Isabel Coixet vuelve a elevar su cine al nivel de una de sus más celebradas películas: Mi vida sin mí. Con su particular estilo poético, de nuevo recala en una temática similar en la que se mueve como pez en el agua consiguiendo crear una película tan hermosa como sentida que traspasa al espectador y se queda con él después del visionado.

Tres adioses cuenta con un guión coescrito por la propia Coixet junto a Enrico Audenino en base a Tre ciotole. Rituali per un anno di crisi, el libro póstumo y autobiográfico de 2023 de Michela Murgia, una de las intelectuales más influyentes de Italia y además una destacada activista feminista.

Entre los muchos aciertos de la película está el darle un rol protagonista a Alba Rohrwacher, una de esas secundarias de excepción en películas como La hija oscura, Maria Callas o Jay Kelly. Aquí brilla con luz propia dando vida a una mujer obligada a reinventarse y a trabajar su autoconcepto impulsando la recta final de su vida en una nueva dirección. Una mujer en busca de sentido.

Adiós a la italiana

Marta pasa por un bache enorme con su pareja: no le apetece socializar y Antonio, chef de profesión, necesita a veces acudir a inauguraciones que a ella no le interesan en absoluto. Esto desencadena una discusión que se zanja con una dolorosa ruptura.

Al principio ambos están perdidos en su soledad: ella pierde el apetito por completo y desarrolla un principio de depresión. Él tampoco encuentra estabilidad y, aunque se refugia en su trabajo, extraña mucho la compañía y el afecto de su excompañera sentimental.

Sin embargo, Marta pronto descubre que sus náuseas y su desazón no tienen una explicación únicamente anímica. Tiene un problema de salud grave que hará que su vida de un giro inesperado. Alentada por su doctora, comenzará a cuidarse y a tener hábitos más saludables lo que no solo le devolverá el apetito sino las ganas de comerse la vida entera: quiere aprender, experimentar cosas nuevas y degustar los placeres, por sencillos que sean, que le brinda su existencia.

Tres adioses es la película más satisfactoria de Isabel Coixet en mucho tiempo y esto es así porque emana una gran humanidad del libreto. Es una cinta cuidadosamente calculada para que el espectador acompañe y comprenda cada paso que da la protagonista. Delicada y tranquila, la historia se desenvuelve dosificando muy bien la información y tirando de una estética y una puesta en escena muy naturalista. De este modo, los lugares retratados se impregnan de un sentido que va más allá de lo evidente a pesar de formar parte de lo cotidiano: son evocadores rincones de momentos y lugares que caracterizan a Marta y que forman parte de un todo justo como sucede con el baile de los estorninos al atardecer con el que se abre y cierra el relato, que es circular.

Tres adioses, como sugiere el título, es una película crepuscular, que no triste, siempre interesada en el desarrollo personal de los personajes, que a veces muestran conductas autodestructivas pero que terminan encontrando su camino. Hay varios personajes secundarios que se ven en la cuerda floja pero que pueden espejarse en la protagonista para salir del bache.

Por lo demás estamos ante una obra reflexiva, bella y muy pegada a la ciudad de Roma. No la monumental que suele explotarse de manera sistemática y como un cliché (esto no es Emily en París) sino la de barrio que le enseñaría alguien de allí a un amigo cercano, con sus negocios locales, sus carreteras que se pueden recorrer en bicicleta y espacios desconocidos pero más reales, tangibles y corrientes. Ahí radica buena parte del encanto y la identidad de la película, italiana hasta la médula pero con mensajes universales que trascienden más allá de cualquier frontera.

Tres adioses inauguró la pasada edición de la SEMINCI y ha ganado recientemente el Premio a la Mejor Película del Festival CiBRA contando con un reparto que incluye al premiado Elio Germano (La nostra vita), Francesco Carril (Los años nuevos), Silvia D’Amico (El buen italiano), Galatea Bellugi (Gloria) y Sarita Choudhury (Nieva en Benidorm). Todos ellos contribuyen a la sensación general de estar viendo una película que merece la pena y que llega a buen puerto con un desenlace emotivo, conmovedor y con el que la directora se ha sentido plenamente identificada.

Valoración

Nota 80

Isabel Coixet firma su película más redonda, bella y conmovedora en mucho tiempo, cargada de sentido y sentimiento. Una obra honesta, profundamente arraigada a la tierra, que a su vez lanza un mensaje universal sobre la superación de la pérdida y la búsqueda de los placeres sencillos en un mundo en permanente movimiento.  

Lo mejor

El estilo contemplativo y naturalista, la contención dramática, las interpretaciones y la sintaxis cinematográfica, poética pero no sensiblera.

Lo peor

Es una de esas películas que si te pilla en un momento vulnerable puede ser demoledora.