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Economia

Política y economía, una relación clave para Colombia

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Durante los 80 años de la posguerra, el mundo desarrolló esquemas de gobernanza económica, financiera y comercial para promover el crecimiento económico y prevenir conflictos.

El medio elegido para crecer y unir los distintos países fue la integración económica, que aumentaría el costo de los conflictos que surgieran y, así, prevendría nuevas guerras.

Este contexto generó inicialmente un dinamismo económico entre los países más desarrollados, que posteriormente adoptó un carácter más universal al fomentarse negociaciones multilaterales que dieron acceso a los países en desarrollo a mercados con alto poder adquisitivo.

Así, emergió una sinergia entre motivación política y realidad económica con grandes beneficios. Entre 1950 y 2025, el volumen del comercio mundial creció 43 veces (OMC) y la supremacía inicial de unos pocos países desarrollados dio paso a una expansión en la que los países en desarrollo representaron el 50% del comercio mundial.

Tanto la incursión rusa en Ucrania (2022) —recreó una postura política dominante del pasado pero insostenible para su economía— como el segundo gobierno de Trump —usa la economía como un instrumento de la política sin mediar otras consideraciones— han afectado la sinergia entre política y economía que permitió al mundo crecer y desarrollarse.

Este panorama plantea reflexiones sobre el crecimiento económico de Colombia. La primera es que la economía y la política deben acoger a un país diverso y complejo, en el que todo el territorio aporte empresas que generen riqueza y bienestar social.

Durante décadas, muchos estudios han intentado responder si el crecimiento es producto de la acumulación de capital, de la mano de obra calificada, de años de educación, del acceso a la tecnología, de la mayor productividad, entre otros factores.

Aunque se han hecho estudios comparando economías completas, así como estudios que analizan solamente hogares y territorios, y se ha contribuido a entender el crecimiento de los países, solo recientemente se ha identificado que los países que menos crecen tienen empresas productivas, pero que no expanden el empleo.

Además, estas empresas, en ocasiones, tienen también incentivos tributarios para no crecer, no tienen acceso fácil a créditos o sus despidos son costosos y legalmente difíciles.

Al ser una economía básicamente una red de empresas, los hallazgos indican que el hecho de que las empresas más productivas no crezcan hace que el capital y la mano de obra estén mal distribuidos, de manera que unos países se estanquen mientras otros crezcan.

Esto no le debe pasar a Colombia.
Segundo, para que el país crezca, se requiere privilegiar proyectos asociados a una infraestructura vial que conecte el país con su producción; que la salud de la población en todo el territorio se apalanque en el acceso al agua potable; y que se impulse la formación en nuevas tecnologías para la innovación y en ética ciudadana, para que el país sea no solo dinámico y educado, sino también “vivible”.

Finalmente, Colombia es un país donde el panorama fiscal de las regiones presenta oportunidades que no se tenían en los años 90, cuando los municipios y departamentos estuvieron altamente endeudados y con inversiones intrascendentes.

De la mano de las empresas productivas y con las prioridades señaladas, nuestra economía crecería muy por encima del promedio de los últimos años (2,7 %) y tendríamos recursos suficientes para invertir en mayor riqueza y en propósitos sociales sostenibles para los próximos 50 años.  

Catherine Pereira

Decana Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad de La Sabana.

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