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Frazier vs. Ali: El Duelo Eterno que Marcó la Historia del Boxeo

Se comentaba en los bares, en las peluquerías, en las redacciones de periódicos, en oficinas, talleres, clubes, en cualquier lugar y en el planeta entero. No existían teléfonos móviles ni internet ni ninguna de las innovaciones tecnológicas actuales. No eran imprescindibles. Quizás nunca un acontecimiento deportivo alcanzó este nivel de expectativa. ¿Podría un enfrentamiento de boxeo ser más significativo que una final de la Copa del Mundo de Fútbol? De hecho, pensamos que sí. Posiblemente, la final Inglaterra 4-Alemania 2 de 1966 no logró la resonancia del combate Ali-Frazier. Este se vivió intensamente desde meses antes y la discusión se prolongó durante años. El 8 de marzo de 1971, el mundo se quedó paralizado aguardando el desenlace de un evento cumbre del deporte. Se lo promocionó como “La pelea del siglo”, pero sobrepasó ampliamente esa etiqueta: fue el enfrentamiento de todos los tiempos. Todos nos pegamos al televisor.
Se unieron múltiples circunstancias. El boxeo disfrutaba de un periodo dorado, Estados Unidos producía una gran cantidad de fenómenos del ring y la categoría de peso pesado había dado a luz dos atletas colosales: Muhammad Ali, posiblemente el artista más impresionante, arrogante y brillante que haya visto un escenario deportivo de cualquier naturaleza. También el más provocador y hablador. Joe Frazier, un oso feroz, valiente y extremadamente entrenado, silencioso, correcto y capaz de resistir treinta rounds lanzando golpes feroces. Un metro 91 y 107 kilos para Ali, 1.81 y 104 kilos para Frazier; 29 años el primero, 27 el segundo. Ambos en su mejor momento. Fue como si se enfrentaran en una final Pelé y Maradona y el universo latiendo emocionado para ver quién era el más grande.
No obstante, el enfrentamiento trascendió lo pugilístico. Aportó un trasfondo social y racial, a pesar de que los dos eran de raza negra y provenían de raíces humildes. Ali, hasta 1964 conocido como Cassius Clay, se convirtió en un símbolo de la lucha ‘antiestablishment’. Había dejado fuera de combate a Sonny Liston, un temible exconvicto, y dominaba la escena. Anunciaba con irreverencia en qué round derribaría a sus rivales. Ya los desestabilizaba fuera del cuadrilátero con sus declaraciones. Su gracia y carisma nunca encontraron igual. Sin embargo, en 1967 fue reclutado para ir a la guerra de Vietnam y se negó. “No tengo nada en contra del Vietcong”, declaró. Y priorizó su fe musulmana. Ante su acto de desobediencia civil, se enfrentó a un juicio por desertión, le retiraron el título mundial y la licencia para boxear. Encarnó el movimiento pacifista y arriesgó una severa condena. Pero en 1970 fue autorizado a regresar a los cuadriláteros en algunos estados. Frazier, menos elocuente ante los medios, era el candidato de los blanco. Ambos eran invictos y campeones del mundo, Muhammad despojado de su título.
Frazier – Ali. Afiche en blanco y negro Foto:Suministrada
Durante el pesaje y en las conferencias de prensa anteriores, Ali ridiculizó a Joe, algo que este nunca perdonó hasta su fallecimiento. “En el ring será diferente”, reflexionaba Frazier. Un empresario ocasional -Jerry Perenchio- comprendió el potencial y aceptó pagarles 2,5 millones de dólares a cada uno, una suma astronómica para aquella época. Pelé no recibía al año ni el 10% de esa cantidad en el Santos. Los demás promotores afirmaban que estaba loco, no existía forma de recuperar tal dinero, sin contar los gastos de promoción y organización. “Me enteré de que este tipo, Jerry Perenchio, ofrecía 5 millones de dólares a los púgiles –contó el famoso Bob Arum– y me reí. Era una broma. Pensé queera un clown de Hollywood. Lo deseché. No era viable.”
