Colombia
La historia del cuadro que estuvo casi 40 años perdido y pronto regresará a Bogotá

Falta algo menos de tres meses para que el cuadro de Santa Eulalia vuelva al altar del que fue robado en la década de los 80. Nadie sabe quién lo lastimó exactamente; Lo cierto es que, después de casi 40 años, volvió al país donde fue pintado y donde nació su autor, Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos.
LEA TAMBIÉN
Santa Eulalia estaba en la iglesia San Ignacio, en pleno corazón de Bogotá. Este templo no es el más grande, tampoco es el más opulento, pero su fachada de ladrillo sobrio y firme da la sensación de haber aprendido a resistir al tiempo.
Detrás de esas puertas color madera se conserva la colección de reliquias de santos más importante del país, un tesoro espiritual que durante décadas también fue el custodio del cuadro de esta santa española.
Iglesia San Ignacio Foto:IDT
En la pintura, Santa Eulalia aparece joven (tenía 12 años cuando fue asesinada), casi frágil. El rostro, inclinado hacia el cielo, los ojos abiertos en un gesto que no es de súplica, sino de aceptación. Una mano se eleva, abierta, como si estuviera a punto de pronunciar una palabra que no necesita voz. Mide 26,5 centímetros de alto por 23 centímetros de ancho, cabe perfectamente en un bolso.
En la otra mano sostiene la palma del martirio, discreta, sin dramatismo. Con su mirada, parece estar suplicando al Santísimo.
Durante casi 40 años, la pintura estuvo lejos del altar que la vio nacer. Pasó de mano en mano y de lugar en lugar, atravesó fronteras y silencios, sin que nadie pudiera reconstruir con exactitud su recorrido.
Cuadro de Santa Eulalia, la patrona de Barcelona (España) Foto:Cortesia Iglesia San Ignacio
Viajó embalada, guardada, tal vez en bodegas. Subió a aviones, cruzó yeguas, cambió de continente. No dejó huella, solo la certeza de que sobrevivió al tiempo y al desplazamiento y que, muy posiblemente, hizo parte de alguna colección privada. Ese después no fue un hecho aislado. En la década de los 80, el arte religioso y colonial se convirtió en objeto de deseo.
Tener un Vásquez de Arce y Ceballos, una custodia antigua o una pintura sacra no era solo una cuestión estética: era una señal de poder. En esos años, marcados por el narcotráfico y el dinero desbordado, la opulencia también se colgaba en las paredes.
Los robos a iglesias, conventos y museos se multiplicaron. Muchas piezas salieron del país sin registro; otras terminaron en salas privadas, ocultas, lejos de cualquier altar. A Santa Eulalia le pasó.
Cuadro de Santa Eulalia, la patrona de Barcelona (España) Foto:Iglesia San Ignacio
El cuadro estuvo fuera de su contexto, de su altar, de su luz. Soportó cambios de clima, miradas ajenas, condiciones que no fueron pensadas para él. Cada traslado implicaba un riesgo y un posible daño. Aun así, la imagen resistió, como si el tiempo no hubiera logrado borrar todo su origen.
Pero lo inesperado pasó. Aún sigue siendo un misterio; Sin embargo, llegó a manos del galerista y coleccionista argentino Gonzalo Eguiguren, propietario de una galería en Madrid, quien decidió devolverla. La compró en una subasta en Montevideo y le costó 5.000 euros.
No se sabe cómo ni cuándo exactamente, lo cierto es que en Madrid el cuadro dejó de moverse. Fue reconocido, identificado y puesto bajo resguardo. Por primera vez, después de mucho tiempo, Santa Eulalia tenía un lugar fijo, aunque todavía no era el suyo.
LEA TAMBIÉN

El padre Santiago Tobón, director de la iglesia San Ignacio y encargado de hacer que sucediera el milagro de devolver el cuadro a su país de origen, le explicó a EL TIEMPO que la ausencia de la pintura no puede entenderse sin mirar el altar al que pertenece.
Contó que, en 1612, con el arribo del padre Luis de Santillán a Bogotá, comenzó a llegar desde Europa reliquias que hoy conforman la colección de santos más importante del país.
Fragmentos mínimos, huesos, telas, restos, que, con el tiempo, se organizaron en tres grandes altares. El de San Ignacio es el tercero de esa historia y, quizás, el más simbólico.
Cuadro de Santa Eulalia, la patrona de Barcelona (España) Foto:Cortesia Iglesia San Ignacio
El altar es conocido como el Jardín del Paraíso. El sacerdote jesuita explica que no es por una idea decorativa, sino por lo que narra: abajo, los mártires en el momento del tormento; en el centro, la entrega; arriba, la gloria. La vida que florece gracias al sacrificio.
“Santa Eulalia pertenece a ese tránsito. Su imagen no estaba aislada: dialogaba con otros mártires, con otras escenas de dolor y redención”, dice el religioso. Por eso, su ausencia durante décadas dejó una historia incompleta.
Hoy, esta santa protectora de la ciudad de Barcelona no está a la vista. Permanece resguardada en un laboratorio, en silencio, atravesando un tiempo distinto al de la espera humana.
Cuadro de Santa Eulalia, la patrona de Barcelona (España) Foto:Cortesia Iglesia San Ignacio
Mario Rodríguez, restaurador y conservador de bienes culturales, explicó que ese reposo no es casual ni simbólico: es una necesidad física. La pintura acaba de cambiar de continente, de clima, de altura, de humedad. “Los objetos también tienen una historia de vida”, afirmó. Y esa historia deja marcas.
Rodríguez habló del cuadro como si fuera un cuerpo que regresa después de un largo viaje. Madera, tela, capas pictóricas: materiales que, durante casi cuatro siglos, se acostumbraron a unas condiciones específicas y que ahora deben volver a adaptarse. “El arte también se deteriora”, explicó.
Para el padre Santiago Tobón, el regreso del cuadro no es solo una restitución material, sino una recomposición del sentido. “Las obras se ponen en diálogo, la pintura está en sintonía con otra”, afirmó. Cada imagen, cada reliquia, cada fragmento fue pensado para dialogar con el altar y con la historia que se quería narrar. Santa Eulalia hacía parte de ese relato mayor. Su ausencia, durante décadas, no fue solo una pérdida patrimonial, sino una interrupción simbólica.
LEA TAMBIÉN

Desde octubre pasado, la pintura de la santa permanece resguardada, ‘aclimatándose’ mientras se estabilizan sus materiales. No es una espera simbólica, sino técnica. El regreso de Santa Eulalia exige tiempo, condiciones precisas y cuidado extremo. Cuando finalmente vuelva al altar, no lo hará como una obra recuperada, sino como una pieza que retoma su lugar en una historia que alguien en algún momento decidió interrumpir.
SARA MALAVER
Escuela de Periodismo MultimediaEL TIEMPO







