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El plan de Trump para purgar el gobierno federal y la amenaza de una dictadura

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El presidente Donald Trump camina para hablar con los periodistas en el Jardín Sur antes de salir de la Casa Blanca, el viernes 6 de febrero de 2026, en Washington. [Foto AP/José Luis Magana] [AP Photo/Jose Luis Magana]

El jueves, la Oficina de Gestión de Personal (OPM, siglas en inglés) de la administración Trump anunció una nueva norma que privará a decenas de miles de trabajadores federales de la protección laboral y los derechos al debido proceso, y los reclasificará como empleados «a voluntad», sujetos a despido por parte del presidente por cualquier motivo. Esta reclasificación es un componente de la construcción de una dictadura presidencial por parte de la administración Trump.

La norma subvierte la Ley Pendleton de Reforma de la Función Pública de 1883, que estableció la Comisión de la Función Pública de Estados Unidos y exigía que los puestos federales se cubrieran en función de los méritos y las oposiciones, en lugar de la lealtad política. Antes de la ley, el Gobierno federal funcionaba bajo un sistema de prebendas, en el que las administraciones entrantes despedían habitualmente a gran parte de la plantilla y la sustituían por personas leales.

Los principales periódicos han informado de que la norma podría afectar a hasta 50.000 trabajadores federales, pero nada en la propia norma limita esa cifra.

La magnitud de esta purga supera incluso el despido masivo de controladores aéreos en huelga por parte de Ronald Reagan durante la huelga de la PATCO de 1981. De los aproximadamente 13.000 controladores que abandonaron su puesto de trabajo, Reagan despidió a 11.300. Solo en el primer año del segundo mandato de Trump, más de 24.000 empleados federales ya han sido despedidos de forma involuntaria mediante reducciones de plantilla (RIF) y el despido de trabajadores en período de prueba, mientras que la nueva norma de la OPM allana el camino para que se despida a decenas de miles más a voluntad.

Este último ataque forma parte de una amplia ofensiva de la administración Trump contra los trabajadores federales y la clase trabajadora en su conjunto. Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha supervisado la salida de más de 300.000 trabajadores federales mediante una combinación de despidos involuntarios, indemnizaciones voluntarias, jubilaciones anticipadas y reducciones naturales.

Además, el año pasado la administración despojó a 370.000 trabajadores federales del Departamento de Asuntos de Veteranos y de la Agencia de Protección Ambiental (Environmental Protection Agency; EPA) de sus derechos de negociación colectiva.

El ataque a los trabajadores federales forma parte de una campaña más amplia contra la clase trabajadora. En enero de 2026, las empresas estadounidenses anunciaron más de 108 000 despidos, la cifra más alta para el comienzo de un año desde la Gran Recesión. A lo largo de 2025, se anunciaron más de 1,2 millones de despidos, el nivel más alto desde el año pandémico de 2020.

Sin embargo, lo que es aún más significativo es que la norma forma parte de la consolidación del poder en manos del poder ejecutivo. Es un elemento clave en la campaña de la administración Trump para eliminar todos los controles institucionales sobre la autoridad presidencial y erigir una dictadura que no rinde cuentas.



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