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‘La residencIA’, la nueva película que advierte del peligro de la Inteligencia Artificial
Clarissa (Cècile de France) es una escritora que ingresa en una prestigiosa residencia de artistas –la Fundación Ludovico– para buscar inspiración mientras escribe una novela sobre los últimos días de Virginia Wolf. La residencia es un edificio inteligente que cuenta con la tecnología más vanguardista en IA, gracias a la empresa tecnológica CASA.
Todo va estupendamente hasta que Clarissa sospecha que Dalloway, la IA que le han asignado como asistente personal, recaba demasiada información emocional de ella, no se sabe bien con qué fin. Pero Clarissa no tiene claro si esta sospecha es una paranoia suya o si realmente la IA y CASA la están utilizando –y no al revés–.
El director francés Yann Gozlan, con amplia experiencia en thrillers psicológicos, decide sumarse a la moda de películas sobre los riesgos de la Inteligencia Artificial, como Singular (Gastesi, 2025) o La acompañante (Hancock, 2025), y también compartir con ellas sus defectos. Y el problema fundamental de estas películas es que parten de un planteamiento sugerente, pero luego no saben desembocar en un desenlace creíble y asumible. Que es lo que le pasa a La residencIA.
La película no aporta realmente ningún elemento novedoso en el debate sobre los límites éticos de la inteligencia artificial y de su uso por parte de grandes empresas. Sin embargo, pone el acento en la progresiva asimilación de lo humano por parte de la inteligencia artificial en el proceso de creación, o supuesta creación, de obras artísticas, en el caso que nos ocupa, de la escritura de una novela.
Otra cuestión ética que plantea la película es hasta qué punto los dispositivos que nos rodean van absorbiendo información –sin nuestro permiso consciente– no solo sobre nosotros mismos desde un punto de vista material, sino también sobre nuestra forma de discurrir, de deducir y de pensar; es decir plantea la posibilidad de que, sin saberlo, estemos contribuyendo a adiestrar y perfeccionar a la inteligencia artificial con vistas a que se asemeje progresivamente a lo humano.
Tráiler de La residencIA
Sin duda es este un problema real e interesante, que está inicialmente bien planteado en el film, pero que se contamina de todos los tópicos del thriller más previsible. En algunos momentos recordamos escenas de 2001, una odisea del espacio, protagonizadas por un rebelde ordenador Hal. Otro guiño a Kubrick está en el nombre de la Fundación, Ludovico, que era el nombre del proyecto de ingeniería social de La naranja mecánica. Todo el film gira en torno al personaje de Clarissa, nombre que también tenía la protagonista de El silencio de los corderos, que era una mujer manipulada por una inteligencia superior, la de Hannibal Lecter.
La puesta en escena es muy esencial, prácticamente desplegada entre las cuatro paredes de la residencia, atravesada de un aire muy tecnológico, aséptico, frío y funcional. Ello contribuye a la sensación de agobio claustrofóbico que va atrapando a la protagonista. El trabajo de Cècile de France es muy bueno, como siempre. Es el guion el que sabe a poco. La película se deja ver, mantiene la intriga, pero será fácil de olvidar.
