Economia
La deuda va tres veces más rápido que la economía y enciende más alarmas fiscales

La velocidad a la que está creciendo la deuda pública de Colombia ya encendió varias luces rojas. No solo porque supera ampliamente el ritmo de la inflación y del crecimiento económico, sino porque, según advierte Henry Amorocho Moreno, consultor y docente de la Universidad del Rosario en temas de Hacienda Pública y tributación, el país se está endeudando cada vez más para cubrir obligaciones del pasado y no para financiar inversión productiva.
En entrevista con El Tiempo, el catedrático explica que Colombia ya se mueve en un umbral cercano a la insostenibilidad fiscal: deuda en aumento, gasto público concentrado en funcionamiento, menor inversión y un margen cada vez más estrecho para que la política monetaria ayude a reactivar la economía.
LEA TAMBIÉN
¿Qué lectura hace sobre la velocidad a la que está creciendo la deuda pública del país?
La deuda total de Colombia (pública y privada) ya alcanza los 239.154 millones de dólares, equivalentes al 54,9 por ciento del producto interno bruto (PIB), un nivel que empieza a ser preocupante. En particular, la deuda externa pública creció 9,23 por ciento interanual entre octubre de 2024 y octubre de 2025, muy por encima de la inflación del período, lo que implica un crecimiento real cercano al 4,1 por ciento.
Si se mira solo la deuda pública externa, el aumento fue aún mayor: pasó de 131.667 millones a 145.430 millones de dólares, un crecimiento del 10,45 por ciento. Esto significa que la deuda está creciendo más del doble del índice de precios al consumidor (IPC) y más de tres veces el crecimiento económico, que ronda el 2,8por ciento. En términos simples, nos estamos endeudando mucho más rápido de lo que crece la economía.
Henry Amorocho, consultor y docente de la U. del Rosario en temas de Hacienda Pública y tributación. Foto:Henry Amorocho Moreno
¿Qué consecuencias puede traer esa situación?
El problema de fondo es el uso de ese endeudamiento. Hoy no nos estamos endeudando para crecer, sino para pagar deuda previa y cubrir gasto corriente. El gasto de funcionamiento crece por encima del 23 por ciento, mientras que la inversión apenas lo hace alrededor del 9 por ciento. Eso genera un bache fiscal serio, porque sin inversión no hay crecimiento sostenible.
A esto se suma que el Gobierno se endeudó recientemente en montos similares a los de la pandemia, pero a tasas mucho más altas. Mientras en 2020 el financiamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) se hizo con tasas entre 1 y 3 por ciento, hoy las emisiones externas rondan el 6 por ciento. Además, al endeudarse en dólares, estos recursos deben monetizarse, lo que presiona la tasa de cambio y encarece el servicio de la deuda.
Solo entre diciembre y enero se han utilizado 9.000 millones de dólares del cupo aprobado, es decir, más del 20 por ciento en apenas dos meses, en un período en el que no hay nuevo gasto público. Eso indica claramente que el endeudamiento se está usando para cubrir rezagos, déficit fiscal y problemas de caja, no para financiar nuevas políticas de desarrollo.
Gobierno se endeudó en montos similares a los de la pandemia, pero a tasas mucho más altas. Foto:Getty Images
¿Cuáles son las principales consecuencias macroeconómicas de que la deuda esté aumentando a este ritmo?
La primera se ve en la tasa de cambio. La entrada de dólares por endeudamiento externo contribuyó a la reciente apreciación del peso, que llevó la cotización del dólar por debajo de los 3.700 pesos. Aunque hay otros factores —como remesas e inversión financiera—, la emisión de deuda externa fue clave en ese movimiento.
La segunda es más estructural: la inversión no despega. La deuda que entra se destina a pagar obligaciones fiscales pasadas y no a impulsar proyectos productivos. De hecho, la inversión privada ha caído del 22 al 17 por ciento del PIB, y la inversión pública tampoco muestra una recuperación sólida. Sin inversión, el crecimiento seguirá estancado.
La entrada de dólares por endeudamiento externo contribuyó a la reciente apreciación del peso. Foto:iStock
En materia de precios, seguir impulsando el consumo sin aumentar la producción termina presionando la inflación. Esto, sumado a choques como el aumento del salario mínimo, dificulta el panorama para el control inflacionario.
Finalmente, este escenario le complica el trabajo al Banco de la República. Con un endeudamiento acelerado y presiones inflacionarias, será muy difícil bajar la tasa de intervención. Incluso, no se puede descartar un aumento adicional, lo que mantendría el costo del crédito alto y limitaría aún más el crecimiento económico.
LEA TAMBIÉN

¿Qué tan cerca está hoy Colombia de un nivel de endeudamiento riesgoso e insostenible?
Colombia ya está en el límite. Con una deuda cercana al 55 por ciento del PIB y aún 31.000 millones de dólares disponibles en cupos de endeudamiento, el riesgo es alto. Esto exige decisiones de fondo y no medidas improvisadas.
El país necesita una reforma tributaria estructural, enfocada no en subir tarifas, sino en ampliar la base de contribuyentes, formalizar la economía y hacer nuevamente atractiva la inversión. Impuestos sensibles como el patrimonio deberían mantenerse estables.
Además, se requiere un ajuste serio del gasto, del orden de 40 billones de pesos, para recuperar credibilidad fiscal. El principal reto de 2026 y 2027 será corregir el rumbo fiscal antes de que la deuda se vuelva inmanejable.
El país necesita una reforma tributaria estructural, no enfocada en subir tarifas. Foto:Archivo particular
¿Cuánto tiempo podría tardar el país en volver a niveles de deuda compatibles con la regla fiscal?
Si se retoma la disciplina fiscal, se elimina la cláusula de escape y se avanza en una reforma estructural por el lado del ingreso y del gasto, Colombia podría empezar a normalizar su situación entre 2026 y 2028.
El objetivo debe ser volver a una senda de sostenibilidad que favorezca la inversión, eleve la productividad y permita que el crecimiento económico sea la principal palanca para mejorar las finanzas públicas. Sin ese ajuste integral, el riesgo fiscal seguirá creciendo.







