Wellens entra en el paraíso y se lleva la aceituna de oro
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La victoria ya no se le escapaba entre los dedos como tantas otras veces. Tim Wellens, el eterno cortejador del triunfo, el hombre que tantas veces había rozado la gloria sin atraparla, pedaleaba ahora hacia la historia con la certeza de quien sabe que ha llegado su hora. En Úbeda, entre el polvo dorado de la grava y la sombra interminable de setenta millones de olivos, el belga encontró al fin lo que tanto había buscado: la plenitud de una victoria en solitario, arrancada a golpe de audacia y resistencia.
Pidcock, en plena carrera.Sprint Cycling
La Clásica Jaén Paraíso Interior no perdona. No ofrece tregua. Y en esta quinta edición, exigió desde el primer kilómetro. El pelotón salió de Linares como una flecha envenenada, a 47,3 km/h, tensado por el nervio y la electricidad. Los ataques se sucedían sin descanso, pero ninguno lograba herir de verdad. El candado permanecía cerrado. Hasta que llegó el sterrato. Esa palabra italiana que en la Sierra Mágina se vuelve mandamiento.
El pelotón, pasando por el Mar de Olivos.Sprint Cycling
En Vandelvira comenzó la criba. En Mar de Olivos —ese tramo que atraviesa el mayor bosque humanizado del planeta— empezó el sacrificio. A 61 kilómetros de meta, Wellens aceleró con intención. Se llevó a Mark Donovan en su estela y dejó claro que no había venido a negociar. La grava se convirtió en juez. Romeo intentó desestabilizar, Donovan amagó, pero el campeón belga esperaba su momento como quien conoce de memoria las notas de una sinfonía.
Y entonces llegó el segundo paso por Mar de Olivos. Siete kilómetros y trescientos metros de tierra áspera, irregular, traidora. Allí, Wellens atacó sin mirar atrás. Fue un zarpazo seco, definitivo. Se marchó solo, con 39 kilómetros aún por delante, dejando a 1’15” a un grupo de perseguidores que ya no creían en la remontada. Pinarello-Q36.5 tiraba con desesperación, seis hombres de negro remando en el polvo, pero el esfuerzo carecía de alma colectiva. ¿Quién iba a quemarse para que Pidcock rematara? Nadie quería ser el mártir de otro.
La increíble ‘salvada’ que permitió a Wellens ganar en Úbeda
Wellens, mientras tanto, rodaba con la precisión de un metrónomo. Cabeza baja, cadencia firme, sin un gesto de más. En el primer paso por meta ya había abierto más de un minuto. Y aún faltaba Juancaballo.
El nombre evoca leyenda: criaturas mitad hombre, mitad caballo que habitaban la Sierra Mágina. Wellens, ese día, pareció uno de ellos. Mitad ciclista, mitad bestia de grava. Mantuvo 1’11” mientras el pelotón se desangraba por detrás. Santa Eulalia, con sus 2,3 kilómetros de dureza concentrada, fue la última prueba. La diferencia no bajaba. La lluvia había convertido los caminos en trampas; los pinchazos se multiplicaban —Etxebarría, Pellizzari—, pero el caos solo fortalecía al más fuerte.
Horrible maniobra de Christen: así ha sido la caída de Van Gils en el esprint de Úbeda
Wellens no falló
Entró en Úbeda con el gesto serio, sin aspavientos, consciente de que esta vez nadie le arrebataría el triunfo. Había sido segundo en 2022, tercero en 2023, cuarto en 2024, décimo en 2025. Cinco años de fidelidad a una carrera que le exigía todo. Y al fin, la recompensa: la foto grande, la victoria en solitario, el nombre grabado en la grava.
Antes de la batalla, la mañana había pertenecido a los niños. Doscientos escolares de Úbeda habían rodado por la recta de meta, celebrando la fiesta del ciclismo. Y todos los corredores lucieron el brazalete verde de la Asociación Española Contra el Cáncer, símbolo discreto pero poderoso en medio de la violencia del sterrato.
Pero la historia del día fue la del hombre que decidió no esperar. En una clásica donde todos vigilan y pocos arriesgan, Wellens eligió atacar. Eligió creer en la soledad y en el polvo. Eligió escribir su nombre en un paisaje que no perdona. Pidcock y Cosnefroy completaron el podio debido a que Christen fue descalificado por una maniobra horrible que provocó una dura caída de Van Gilscuando lanzaba el esprint en línea de meta.
Al término de la prueba, Tom Pidcock, que finalizó segundo, atendió a los medios de comunicación para analizar su carrera: “Cuando no conseguí entrar en el movimiento que se produjo en el primer tramo, pensé que mi carrera estaba acabada. Estaba intentando quitarme la chaqueta y, de repente, había 30 corredores en mejor posición”. De esta forma, el británico tendrá que esperar para adjudicarse su primera ‘Aceituna de Oro’.
Clasificación de la Clásica Jaén Paraíso Interior 2026.CLÁSICA JAÉN PARAÍSO INTERIOR
Y cuando cruzó la meta, el mar de olivos pareció inclinarse ante él. Esta vez no fue segundo. Ni tercero. Ni cuarto. Fue el más fuerte. Y en Jaén, bajo ese cielo de febrero que cuelga sobre millones de árboles centenarios, eso significa algo más que ganar: significa domar la grava y convertirse en leyenda.