Economia
de historia de éxito a combustible cada vez más caro

A finales de 2024 se materializaron los riesgos de un déficit en el sector de gas, que se habían manifestado años atrás, para atender el mercado esencial, como el residencial, incluso en momentos en que ya se estaba importando este combustible para atender plantas generadoras de energía, en especial en la Costa Caribe.
Lo que empezó con apenas el 4 por ciento de importaciones de la demanda ha alcanzado cerca del 20 por ciento, unos 200 Giga BTU día. Y en este momento las tensiones tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán presionan los precios del petróleo y del gas natural.
Por ahora, Colombia no tendría problemas para cubrir las importaciones de gas, pues muchos contratos van hasta mayo. Sin embargo, si el conflicto se prolonga, podrían surgir dificultades.
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De hecho, un documento del Gestor del Mercado establece que para el año 2026 se identifica un faltante promedio que podría oscilar entre el 6 y el 16 por ciento, mientras que para el primer semestre de 2026, la demanda de gas natural podría estar cubierta, en promedio, entre el 88 y el 98 por ciento, lo que implica un faltante estimado entre el 2 y el 12 por ciento de la demanda.
Desde 2012, las reservas probadas han caído más del 60 por ciento, en un mercado en el que más de la mitad lo consumen las térmicas y las industrias.

El precio del gas se eleva cada vez más en el país. Foto: Montaje de El País
Una de las mayores preocupaciones ha sido el precio del combustible y el impacto que tenga en los consumidores. De hecho, esta semana la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) ordenó la devolución de más de 150.000 millones de pesos a los usuarios por un supuesto traslado de sobrecostos asociados a la tasa de descuento aplicada al transporte de gas natural. Promigas, TGI, Promioriente, Transmetano y Transoccidente respondieron que han aplicado de “manera estricta, transparente y rigurosa” la regulación y no han generado ni trasladado sobrecostos a los usuarios; por lo tanto, “no habría lugar a devoluciones”.
Pero las controversias en materia de precios no cesan. Hasta 2014 el precio estuvo regulado, pero en adelante se liberó a la espera de mayor inversión. El precio promedio del gas por millón de BTU tuvo en 2017 su menor nivel, cuando se ubicó en 2,9 dólares. Desde 2019 hasta 2022 se movió entre 5,6 y 6 dólares. Sin embargo, en 2023, ante las presiones en la oferta y el crecimiento de la demanda, empezó a producirse un déficit que se hizo evidente a finales de 2024 y fue necesario importar, razón por la cual los precios, en promedio, aumentaron en cerca de 76 por ciento, hasta los 10,6 dólares por millón de BTU e incluso ha superado en momentos esa barrera. El gas importado es más caro porque incurre en costos como la licuefacción, el transporte y la disponibilidad de terminales.

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La situación de precios es tal que ya algunas industrias han migrado a otros sustitutos, como el carbón o el gas licuado de petróleo. Según Naturgas, la industria nacional sustituyó 38,6 Giga BTU día por combustibles más contaminantes, aumentando en cerca de 164.000 toneladas adicionales de CO2 equivalente.
Solo en diciembre pasado, para el sector comercial, los precios se ubicaron cerca de los 13 dólares; para las transportadoras de gas, llegaron alrededor de los 12 dólares, mientras que en el caso de la industrial y residencial bordearon los 10 dólares. En la discusión entran temas relacionados con la firmeza y la entrega interrumpible de gas en distintos mercados: el primario, el secundario y el minorista.
Ecopetrol es el principal productor de gas en el país, y ante el incremento de los precios es uno de los más beneficiados, pues sus costos de producción, en campos maduros, son muy bajos; algunos los calculan cercanos a 1,5 dólares por millón de BTU. Precisamente, una de las caras de la moneda es si Ecopetrol ha tenido, como algunos han calificado, una actitud “oportunista” en materia de precios y no debería subirlos tanto, teniendo en cuenta la coyuntura y las necesidades de un servicio público y de una empresa estatal.
Para algunos, con 5 dólares es más que suficiente para cubrir los costos de producción de la mayoría de los campos en Colombia. Pero hoy en día se está vendiendo ese gas al costo del importado. Es decir, el gas más caro es el que está marcando el precio del gas doméstico.

