Economia
Perspectivas de María Claudia Lacouture: Un camino sin margen de error

La reelección de Donald Trump como mandatario de Estados Unidos ha amplificado tendencias globales hacia el proteccionismo, la disminución del multilateralismo y la prevalencia de relaciones bilaterales. Estas estrategias están orientadas a fortalecer la economía norteamericana, limitar la migración y contrarrestar la influencia de China en América Latina.
En este escenario, las relaciones políticas y comerciales se han entrelazado aún más, impactando directamente a naciones como Colombia, disminuyendo los márgenes de maniobra y reduciendo las oportunidades para cometer errores, lo cual obliga a priorizar el enfoque diplomático y a aplicar pragmatismo en la búsqueda de oportunidades.
La administración Trump ha puesto en práctica medidas que perjudican y podrían perjudicar aún más, y de forma significativa, a Colombia. El reciente incidente desafortunado del 26 de enero colocó a Colombia en el radar de EE. UU., sirviendo además como un ejemplo para otras naciones sobre hasta dónde puede llegar el Gobierno estadounidense para conseguir sus metas sin que ello implique un impacto palpable en su economía.
No obstante, esto también evidenció la relevancia y la magnitud de las relaciones con EE. UU. para la economía colombiana, una asociación establecida a lo largo de más de dos siglos con notables beneficios para los productos colombianos en ese mercado y el desarrollo económico mediante la inversión y la cooperación.
Entre las directrices ejecutivas emitidas este año por Estados Unidos existen hitos cruciales a considerar: el 14 de marzo se implementó la imposición de aranceles al acero y aluminio, que afecta a más de 235 empresas colombianas, cuyas exportaciones ascienden a más de 710 millones de dólares; para el 1.º de abril está programado el examen sobre la petición del presidente Trump a su equipo para establecer nuevos aranceles a bienes agrícolas y sectores como el automotriz, el farmacéutico y el de semiconductores, con tarifas recíprocas entre el 10 y el 20 por ciento.
Además, se evaluarán políticas fiscales como los impuestos a servicios digitales. Asimismo, el 1.º de septiembre de 2025 se dará a conocer la lista de países que podrían ser descertificados el 1.º de marzo de 2026, con todas las repercusiones que esto conlleva para Colombia, incluyendo la posibilidad de sanciones económicas y su correspondiente impacto negativo en la inversión extranjera.
Ante los hitos mencionados del 14 de marzo, del 1.º de abril, del 1.º de septiembre y del 1.º de marzo, y considerando la tensión desencadenada el 26 de enero, resulta esencial que Colombia potencie su diplomacia empresarial con un enfoque estratégico y adecuado al nuevo contexto mundial.
Se anticipa que las tensiones persistirán y el riesgo de una crisis mayor continúa latente, por lo que es necesario contar con una estrategia independiente que permita configurar un amortiguador frente a posibles sanciones y decisiones desfavorables a los intereses colombianos.
Aunque Colombia ha trabajado en este ámbito y la manera, los mensajes y los actores han evolucionado, es fundamental un enfoque renovado que priorice el interés nacional y la estabilidad comercial. Pensar en grande y en el futuro del país es prioritario para asegurar que las acciones políticas no impacten negativamente en el desarrollo empresarial y el comercio exterior. La diplomacia empresarial debe actuar con celeridad, enfocándose en mitigar riesgos y maximizar oportunidades en la relación con EE. UU.
Por lo tanto, resulta inaplazable trabajar como nación, en unidad y de manera coordinada para defender los beneficios y resultados de la relación con EE. UU. y mitigar el efecto de posibles tensiones entre ambos países.
mediante la acumulación de esfuerzos y acciones, con perspectiva estratégica. Es fundamental distinguir lo comercial de lo político, consolidar el mensaje, reconocer interlocutores clave y optimizar el impacto en la relación binacional.
No podemos actuar de manera improvisada ni restarle importancia. Se requiere un plan claro, concretado y coordinado en el cual el sector privado actúe como vanguardia y participe activamente en la exploración de diversas oportunidades, en la expansión de nuevos mercados, en la diversificación y sofisticación de los productos, además de la implementación de acciones conjuntas en diferentes áreas a todos los niveles dentro de EE. UU.
No hay cabida para divisiones ni aprovechamientos políticos. Al contrario, ha llegado el momento de consolidar un mensaje constructivo, realista y conciliador; es esencial ser proactivos, no reactivos. Colombia no debe considerarse un riesgo, sino una oportunidad. Por ello, desde la Cámara Colombo Americana (AmCham Colombia) se ha organizado y sugerido una estrategia diplomática integral en la que todos, asociaciones, empresarios, gremios y otros sectores sociales y académicos, puedan contribuir, mejorar y colaborar para defender los intereses del sector productivo.
La invitación al sector empresarial es clara: debemos unir fuerzas, apoyarnos y coordinar nuestras estrategias. Las oportunidades son escasas y cada acción debe ser precisa para generar impacto. Es esencial determinar el momento propicio, los actores claves y los aliados estratégicos para cada acción. No hay margen para errores y la efectividad en este proceso dependerá de la planificación y la ejecución coordinada, asegurando que las decisiones se adopten con base en un análisis riguroso y una visión a largo plazo.
MARÍA CLAUDIA LACOUTURE
Presidenta de AmCham Colombia






