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Treinta años después de su llegada a Colombia, la multinacional Mastercard no habla de aniversario como un simple hito corporativo. Habla de transformación. De haber acompañado al país en el salto desde una economía dominada por el efectivo hacia un ecosistema de pagos cada vez más digital, interoperable y seguro. “No solo hemos estado presentes: hemos ayudado a transformar el mercado financiero y a generar inclusión financiera y social”, resume Federico Martínez, presidente de la compañía en Colombia al iniciar una conversación con la que recorrió esas tres décadas de presencia en el país.
La compañía abrió su primera oficina en Bogotá en 1995, cuando hablar de comercio electrónico era casi ciencia ficción y el plástico aún competía con la libreta de ahorros. Desde entonces, el recorrido ha sido paralelo al del país: crisis, reinvenciones, avances tecnológicos y una aceleración sin precedentes tras la pandemia del covid-19.
Hoy, ese camino se refleja en la consolidación de la tarjeta débito como herramienta cotidiana y en una agenda que apunta a que pagar sea “algo que no se piense”, sino que fluya con seguridad y beneficios.
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Martínez insiste en una idea que atraviesa toda la charla: el verdadero salto no es tecnológico, es de uso. “La inclusión financiera no es solo abrir cuentas; es que la gente use de manera regular los servicios financieros”, dice. En su lectura, tener una huella digital —un footprint— permite a los usuarios acceder a mejores productos, reducir riesgos y construir historial para el futuro. “Eso cambia la forma en que se da crédito y cómo se personalizan los servicios”, agrega.
Ese enfoque explica por qué Mastercard ha puesto el foco en comunicar beneficios antes que especificaciones. “No es contar qué tecnología es, sino para qué sirve. El consumidor entiende mejor cuando ve que pagar así le da seguridad, control y soluciones si algo sale mal”, afirma. Servicios como protección de compras, contracargos y asistencia global 24/7 dejan de ser jerga técnica para convertirse en tranquilidad concreta.
Federico Martínez – presidente Mastercard Colombia Foto:Mastercard
Pandemia: el acelerador
Si hubo un punto de quiebre fue la pandemia. El cierre físico de comercios y el temor al contagio empujaron una migración sin recedentes: de Maestro a Mastercard Débito, del pago presente al digital, del efectivo al contactless. “El sin contacto se volvió clave: no entregar la tarjeta, no tocar el datáfono. Eso nos permitió mostrar un beneficio inmediato”, recuerda el vocero.
La migración no solo amplió los usos del débito —compras online, aplicaciones, billeteras digitales—, también elevó los estándares de seguridad. Chip EMV, tokenización y autenticación pasaron de ser diferenciales a requisitos básicos. El resultado: más confianza para pagar y menos fricción para comprar.
Habrá quienes paguen casi todo con celular, pero la tarjeta seguirá siendo un respaldo: Mastercard. Foto:Redeban
Un mundo híbrido
Y en medio de esa acelerada transformación la pregunta era inevitable: ¿tiene futuro la tarjeta física en un mundo de billeteras digitales? Para Mastercard, la respuesta es híbrida. “Habrá segmentos que paguen casi todo con el celular, pero la tarjeta seguirá siendo un respaldo”, explica Martínez. Persisten realidades como teléfonos sin NFC activo, cajeros que aún requieren inserción y comercios con distintos niveles de adopción.
Además, la tarjeta física muta: diseños memorables, ediciones especiales, materiales metálicos, códigos dinámicos. “Hay un componente emocional y de estatus que no desaparece”, dice. Aun así, el crecimiento más fuerte está del lado digital, impulsado por la tokenización: números sustitutos que viajan en la transacción y reducen de forma drástica la exposición al fraude.
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La seguridad, insiste el ejecutivo, debe ser transparente. Tokenización, autenticación biométrica y herramientas como Click to Pay operan “detrás de cámaras”, pero se sienten en la experiencia: menos transacciones rechazadas, menos fraude, menos datos expuestos. “Use esto porque es mejor para usted, no porque suena sofisticado”, resume.
Click to Pay, por ejemplo, permite registrar la tarjeta una sola vez y pagar luego con un clic, sin formularios ni contraseñas. Tap on Phone convierte un celular en datáfono, ampliando la aceptación para pequeños comercios. Y la biometría reemplaza contraseñas por validaciones más seguras y rápidas.
Beneficios
Para que el pago digital se vuelva hábito, debe ofrecer valor. De ahí la apuesta de la multinacional por beneficios cotidianos y experiencias. Descuentos en comercio, entretenimiento, campañas como Débito —la “puerta” que se abre a beneficios y se cierra para proteger— y activaciones culturales que conectan marca y emoción.
“No queremos ser solo un medio de pago. Queremos estar en la cotidianidad de las personas, quitarles problemas y darles control”, dice Martínez. La lógica es evidente: cuando el consumidor percibe valor, usa más; cuando usa más, se digitaliza; cuando se digitaliza, gana el ecosistema, recalca.
Click to Pay permite registrar la tarjeta una vez y pagar con un clic, sin formularios ni claves. Foto:iStock
Otro tema que no podía quedar por fuera de la conversación: ‘open banking y open data’. El avance hacia estos modelos introduce otra capa: el uso responsable de la información. Para Mastercard, el dueño de los datos es el consumidor. “No se trata de fiscalizar, sino de salir del anonimato para acceder a mejores propuestas”, explica. La promesa es microsegmentación con consentimiento: ofertas relevantes, en el momento adecuado, sin saturación.
El ejemplo es sencillo: no bombardear con promociones genéricas, sino entender hábitos para ofrecer lo que realmente sirve. Regulación, estándares y anonimización agregada son los pilares para que esa promesa no se rompa.
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Mismas reglas
Detrás de cada pago hay emisores, adquirentes, procesadores, gateways, comercios, fintechs. Mastercard se define como orquestador de estándares y mejores prácticas. “Traemos tecnología, pero la magia ocurre cuando todo el ecosistema juega con las mismas reglas”, afirma Martínez. Colombia, dice, es receptiva y hoy exporta soluciones a otros mercados.
El alcance va más allá del consumidor: pagos peer to peer, business to business, compras de insumos sin trámites complejos, interoperabilidad en transporte. Cada caso suma eficiencia y formalidad.
Sin embargo, la conectividad sigue siendo un reto clave, pero no el único. Para Mastercard, la clave es que las tecnologías que se adopten tengan estándares que resistan el tiempo. “La interoperabilidad baja riesgos y hace sostenible el sistema”, señala el vocero. En un entorno de tendencias múltiples, decantar lo que funciona es parte del trabajo.
Por eso, en el cierre de la conversación la pregunta no podía ser otra: ¿dónde se ve Mastercard en la próxima década? “Siendo esencial”, responde Martínez sin dudarlo. No imprescindible por obligación, sino por valor, aclara. Traer tendencias, invertir, escuchar al consumidor y resolverle la vida. Colombia, dice, pasó de importar innovación a exportarla. Y la oportunidad sigue siendo inmensa.
La conclusión es tan simple como ambiciosa: el futuro de los pagos no se gana con más tecnología, sino con mejores soluciones. Si pagar es fácil, seguro y beneficioso, el resto —la digitalización, la inclusión, la productividad— llega por añadidura, puntualiza Martínez.
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