Economia
empresarios colombianos entre la promesa de negocios y la prueba evidente de confianza
La relación comercial entre Colombia y Venezuela vuelve a moverse. No con el vértigo de los años dorados —cuando el intercambio superó los 6.000 millones de dólares en 2008—, pero sí con señales que el empresariado colombiano observa con creciente atención, expectativa, pero sobre todo, con mucha cautela.
El eventual cambio estructural en Venezuela, sumado al levantamiento progresivo de restricciones por parte de Estados Unidos, abrió una ventana que sectores industriales, financieros y de consumo masivo no quieren desaprovechar. Sin embargo, la expectativa convive con una dosis alta de realismo: la recuperación no será automática ni inmediata.
Hoy, el mensaje que se escucha en distintos frentes es similar: hay oportunidad, pero el ritmo lo marcarán la seguridad jurídica, la normalización financiera y la demanda real del mercado venezolano. Lo cierto es que Venezuela vuelve a ser conversación obligada en las juntas directivas colombianas.
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Para entender el momento actual, hay que mirar el espejo retrovisor. Venezuela fue uno de los principales socios comerciales de Colombia en los años noventa y principios de este siglo, cuando ambos países compartían la Comunidad Andina. El comercio bilateral alcanzó su pico en 2008 con exportaciones cercanas a los 6.000 millones de dólares, impulsadas por sectores como metalmecánica, siderurgia, petroquímica, autopartes y alimentos.
Luego vino la ruptura política, la salida de Venezuela de la CAN, el cierre de la frontera y un período de “hibernación” comercial.
Sin embargo, la reapertura fronteriza de hace tres años empezó a cambiar ese panorama. El intercambio pasó de 200 millones a más de 1.200 millones de dólares en ese período. Ahora, con las nuevas licencias estadounidenses que flexibilizan restricciones —incluidas las más recientes en sectores como petróleo y gas—, el escenario vuelve a modificarse.
Luis Felipe Quintero Suárez, Presidente de la Cámara Colombo Venezolana. Foto:Cámara Colombo Venezolana.
Luis Felipe Quintero, presidente Ejecutivo de la Cámara Colombo Venezolana, lo resume así: “Estamos frente a un momento de cambio sustantivo en el comportamiento de la economía venezolana y de oportunidad en todos y cada uno de los sectores industriales”.
El impulso inicial proviene del sector petrolero y gasífero, tras la flexibilización de sanciones. Analistas proyectan que la producción venezolana podría pasar de los actuales 700.000-750.000 barriles diarios a cerca de un millón en 2026.
Solo ese movimiento puede irrigar recursos a otros sectores. “Es esperable un crecimiento significativo en agroindustria, construcción, logística y servicios”, afirma.
Primera línea
Las oportunidades no se concentran solo en hidrocarburos. Infraestructura, construcción, logística, manufactura, alimentos, turismo y servicios aparecen como frentes con alto potencial, coinciden los expertos.
Flavia Santoro, presidenta de Conexiones Efectivas y expresidenta de ProColombia. Foto:ProColombia
Para Quintero el entusiasmo no puede desbordarse. “Es rápido si miramos las licencias que se han venido otorgando, pero también depende de la velocidad con la cual conozcamos las nuevas reglas de juego”, advierte.
En el corto periodo que lleva al frente de su cargo 8una semana), dice que ha atendido a cerca de ocho empresarios de distintos sectores y tiene ya una extensa agenda para las próximas semanas con iguales propósitos.
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“Las preguntas son casi siempre las mismas”, dice Quintero: ¿Cómo se constituyen empresas hoy en Venezuela? ¿Qué ventajas tributarias existen? ¿Cómo se estructuran inversiones conjuntas? ¿Cuándo se normalizarán los pagos?
Flavia Santoro, presidenta de Conexiones Efectivas y expresidenta de ProColombia, coincide en que la ventana es más amplia que el petróleo.
“Se debe generar mesas de trabajo entre el sector privado y el Gobierno para revisar las posibilidades reales de volver a exportar y rescatar negocios”, señala.
Infraestructura, construcción, logística y manufactura aparecen como frentes prioritarios. Venezuela acumuló más de dos décadas de rezago en infraestructura. Colombia, en ese mismo período, fortaleció su capacidad técnica y empresarial.
Infraestructura es otro de los sectores que ofrecen oportunidades para los empresarios colombianos. Foto:PORTAFOLIO
“Ellos quedaron rezagados veintitantos años y nosotros avanzamos veintitantos años. Es el momento de contribuir en esa recuperación”, sostiene Santoro.
Para ella, la oportunidad requiere coordinación institucional: sector privado colombiano, sector privado venezolano, gobiernos y, en algunos casos, interlocución con Estados Unidos.
Las que no se fueron
El interés no es teórico. Desde la Cámara Colombo Venezolana reportan una agenda empresarial “apretada”. Las consultas giran en torno a tres frentes: aumentar exportaciones desde Colombia, buscar socios locales para inversión conjunta y entender las nuevas condiciones regulatorias para establecer empresas en el vecino país.
