Economia
Colombia experimenta un impulso del 13,8 % en ventas de autos nuevos en abril, aunque aún distantes de los picos de 2014.

El ámbito automovilístico colombiano concluyó abril con indicadores favorables y un rendimiento sobresaliente. En este mes, se registraron 17.430 automóviles nuevos, lo que significa un aumento del 13,8 por ciento en comparación con el mismo periodo de 2024.
En el total acumulado de 2024, las transacciones alcanzaron las 67.304 unidades, reflejando un ascenso del 20,4 por ciento en relación con el mismo periodo del año anterior.
A pesar de que estas cifras demuestran una recuperación, el mercado todavía permanece por debajo de los niveles logrados en 2014, cuando se sobrepasaron las 320.000 unidades anuales.
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Asimismo, Colombia presenta un rezago frente a naciones como Argentina, cuya recuperación ha sido más robusta.
Según Andemos, la falta de una política pública coherente y estable sigue siendo un obstáculo para el desarrollo continuo de una industria fundamental, que genera empleo, impulsa la modernización del parque automovilístico y responde a las crecientes necesidades de movilidad de la ciudadanía.
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Uno de los elementos más significativos del mercado en 2025 ha sido el incremento constante de los vehículos de bajas emisiones. Esta inclinación, que se ha reafirmado desde 2023, posiciona a Colombia como uno de los países líderes en la transición energética en América Latina.
Solo en abril se registraron 5.535 unidades con tecnologías limpias, lo que representa cerca del 38 por ciento del total del mercado.
Firmas como Suzuki, Mazda, Toyota y Byd se mantienen dentro del top 10, y ya tres modelos híbridos eléctricos lideran las ventas mensuales.
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“Este resultado es especialmente significativo, refleja la confianza de la ciudadanía en la solidez de las marcas que se comercializan en el país, ya que se produce en un contexto de incertidumbre regulatoria”, indicó Andrés Chaves, presidente ejecutivo de Andemos.
Además, destacó que el sector enfrenta dificultades derivadas de la implementación de nuevos reglamentos técnicos, modificaciones en la política de chatarrización, pérdida de beneficios arancelarios y tensiones comerciales con países socios como México y Brasil, así como los efectos de la guerra comercial que afecta al sector a nivel global.







