Colombia
El euro se fortalece en Colombia en medio de la incertidumbre global, así estuvo el mercado cambiario el 23 de enero

El precio del euro en Colombia finalizó la jornada del 23 de enero de 2026 con un promedio de $4.277,24, resultando en un incremento de 17,59 respecto al día anterior, equivalente a una variación diaria de -0,41%. Durante la sesión, la divisa llegó a un máximo de $4.310,57 y a un mínimo de $4.223,03, reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.
Aunque no se alcanzaron máximos históricos, el aumento en su valor se debe a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, así como elementos locales que afectan la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.
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En la última semana, el euro ha mostrado un incremento del 0,22%; sin embargo, en términos interanuales aún presenta una disminución del 2,97%.
En comparación con días previos, se han registrado dos sesiones consecutivas de cifras positivas. En los últimos siete días, la volatilidad fue menor a la acumulada en el último año, presentándose como un activo con menos variaciones de lo previsto.
El comportamiento reciente del euro se ha convertido en un punto focal para los mercados globales, en un contexto donde la economía europea avanza de manera desigual, obligando a los inversionistas a analizar con mayor precisión entre países y sectores. Aunque el PMI compuesto de la eurozona se mantuvo apenas por encima del umbral de expansión, en 51,5 puntos, la pérdida de dinamismo en los servicios, alcanzando mínimos de cuatro meses, ha moderado el optimismo en torno a la moneda común. Esta debilidad contrasta con el desempeño de Alemania, donde el crecimiento del sector privado y la mejora en la confianza empresarial, en niveles no vistos desde 2022, brindan cierto apoyo al euro frente a otras divisas desarrolladas.
Sin embargo, el panorama europeo sigue sendo heterogéneo. Francia continúa mostrando signos de contracción, especialmente debido a la incertidumbre fiscal y presupuestaria, un factor que introduce ruido político y limita la capacidad del euro para consolidar una tendencia más firme. Además, en un entorno internacional donde Estados Unidos, a pesar de aumentar su previsión de crecimiento económico, mantiene dudas estructurales sobre su sostenibilidad fiscal, la presión inmediata sobre el euro disminuye, aunque no se eliminan los riesgos de volatilidad cruzada en los mercados cambiarios.
A pesar de que el Reino Unido está fuera de la eurozona, su situación impacta indirectamente la narrativa europea. Su recuperación económica, reflejada en un PMI compuesto cercano a 54 puntos y en la recuperación del sector manufacturero, ha fortalecido la libra y reconfigurado flujos regionales. No obstante, la persistencia de una inflación elevada y el crecimiento salarial han enfriado las expectativas de recortes de tasas por parte del Banco de Inglaterra, un escenario que introduce relativa competencia para el euro dentro del bloque europeo ampliado.
En Asia, los movimientos estratégicos de China y Japón también impactan en la percepción global del riesgo. La decisión del Banco Popular de China de permitir un fortalecimiento del yuan por debajo de la barrera psicológica de 7 unidades por dólar, respaldada por un superávit comercial récord y una inyección significativa de liquidez, ha reducido las presiones deflacionarias, aunque persisten dudas sobre el sector inmobiliario. Japón, por otro lado, mantiene una postura monetaria restrictiva, con tasas en máximos de varias décadas, lo que refuerza la estabilidad del yen, aunque su entorno político añade un componente de incertidumbre fiscal.
Este entorno internacional tiene implicaciones directas para el peso colombiano. La moneda local sigue mostrando una alta sensibilidad al apetito global por riesgo y a los flujos regionales, en lugar de a cambios repentinos en la narrativa externa. En América Latina, la desaceleración del nearshoring en México y las inquietudes fiscales en Brasil han causado un reacomodamiento de capitales que, en el caso colombiano, se combina con factores internos significativos.
En Colombia, el aumento del salario mínimo en un 23% ejerce presiones estructurales sobre sectores con alta necesidad de mano de obra, lo que puede impactar márgenes empresariales y expectativas de inflación. Adicionalmente, la crisis de liquidez en el sistema de salud, con deudas acumuladas que superan COP$6,4 billones, es un riesgo fiscal que los mercados no pasan por alto. La reciente baja en el precio de la gasolina brinda un alivio parcial al consumidor, aunque no compensa completamente los desafíos macroeconómicos.







