Colombia
Max Henríquez afirmó que Colombia podría experimentar un nuevo fenómeno de El Niño en el segundo semestre de 2026

En los últimos 11 años, Bogotá ha experimentado un aumento constante en el total de lluvias anuales, una tendencia que, aunque es alentadora para las autoridades del agua, presenta retos para la infraestructura urbana ante lluvias intensas y desbordamientos más frecuentes.
Esto fue detallado por el meteorólogo Max Henríquez en una entrevista con Infobae Colombia, basándose en un análisis gráfico que examina la evolución de las precipitaciones entre 2015 y 2025, utilizando datos del Ideam.
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Desde su perspectiva, aunque esta tendencia es positiva a corto y medio plazo, no asegura un suministro estable del recurso debido a presiones como el crecimiento desordenado de la urbe y la deforestación amazónica, factores que afectan las masas de humedad que llegan a la ciudad.
El experto enfatizó que estos gráficos no deben considerarse como pronósticos inmediatos, sino como una evaluación de tendencias que deben interpretarse con precaución.
“No podemos afirmar sin más que en 2026 habrá muchas lluvias, solo basándonos en estos gráficos de tendencias. Para hacer previsiones para 2026, necesitamos considerar las proyecciones del comportamiento del océano Pacífico; este estará en condiciones neutras en el primer semestre y podría ser deficitario en el segundo, si se produce el fenómeno de El Niño. Esto se confirmará en los próximos meses”, aclaró Henríquez a Infobae Colombia.
De esta forma, señaló que el comportamiento de las lluvias en Bogotá debe ser analizado a partir de un contexto más amplio que incluya tanto variables locales como la evolución de fenómenos climáticos globales.
De acuerdo con los datos analizados por Henríquez del Ideam, el periodo observado se puede clasificar en tres categorias: años de déficit, años normales y años de exceso de lluvias:
- En 2015, se registraron 618,6 mm de precipitación, por debajo del promedio anual de 842 mm.
- Los años 2016, 2017, 2018, 2020, 2023 y 2024 presentaron precipitaciones dentro de los rangos normales, variando entre 721,3 mm y 977,4 mm.
- Los años 2019, 2021, 2022 y la proyección para 2025 muestran un exceso de lluvias, con montos entre 1.021,8 mm y 1.277 mm.
A pesar de la notable variabilidad interanual, predominan los años con niveles normales o superiores a la media, sugiriendo una intensificación de los eventos de lluvia extrema en la ciudad, según la evaluación.
La tendencia positiva para los meses de abril y octubre —períodos históricamente lluviosos en la capital— proporciona cierto alivio en la gestión del agua. Sin embargo, Henríquez advirtió que “el problema del agua en Bogotá se debe a la falta de aumento en la oferta, frente a una demanda creciente, y no a cómo se comporta el clima”.
Las lluvias que proveen a la ciudad vienen de masas de aire húmedo arrastradas por los vientos alisios desde la Amazonía, pero el avance de la deforestación es una amenaza para la estabilidad de ese flujo de humedad en el futuro.
En cuanto a la posibilidad de un fenómeno La Niña este año, Henríquez indicó que los modelos numéricos de institucione internacionales como el CPC de la Noaa, el Instituto IRI y el Bureau de Meteorología de Australia pronostican un primer semestre con temperaturas superficiales del océano Pacífico en condiciones neutras.
También advirtió que las proyecciones sugieren un posible inicio de El Niño en el segundo semestre de 2026, pero subraya que esta es “una noticia en desarrollo” que debe ser confirmada en los próximos meses.
“Las predicciones de modelos numéricos de centros especializados (CPC de la Noaa, Instituto IRI, El Bureau de Meteorología de Australia) sugieren que durante el primer semestre no habrá Niño ni Niña, sino un estado neutral en las temperaturas superficiales del océano Pacífico. Pero también indican que podría comenzar un Niño en el segundo semestre de 2026. Es una noticia que está en desarrollo y se debe comunicar sin exageraciones. Veremos en este primer semestre cómo se desarrolla”, afirmó Henríquez.
El análisis de tendencias coincide al señalar que el incremento de lluvias pronosticadas para marzo y octubre se encuentra dentro de las normativas climáticas esperadas en la ciudad. Según el reconocido meteorólogo, estas oscilaciones pueden alterarse, especialmente durante un evento de El Niño, ya que tienden a reducirse significativamente los niveles de precipitación en Bogotá.
Henríquez instó a la comunidad y a las autoridades a no depender únicamente del comportamiento estadístico reciente, reafirmando que la gestión del agua en la ciudad debe tener en cuenta tanto la variabilidad climática como la presión que el crecimiento urbano ejerce sobre la disponibilidad del recurso.







