Economia
No es solo futbol. El Mundial 2026 y la urgencia de reactivar la inversión

Desde la perspectiva empresarial, el mensaje ha sido ambiguo. México sigue siendo atractivo por su mercado interno, su ubicación geográfica y su talento. Sin embargo, también enfrenta señales contradictorias que obligan a las empresas a operar con cautela. Cuando invertir se percibe como una apuesta y no como una decisión racional, el capital se vuelve conservador. No huye, pero tampoco se arriesga.
No, no estoy sugiriendo que neguemos los beneficios del Mundial ni que minimicemos su impacto; sugiero que entendamos su verdadera dimensión. El torneo puede ser un acelerador, pero no un sustituto de política económica. Puede amplificar lo que ya existe, pero no crear lo que falta. Si el país deja pasar el 2026 sin una base sólida de inversión, el rebote será breve y el regreso a la realidad, abrupto.
Hagamos el compromiso de aprovechar este momento para algo más ambicioso, que recibir turistas y vender camisetas. Creo que México debería utilizar la atención global como una plataforma para enviar una señal clara a los mercados: “aquí se puede invertir con reglas estables, visión de largo plazo y compromiso institucional”. Y esa señal no se construye con discursos, sino con decisiones consistentes.
El problema del limbo de la inversión no es técnico; es emocional y político. Es la sensación de que el rumbo puede cambiar sin aviso, de que las reglas no siempre son previsibles, de que el largo plazo compite constantemente con la urgencia del corto. Mientras esa percepción persista, el capital seguirá esperando.







