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de estrella del terror a defensora de los más vulnerables
Cuando tenía solo 15 años, Linda Blair aterrorizó al mundo como la niña de El exorcista y se convirtió en un ícono del cine de terror. Sin embargo, detrás de aquella fama ,se escondía una pequeña que soñaba con una vida distinta. Nacida en San Louis, Misuri, Linda Denise Blair siempre tuvo un espíritu inquieto y curioso. Antes de alcanzar el estrellato, trabajó como modelo infantil y apareció en pequeños papeles de televisión, pero su ambición nunca fue la fama en sí: desde muy joven soñaba con convertirse en veterinaria y la actuación era simplemente un medio para financiar sus estudios en la Universidad de Cornell y explorar un mundo que la fascinaba.
Cuando obtuvo el papel de Regan, todo cambió de manera inmediata. Con apenas 14 años, Blair recibió el Globo de Oro a Mejor Actriz de Reparto y fue nominada a los Oscar de Hollywood La película, basada en la novela de William Peter Blatty, redefinió el cine de terror y dejó escenas que todavía hoy estremecen a los espectadores. Pero aquel estrellato precoz tuvo un costo muy alto. Además de la presión mediática, se convirtió en blanco de críticas de sectores conservadores que la calificaron de “demoníaca”, mientras otros la veían como víctima de la industria. La actriz recordaría años después: “Hubo muchos malentendidos sobre mi participación, lo que pasaba por mi mente y cómo me trataban. Tenía 15 años y hacía siete que actuaba. Antes de contratarme, hablaron conmigo durante tres meses para asegurarse de que era estable y la persona indicada”.
Tras El exorcista, su carrera continuó con varios proyectos cinematográficos y televisivos, incluyendo la secuela El exorcista II: el hereje, que no logró la misma acogida de la critica. A esto se sumaron desafíos personales: amenazas de fanáticos religiosos, lesiones durante el rodaje y episodios de depresión y adicciones que la obligaron a enfrentarse a su propia vulnerabilidad. Tres años después, tuvo que pasar por procesos de rehabilitación y tratamiento psicológico que la ayudaron a reencontrar su equilibrio. Fue, en ese momento, cuando comenzó a darse cuenta de que su verdadera vocación estaba fuera de la meca del cine.
En una entrevista con People, confesó: “Cuando tenía 20 años me di cuenta de que no la estaba pasando nada bien. Muchos lo llamaron ‘una crisis de la edad’, pero para mí fue el momento de seguir mi verdadera vocación. Me dije: ‘Los animales necesitan ayuda. ¿Qué puedo hacer por ellos?’”. Esa decisión marcó un antes y un después en su vida y la acercó al propósito que había soñado desde niña. Blair siempre había sentido un vínculo especial con los animales, en especial con los caballos, y decidió que esa pasión se convertiría en su prioridad. La fama ya no era un fin, sino un medio para poder dedicarse a lo que verdaderamente le importaba.
En 2003, fundó la Linda Blair WorldHeart Foundation una organización sin fines de lucro dedicada a rescatar, rehabilitar y reubicar animales maltratados y abandonados. No solo ofrece atención veterinaria y nutrición adecuada, sino también socialización, instalaciones seguras y, sobre todo, un entorno lleno de cariño y protección. A través de su labor, Linda se ha convertido en una activista respetada dentro del movimiento de bienestar animal, promoviendo la adopción, el voluntariado y la conciencia sobre la protección de los animales. Sobre su vida personal, Blair asegura: “No he tenido hijos biológicos, pero he criado y cuidado de cientos de animales que son mis hijos de corazón. Ellos me han enseñado paciencia, amor y responsabilidad mucho más que cualquier set de filmación”. Su hogar en Los Ángeles se ha transformado en un refugio para los animales que rescata.
Hoy, a sus casi 70 años, Linda Blair vive una existencia coherente con sus valores. Mantiene un estilo de vida vegano, ha publicado un libro sobre alimentación saludable y continúa liderando su fundación, que ha ayudado a miles de animales. Aunque nunca se casó ni tuvo hijos biológicos, los considera su verdadera familia y ha construido un hogar lleno de vida, amor y cuidado. Su historia demuestra que la fama puede ser efímera, pero que seguir tu verdadera vocación deja un impacto que perdura toda la vida. “Mi vida ha sido un viaje de transformación”, reflexiona Blair, “de ser una niña que aterrorizaba al mundo, pasé a ser alguien que busca protegerlo, aunque sea de una manera distinta”.








