Colombia
El campo le ganó a la ciudad en Colombia: el empleo rural vivió su mejor año en décadas

Mientras que en las ciudades las noticias de empleo suelen ser el foco de atención y marcan la tendencia económica, en 2025 el verdadero cambio ocurrió fuera de las áreas urbanas. El mercado laboral rural concluyó el año con indicadores que no se veían desde hace tiempo, evidenciando un notable incremento en la ocupación, una disminución del desempleo y un impulso significativo desde el sector agrícola.
Los datos oficiales respaldan esto. Al finalizar 2025, 4,8 millones de personas estaban empleadas en áreas rurales del país, la cifra más alta registrada desde que existen datos comparables. Este registro, proporcionado por el Dane y el Ministerio de Agricultura, se dio en un año en el que el desempleo nacional bajó a 8,9%, una de las tasas más bajas en dos décadas.
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Este crecimiento tiene un protagonista evidente: el sector agrícola. De los 4,8 millones de ocupados rurales, 3,4 millones trabajaron en actividades agropecuarias, como ganadería, agricultura, caza, silvicultura y pesca, lo que indica un aumento de 103,000 empleos respecto a 2024 y el nivel más alto de empleo en este sector en los últimos seis años. Estas actividades son intensivas en mano de obra y responden rápidamente a un aumento en la producción.
Esta mayor actividad también se refleja en la tasa de desempleo. En 2025, la tasa de desocupación rural descendió a 6,7%, el nivel más bajo en siete años. Este dato es especialmente relevante considerando que, durante décadas, el sector rural había estado rezagado en comparación con las ciudades, enfrentando problemas históricos de informalidad, baja productividad y falta de presencia estatal.
Desde el Gobierno, se interpreta esta situación como un avance político y económico. El Ministerio de Agricultura atribuye el aumento del empleo rural a las iniciativas para fortalecer el sector agropecuario y a los progresos en la reforma agraria. Según la ministra Martha Carvajalino, estos números son significativos: “cuando el campo prospera, también lo hace la economía popular, y se fortalece la seguridad alimentaria”.
La tendencia se alinea con un mejor desempeño en la producción agropecuaria. Hasta septiembre, el último reporte disponible, el sector mostraba un crecimiento del 4,7%, según el Índice de Seguimiento Económico del Dane. La ministra describe esto con claridad: “el campo colombiano no es un vestigio del pasado, sino el motor productivo y el futuro del país”.
El buen momento del sector rural también se observó en un contexto favorable para el empleo general. A nivel nacional, la población ocupada alcanzó los 23,8 millones de personas en 2025, lo que implica un incremento de 791,000 empleos en comparación al año anterior. La tasa de ocupación subió a 58,6%, mientras que la tasa global de participación alcanzó el 64,3%. En términos simples, más personas encontraron empleo sin que otras abandonaran el mercado laboral.
Este progreso permitió que el desempleo nacional disminuyera por quinto año consecutivo, logrando finalmente una tasa por debajo del 10%, una barrera que había permanecido imperturbable durante casi una década. Sin embargo, el panorama laboral sigue mostrando diferencias significativas.
La informalidad sigue siendo uno de los principales obstáculos del mercado laboral colombiano. A diciembre, el 55,5% de los trabajadores continuaba en condiciones informales, apenas 1,2 puntos porcentuales menos que el año anterior. En el ámbito rural, esta realidad es aún más pronunciada, con una alta proporción de trabajo autónomo y ocupaciones sin protección social.
Los datos del Dane indican que, entre septiembre y noviembre de 2025, la tasa de ocupación fue tres puntos porcentuales menor en áreas rurales que en urbanas, 57,4% frente a 60,4%. En lo que respecta al desempleo, la población campesina registró una tasa de apenas 5,9%, mientras que la no campesina tuvo una tasa de 8,5%.
La composición del empleo también ayuda a explicar esta diferencia. En el campo, más de la mitad de los ocupados (53,2%) trabaja por cuenta propia, mientras que un 25,5% es obrero o empleado particular. En las zonas urbanas, el empleo asalariado predominante. Esta estructura es clave para entender por qué el aumento del empleo rural no se traduce automáticamente en mejores condiciones de vida.
El balance de 2025 revela una imagen clara: el mercado laboral ha avanzado y el campo ha recuperado su papel como motor económico, pero aún existen brechas importantes. El desafío actual es convertir este crecimiento en empleos de mayor calidad, con ingresos más estables, un proceso gradual de formalización y una mayor capacidad para resistir los choques que históricamente han afectado de manera desproporcionada a las regiones rurales de Colombia. El impulso ya ha comenzado; falta que alcance para cerrar de manera efectiva las desigualdades estructurales.