Sin embargo, Perenchio, a pesar de no contar con recursos, tenía el proyecto en mente. Logró asociarse con un inversionista adinerado, Jack Kent Cooke, propietario de los Lakers, y lo persuadió para que invirtiera. Se hizo con el acuerdo. Antes, los ingresos se limitaban a la taquilla en el estadio y a los 5 dólares que se cobraban en los cines por presenciar el combate en pantalla gigante. Perenchio prohibió la difusión de la pelea en radio y televisión para Estados Unidos –aunque sí para el resto del mundo– y estableció un precio exorbitante para las entradas de cine: 25 dólares. La fecha de la pelea fue un sábado, pero Frazier-Ali ocurrió un lunes, que era el día más tranquilo para los cines. Resultado: los entusiastas se disputaban las entradas y, por otro lado, el Madison Square Garden de Nueva York rebosó: 20.455 personas, con las entradas al lado del ring a 150 dólares y el gallinero a 20. La transmisión internacional se realizó por circuito cerrado a 50 países con una audiencia estimada de 300 millones, un récord para cualquier evento televisivo en esa época. Perenchio, un hombre del espectáculo, reunió a una decena de artistas invitados como Frank Sinatra, y la promoción previa, con Ali menospreciando a Frazier, hizo el resto. Resultó ser un negocio monumental.
Posteriormente, se produjo un enfrentamiento épico. La técnica inigualable de Ali chocó contra el ímpetu y la formidable fuerza de Smokin Joe, como se le conocía. Se requería mucho valor para entrar en un cuadrilátero con Frazier. Y resistir quince rounds de tres minutos. El mundo se dividió. Los periodistas y fotógrafos de El Gráfico organizaron una apuesta para ver quién se llevaba la victoria, así estaba la situación en todas partes. Se llevó a cabo la pelea esperada: Frazier a la ofensiva, buscando el cuerpo a cuerpo para conectar sus devastadores zurdazos al hígado y también a la cabeza; el genio intentando mantener la distancia para sus golpes quirúrgicos, siempre enfocados en el rostro. Era tan preciso que ya en el cuarto asalto el rincón de Joe empezó a trabajar en su ojo izquierdo, adormecido.
Los primeros tres asaltos fueron parejos, en el cuarto Joe conectó dos zurdazos curvados a la mandíbula de Ali que hicieron levantar el “uuuuuuhhhhh…” de la audiencia. Frazier avanzaba como un toro y era una metralla lanzando golpes, forzando a Ali a adoptar una postura defensiva, pero, aun defendiendo, su talento le permitía conectar con manos precisas. La cuestión era cuánto podría soportar Frazier un ritmo tan intenso. En el sexto, Joe empezó a sentir que podía ganar, después de que sus brazos, que parecían troncos, descargaran una lluvia de golpes en el bailarín, que ya no danzaba.
La contienda –eso era– mantuvo la intensidad hasta el final. Clay-Ali mantuvo su precisión quirúrgica en los golpes, lanzaba diez y conectaba nueve. Frazier erraba más, pero lanzaba cien y lograba impactar veinte. Su gancho de izquierda, capaz de noquear a un caballo, envió a la lona a su verdugo en el decimoquinto. Ali se levantó, pero la caída selló el veredicto de los jueces, que dieron como ganador a Frazier por unanimidad. Si antes generaba pasiones divididas, tras el fallo la división fue aún mayor. “Si lo mandó al hospital…”, protestaban los seguidores de Ali. En realidad, ambos fueron a la guardia tras una feroz pelea.
El combate de todos los tiempos originó la salida de El Gráfico de El Veco, un destacado cronista que alcanzó el éxito en Uruguay, Argentina y Perú. El Veco envió desde el Madison una extensísima nota en la que ignoraba la victoria de Frazier ya desde el título, contundente: ‘TRES JURADOS DERRIBARON UNA ESTATUA’. En lenguaje sencillo significaba que le habían robado el triunfo. No negaba la fortaleza física y mental de Frazier, valoraba su valentía y su ataque constante, aunque insinuaba el superior talento boxístico de Cassius Marcellus. Era totalmente comprensible por la fascinación que ejercía Clay con su estilo único, la estética y perfección de sus golpes limpios y precisos. En Buenos Aires, el director leyó la nota ya con la revista en proceso de impresión y dio la legendaria orden de “paren las máquinas”. Comprendía que era un desatino y un desprestigio para El Gráfico negar la victoria de Frazier. Ya se habían impreso 16.000 copias. Se modificó el comentario y el nuevo título fue ‘CAYÓ UNA ESTATUA’. Única vez en casi un siglo que la revista tuvo dos versiones en una misma edición.
Último tango
JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO
@JorgeBarrazaOK