El sector de alimentos es uno de los más activos. Juan Fernando Castañeda, presidente de la Compañía Nacional de Chocolates, del Grupo Nutresa, lo planteó en reciente entrevista con EL TIEMPO: “Tenemos que mirar con buenos ojos las oportunidades de Venezuela. Nosotros nunca nos fuimos de Venezuela, siempre tuvimos presencia”.
El ejecutivo anticipa un eventual redimensionamiento del mercado: “No queremos ser reactivos, queremos ser proactivos… queremos ser un actor muy relevante ahí también”.
Juan Fernando Castañeda Prada, presidente de la Compañía Nacional de Chocolates. Foto:Nacional de Chocolates
En el sector industrial, Camilo Pérez, presidente de Canpack, le dijo a esta casa editorial que el interés viene de tiempo atrás: “Vemos atractivo a Venezuela desde hace mucho tiempo… ahora es el momento adecuado”. Y añade que el cambio actual puede “catalizar y acelerar nuestros procesos de interacción”.
Incluso el sistema financiero se prepara. Desde Davos, el presidente de BBVA, Carlos Torres, afirmó: “Todo lo que está pasando abre una ventana de oportunidad para la normalización del país. Tenemos que ser pacientes, porque va a llevar tiempo”.
Pagos, el gran obstáculo
Pero el entusiasmo tiene límites técnicos. Hoy, el Banco Central de Venezuela (BCV) continúa incluido en la lista de sanciones de Estados Unidos, lo que impide la conexión directa entre sistemas financieros de ambos países. Las transacciones deben canalizarse a través de bancos en terceros países como Panamá o España.
Camilo Pérez-presidente Canpack Colombia- Foto:Camilo Pérez-presidente Canpack Colombia-2
Quintero lo advierte sin rodeos: “En el momento en que haya un levantamiento de esa restricción, el tema de pagos quedaría liberado y eso implicará muchísima más facilidad para exportaciones e inversiones”.
Mientras ese cuello de botella no se resuelva, la expansión tendrá frenos, precisa, pues es un factor fundamental para que fluya mejor la relación comercial y la inversión.
Confianza, punto clave
La pregunta es: ¿cuánto puede crecer el comercio en medio de este despegue? El directivo estima que este año pueda acercarse a 1.600 millones de dólares en exportaciones, por encima de los 1.200 millones actuales. Sin embargo, volver a los niveles de 2008 requerirá algo más que optimismo.
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Para avanzar, los expertos consultados coinciden en que, primero se necesitarán señales claras de demanda interna en Venezuela; segundo, reglas estables; tercero, un sistema financiero funcional, y cuarto, confianza sostenida en el tiempo, un punto clave.
Las empresas que alguna vez operaron en Venezuela recuerdan episodios de expropiación y cambios abruptos de reglas. Por eso, el acuerdo bilateral de protección de inversiones cobra hoy especial relevancia como respaldo jurídico.
Como resume Quintero, “cuando el mercado ofrezca los volúmenes que se requieren, las empresas reactivarán sus actividades”.
La balanza comercial hoy favorece ampliamente a Colombia en una proporción cercana a 10 a 1, dice. Un crecimiento más equilibrado también dependerá de que Venezuela reactive su aparato productivo.
El empresariado colombiano parece tener claro que no se trata de un retorno inmediato al pasado. La recuperación será progresiva y condicionada.
La clave estará en la velocidad con la que se consoliden las reformas y en la consistencia institucional. Como lo reconocen varias de las voces consultadas, el cambio es prometedor, pero todavía incipiente.
Ernesto Fajardo, presidente de la holding Alpina Foto:Alpina
Hay sectores listos para entrar, otros que nunca se fueron y varios que esperan señales definitivas.
En ese grupo de las que nunca abandonaron el mercado está Grupo Alpina. Su presidente, Ernesto Fajardo, recuerda que la firma hace presencia ininterrumpida en Venezuela desde 1993, con producción local en su planta de Villa del Cura y un portafolio complementado con importaciones desde Colombia. “Esa combinación nos ha permitido garantizar continuidad, calidad y operación estable, incluso en los momentos más complejos”, afirma.
Ahora, con señales de mayor dinamismo en el mercado, la compañía ve espacio para crecer. “Hoy vemos una oportunidad concreta de seguir expandiéndonos. El mercado empieza a mostrar mayor dinamismo y eso nos abre espacio para ampliar portafolio y fortalecer capacidades productivas locales”, señala Fajardo. Y marca la diferencia frente a quienes hablan de regreso: “Más que una reconquista, estamos evolucionando sobre una operación que nunca se detuvo”.
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Pero esta vez el empresariado parece actuar con mayor prudencia. No se trata de repetir el pasado, sino de construir una relación más diversificada y sostenible.
La pregunta ya no es si existe oportunidad sino si la normalización financiera, la estabilidad normativa y la disciplina institucional permitirán que esa oportunidad se cristalice.
La puerta está abierta. La decisión de cruzarla dependerá, más que del entusiasmo, de la solidez de los cimientos que se construyan en los próximos meses, coinciden los empresarios.
