Entretenimiento
‘Aves de corral’, la película con aires del cine de Tarantino y humor negro a la española
Todo es caos en Aves de corral, la película con la que debuta como cineasta Antonio Vicent, porque así lo busca su joven director, que se encarga de ordenar el caos que él mismo ha imaginado previamente como escritor. De esa doble faceta, la de realizador y guionista, Vicent sale mejor parado en la primera, desde la silla de dirección, que en la segunda, desde el escritorio. Uno entra en este corral de comedia negra sin saber bien dónde está y siente que los personajes son como gallinas que quieren, y no pueden, salir del gallinero donde andan metidas.
Las gallinas son aquí ponedoras de problemas: los miembros de una banda quieren liquidar a un dirigente del CNI pero sus aviesos planes se tornan en su contra desde el principio en esta cinta con trazas del cine de Tarantino bañadas en surrealismo y aderezadas con una pizca de humor. La mezcla es explosiva y el artefacto termina por estallar en las propias manos del guionista y director quien, pese a ello, deja notas interesantes para el futuro.
Es justo reconocer que la empresa es arriesgada (y, solo por ello, ya digna de elogio) y más al tratarse de un debutante, pero también lo es que el viaje como espectador dista de ser placentero. La intención queda por encima del resultado a pesar del talento de sus actores. Porque sí resulta un placer ver a intérpretes como José Luis García-Pérez y Pedro Casablanc, que siempre mejoran al conjunto, y que aquí están bien acompañados por Diego Anido (La infiltrada), Chechu Salgado (Fariña) Antonio Durán ‘Morris’ (también en Fariña), Roberto Enríquez (Isabel, Hispania, la leyenda), Olivia Baglivi (Memento Mori), Roberto García (La casa de papel) y Belén Ecija (El vestido, el largometraje en el que ha compartido pantalla con su madre, Belén Rueda).
Estas gallinas (los personajes) se crían en libertad en pantalla pero se alimentan de un pienso –un guion deslavazado–, demasiado artificial. La película es fácilmente olvidable, pero se agradece que el ritmo, al menos, sea ágil y que su metraje, en contra de la tendencia actual, sea razonable y no alcance la hora y media. No necesitan más estos personajes que, como los de Pirandello, van en busca de autor.
