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Crítica de La residencIA, una distopía futurista plausible y aterradora

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Después de dejarnos sentados de culo con la calidad de Black Box en 2021, Yann Gozlan lanzó Oscura obsesión en 2023 antes de internarse en una distopía futurista muy plausible que nos ofrece ahora en La residencIA (Dalloway en versión original).

Se trata de un thriller psicológico de 110 minutos de duración que nos adentra en una sociedad próxima en el tiempo en la que las altas temperaturas imponen toques de queda en las horas centrales del día y en la que la presencia de la tecnología está completamente naturalizada. La expansión de plagas y enfermedades masivas, impone controles de temperatura y tests sanitarios diarios además de estrictas medidas de seguridad como el uso de mascarillas en el exterior y un férreo control de los contactos.

En este contexto nos presentan a Clarissa, una escritora que atraviesa un momento personal delicado y que ha aceptado una suerte de beca para ingresar en el Instituto Ludovico para trabajar en su próxima novela. Tras pasar unas pruebas de acceso, se le asigna una Inteligencia Artificial de última generación llamada Dalloway diseñada para satisfacer todas sus necesidades físicas y creativas. 

Además de estar al mando de la domótica de su residencia, también tiene como cometido encargarse del bienestar de Clarissa y servirle de asistente personal y creativo respondiendo sus mensajes, fijando citas, ayudándola a concentrarse y propiciando que pueda conseguir sus metas cumpliendo sus plazos de entrega para finalizar a tiempo su libro.

Un encuentro fortuito con otro creador inscrito en el programa hará que salten sus alarmas. Insinúa que la institución tiene intereses que van más allá de apoyar a artistas en dificultades y que el sistema se basa en espiar, aprovecharse y terminar incluso sustituyendo a los individuos seleccionados una vez que consiguen “absorber” toda su identidad mediante el estudio de su proceso creativo. 

Esto hará que inicie una serie de pesquisas para esclarecer hasta qué punto esto es verdad o si ella misma se está obsesionando de manera injustificada.

Todas las caras de un futuro desolador

Lo primero que hay que señalar de La residencIA es que es una película muy verosímil que imagina un futuro bastante apegado a la realidad que conocemos, solo hace una proyección en base a experiencias recientes de modo que una pandemia latente, el aumento de las temperaturas en los núcleos urbanos, los vehículos autónomos y las casas “inteligentes” no resultan hallazgos de ciencia ficción extraordinarios sino apenas un pequeño salto en el tiempo.

A partir de ahí recala en un terreno prolijo para la ciencia ficción actual: hasta qué punto la IA será capaz de sustituirnos una vez que nos drene, como lo hace el propio proceso de crear una obra artística, da igual de qué índole. También cuáles pueden ser las pretensiones últimas de aquellos que buscan beneficiarse de ese proceso: ¿crear un mundo mejor? ¿para quién y a qué precio?

En gran medida la cinta se sostiene en el trabajo de Cécile De France, pues a través de su personaje, marcado por el duelo, la falta de inspiración, la desconexión humana y la dependencia tecnológica, comprendemos la problemática que expone la narración.

La residencIA se beneficia de buenas interpretaciones y unos efectos especiales que encajan a la perfección con su concepto de no llevarnos muy lejos en la línea temporal: tanto el diseño artístico como el trabajo de vestuario es sencillo y funcional, evitando ser una distracción y consiguiendo así un mayor impacto en una audiencia a la que presuponemos ya sensibilizada a los riesgos y problemas que plantea dejarlo todo el manos de una IA que, como herramienta, está ideada con un fin último y es un tema recurrente en la actualidad.

En ese sentido, la película cuenta con un buen balance entre mostrar en un principio las indudables ventajas y comodidades que promete cuando no es invasiva y los peligros a los que una humanidad confiada puede llegar a exponerse cediendo el control de manera voluntaria, que es uno de los mayores temores de los grandes expertos. En cualquier caso, abre debates filosóficos interesantes y nos lleva a hacernos la gran pregunta: ¿hemos creado algo con la capacidad de destruirnos a costa de exprimir lo que somos y replicarnos?

Valoración

Nota 75

Una propuesta interesante y bien construida sobre una base de lo más verosímil. Más que correcta en todos sus apartados técnicos aunque desoladora en sus conclusiones.

Lo mejor

Que resulte todo tan familiar, factible y razonable, incluso el conflicto principal.

Lo peor

Es muy obvia en su mensaje desde el principio, si bien plantea dilemas filosóficos de calado.

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