía apenas unas semanas atrás. Aparte de que, con o sin emergencia, el saldo en rojo en las finanzas públicas se encamina a ser el más alto en más de un siglo, la reciente venta de bonos de tesorería (TES) a un inversionista foráneo abre una puerta que puede llevar a consecuencias indeseables, sobre todo si otros tenedores de títulos públicos deciden liquidar posiciones para curarse en salud.
Como si lo anterior fuera poco, las elecciones se encuentran a la vuelta de la esquina. Las encuestas disponibles muestran a dos candidatos que representan los puntos extremos del espectro ideológico encabezando las preferencias de los ciudadanos, lo cual dispara la sensación de incertidumbre. Si bien no faltan los llamados a la calma con el argumento de que el nutrido grupo de aspirantes al primer cargo de la nación se decantará, el nerviosismo entre quienes se inclinan por la moderación persiste.
Elecciones en Colombia. Foto:Archivo EL TIEMPO
Además, cualquiera sea el nombre del triunfador en los comicios de mediados del año, nadie pone en duda de que el gobierno que llega recibirá una herencia poco deseable. Aparte de comenzar a poner la casa en orden, deberá enfrentar el deterioro en el clima de seguridad y tensiones sociales considerables, entre otros desafíos mayúsculos.
Cómo evitar que el crecimiento económico se vea golpeado, justo cuando los principales renglones de exportación sufrirán por cuenta de las menores cotizaciones internacionales y las tensiones internas suben, es algo imposible de responder ahora. Por el momento, solo queda pensar con el deseo y aplicar esa máxima, tan válida en la vida como en los negocios: esperar lo mejor y prepararse para lo peor.
RICARDO ÁVILA
En X: @ravilapinto
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