Colombia
Comprar carne o leche saldría más caro con el aumento del salario mínimo de 2026: “El IPC se va a ir comiendo esa proporción”

Las familias en Colombia anticipan un aumento significativo en el costo de la carne de res y la leche para 2026, resultado directo de la implementación del nuevo salario vital. Esta remuneración, que reemplaza el salario mínimo tradicional, se ha establecido en $2.000.000 (incluyendo el auxilio de transporte), según anunció el presidente Gustavo Petro en su discurso de fin de año. El mandatario describió el aumento como “un paso histórico”, subrayando su impacto en el poder adquisitivo familiar.
“El salario vital con auxilio de transporte, de 2026, será el mínimo en Colombia, fijado en $2.000.000, con auxilio de transporte. Esto implica un incremento promedio del 23,78%”, destacó el presidente.
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Sin el auxilio de transporte, el salario vital familiar se elevará a $1.746.882, representando un aumento del 22,7% en comparación al año anterior. Petro indicó que, considerando la inflación de los precios de la canasta familiar, el incremento real será de 18,7%. El concepto de salario vital, aclaró, se enfoca en el ingreso familiar y no es individual, dado que los trabajadores suelen vivir con sus familias. Aunque mencionado en la Constitución, este enfoque no se había aplicado en Colombia en 34 años.
El ajuste salarial, por supuesto, genera inquietudes en el sector alimentario debido a su repercusión en los precios de bienes básicos. En este sentido, Infobae Colombia consultó a Óscar Cubillos, jefe de Planeación y Estudios Económicos de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), quien advirtió que el “precio de la carne de res subió un 9,2% entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025”.
Cubillos explicó que el aumento de ingresos en los hogares que dependen del salario vital impulsará rápidamente el consumo de carne, lo que puede desencadenar un ciclo inflacionario en torno a este producto.
En años anteriores, muchas familias redujeron su consumo de carne de res debido a los altos precios, particularmente durante los años de alta inflación en 2021, 2022 y 2023. Sin embargo, en 2025 se observó una leve recuperación, ya que el índice de sacrificio de animales se acercó al 8%. Cubillos añadió que el “aumento en el consumo de carne de res puede mantener un impulso significativo, pero los precios también se verán afectados por este mayor consumo”.
En cuanto a la leche y sus derivados, indicó que el incremento se aproximará al 4%. Esta cifra se debe a que la recuperación de la demanda es más lenta tras la crisis lechera de los últimos años, y el consumo en el sector lácteo se reactiva ahora que los precios han bajado después de un periodo prolongado con valores altos entre 2021 y 2023.
La inflación general se encuentra entre el 4% y el 5%, sin embargo, el aumento en el precio de la carne de res supera esta media y augura presiones inflacionarias duraderas en el sector alimentario. El experto afirmó que “proporcionalmente, si este año tuvimos un aumento del 23%, como mínimo, podríamos esperar un 13% o 14% de inflación”.
Se observó que las tasas previstas alcanzan niveles récord en la última década, superando las metas oficiales del Banco de la República (3%).
El aumento del salario vital también repercute en todos los eslabones de la cadena de producción de carne y leche. Cubillos explicó que cada etapa —producción, transporte, subastas, sacrificio, distribución y comercialización— enfrenta costos laborales más altos debido a la nueva referencia salarial. Además, tasas y aportes, como las tasas de degüello departamentales, la cuota de fomento ganadero y recursos para el Fondo Nacional del Ganado, están indexados al salario vital, lo que incrementa el precio final.
Asimismo, la competitividad interna se ve amenazada por el avance del mercado clandestino y la informalidad. Cubillos indicó que el mercado informal, al evadir las obligaciones legales y fiscales, ofrece productos más accesibles para los consumidores, lo que agrava la evasión y coloca al sector ganadero formal en desventaja.
El encarecimiento de insumos y servicios relacionados con el salario vital, como combustible, peajes y energía, influye en los precios de los productos alimenticios. Este incremento puede afectar el empleo, la modernización de procesos y la organización de las plantillas, especialmente en el sector agropecuario y rural, donde la informalidad laboral es más prevalente.
Para quienes reciben el salario vital, el efecto inmediato podría ser una aparente mayor capacidad de compra. No obstante, Cubillos advirtió que “actualmente se percibe un aumento del 25% en el salario, pero el IPC consumirá mensualmente esa proporción”.
A mediano plazo, la presión inflacionaria y el constante aumento de precios pueden neutralizar los beneficios iniciales, afectando incluso a los hogares cuyos ingresos no se ajusten al salario vital.
Las diferencias distributivas surgen porque aquellos que no reciben ajustes proporcionales al salario vital, como empleados con ingresos mayores, tendrán que “hacer cambios o ajustes en su consumo” frente al aumento de precios y servicios relacionados con el nuevo indicador. Esto implica que la redistribución no lineal de ingresos crea nuevas brechas en la capacidad de consumo entre distintos grupos.
En cuanto a las propuestas de solución, el jefe de Planeación y Estudios Económicos de Fedegán fue contundente. Afirmó que “implementar controles de precios es un gran error, ya lo he vivido, como en Venezuela, y mira lo que ocurrió”. Insistió en que tales medidas solo agravarían el acceso a alimentos básicos, generando distorsiones en la oferta y en la calidad de los productos.
Asimismo, el aumento salarial impacta el comercio exterior. Cubillos explicó que solo un incremento significativo del precio internacional de la carne podría compensar el aumento del 23% en la mano de obra y la caída de la tasa de cambio a niveles de $3.780, lejos de los picos de años anteriores. “Será muy difícil, con estos costos laborales, continuar las exportaciones a menos que el precio internacional de la carne suba lo suficiente para cubrir esos costos laborales y las caídas en la tasa de cambio”, advirtió.
Además, la presión sobre la producción local podría inducir a la importación de bienes sustitutos como pollo, huevo, productos porcinos y maíz, lo que podría desestabilizar el mercado local y perjudicar el crecimiento del sector cárnico tradicional.
El experto advirtió sobre el riesgo de que la llegada de estos productos afecte la sostenibilidad del mercado colombiano.