El gas natural en Colombia, una historia de éxito que está encareciéndose cada día más. Foto: ADOBE STOCK
El gas natural en Colombia es una historia de éxito que desarrolló demanda, nuevos segmentos y usuarios, y permitió convertirse en un combustible más competitivo. Sin embargo, está entrando a una etapa con precios altos y la posibilidad de que la demanda migre.
“El Gobierno tiene la teoría de que los precios no se deben fijar por la unidad más costosa que se venda, pero ese discurso no se está cumpliendo en el caso del gas”, dijo un analista.
Ecopetrol se defiende y explica que está entregando gas a 9,8 dólares, pero el precio ponderado es de 6,5, porque vienen unos contratos firmados de años pasados con precios de 4,5 y 5 dólares por millón de BTU. Un argumento para su aumento del precio tiene que ver con el riesgo, pues si vende un contrato en firme y algo pasa en su pozo, tiene que ir a buscar el gas y comprarlo a 15 dólares. Además, la actividad exploratoria también es riesgosa y el porcentaje de éxito es limitado.
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Ricardo Roa, presidente de Ecopetrol, destaca que las tarifas son mucho más competitivas que el costo de oportunidad y que la importación en condiciones críticas por el SPEC (la planta regasificadora del Caribe). “Y si usted pone esos dólares por millón de BTU, cuando se firmaron esos contratos a una tasa de cambio de 4.800 pesos, que hoy está en 3.700, tiene un menor precio solo por tema cambiario”.
Señaló que en los últimos dos años y medio la empresa ha reducido en 15 por ciento su consumo de gas para optimizar su disponibilidad en el mercado. “Desde que llegué a esta compañía advertí que el gas no iba a faltar, pero sí sería más costoso”, dijo.

Ricardo Roa, Presidente de Ecopetrol Foto: JUAN CARLOS SIERRA-SEMANA
Por su parte, Byron Triana, vicepresidente de energías para la transición de Ecopetrol, manifestó que hay dos fuentes de gas: de producción y de sustitución. “Estamos poniendo sobre la mesa gas para ayudarle al mercado. El costo de ese gas de sustitución es más alto que un gas de producción”.
La otra cara de la moneda plantea un escenario distinto. “¿Qué pasa en un mercado que consume bienes y servicios? El precio lo impone el más costoso. La última unidad que se necesita para poder atender el mercado”, afirma un jugador. “Es decir, se van a paridad de importación. Ecopetrol no es una hermana de la caridad; además, se rige por el derecho privado. Probablemente no se va al tope de la paridad de importación, pero sube porque hay quien está dispuesto a pagar”.
Un exmiembro de la Creg señala que el valor de los commodities nunca se maneja con base en precios de producción. Los productores, dice, ponen su oferta disponible según los precios del mercado, en un escenario de oferta y demanda. “Hoy, lo más lógico es que el precio esté alto porque no hay gas”. Además, agrega que intervenir en cantidades es muy mala idea “y en precios es doblemente mala idea y espanta la inversión en el sector. Es peor que no hacer más contratos de exploración”.

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En el corto y mediano plazo, para atender la demanda que no está siendo cubierta, es necesario seguir importando. Ya hay varios proyectos de regasificación, uno en el Pacífico para atender el mercado del suroccidente, y Roa resalta que se verán mejores precios porque no será necesario transportar el gas por todo el país.
Otros proyectos de regasificación para gas importado también se plantean en el Caribe, con Ecopetrol como actor clave: ya sea compartiendo infraestructura –como en Ballenas, junto con TGI–; asociándose con otras empresas, por ejemplo con Frontera en un nuevo desarrollo; o impulsando iniciativas propias, como el proyecto en Coveñas. Sin embargo, es probable que no todos se concreten, pues el déficit podría cubrirse rápidamente. El reto será garantizar competencia y precios más competitivos.

“Desde que llegué a esta compañía advertí que el gas no iba a faltar, pero sí sería más costoso”, dijo Ricardo Roa. Foto: ADOBE STOCK
Pero hay una señal de largo plazo. Sirius, el proyecto emblemático de gas offshore, que se espera esté operando a principios de la próxima década, logró la comercialización de su gas. Pero, para algunos, se va a vender por fórmula a precios de gas importado. “El gas, a precio nacional, se acabó en Colombia. Adiós a los precios del gas doméstico”, dijo uno de ellos.
Roa explicó que no se puede dar el precio en Sirius hasta que se liquide la compra. “Hay unas fórmulas para cada uno de los productos que ofrecemos, ligadas a una porción variable supeditada al precio en el golfo de México y otra porción fija, que pretende remunerar las inversiones y los costos en que se incurre”.
En este contexto, bajar los precios requiere más oferta de gas. Pero también será clave asegurar contratos de importación a largo plazo, insistir en traer gas de Venezuela –hoy, jurídicamente, más viable– e incluso evaluar el fracking. Sin embargo, con las tensiones globales y el costo del gas importado, el mercado ya asume que los precios bajos del pasado difícilmente volverán. “El gas barato se acabó”, concluyó un importante jugador del sector.







