A las cinco de la mañana, cuando la bruma del Caribe aún no se despeja y los primeros autobuses de la Terminal de Transportes de Cartagena apenas calientan motores, habitantes del sector Doña Manuela hallaron un cuerpo sin vida entre la maleza.
En una zona enmontada y solitaria, donde el progreso de la ciudad se desvanece en rastrojos, el cuerpo de un hombre yacía como el punto final de una vida apagada con pólvora.
El reporte civil que llegó a las patrullas de la Policía Metropolitana fue escueto pero certero: había un Cadáver con signos de violencia.
Al llegar al sitio, los uniformados no encontraron pulso, pero sí el rastro de varios impactos de bala que marcaban el torso de la víctima. No hubo testigossolo la indiferencia de un paraje apartado como un retrato del olvido.
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La ciencia tras el nombre
Crimen: imagen publicada para ilustrar noticia. Foto:iStock
El cuerpo, inicialmente anónimo y envuelto en el misterio de la madrugada, fue trasladado a la sede de Medicina Legal en el barrio Zaragocilla.
Allí, lejos del lugar del crimen, comenzó el minucioso trabajo de los peritos forenses. Ante la ausencia de documentos, la ciencia tuvo que identificar al muerto.
A través de la necrodactilia, el cotejo de las huellas dactilares únicas e inmutables del cadáver con los registros de la tarjeta decadactilar del Estado, los expertos lograron ponerle nombre a la tragedia.
El Sistema de Información Red de Cadáveres y Desaparecidos (SIRDEC) arrojó un resultado positivo y fehaciente: el hombre era Israel Antonio Pérez García, natural de Cartagena.
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Un pasado a cuestas
Para los investigadores judiciales, la identificación de Pérez García no fue solo un trámite; fue el hallazgo de un perfil marcado por el conflicto. Israel Antonio no era un desconocido para el sistema penal colombiano. En su historial reposaban cinco anotaciones judiciales que dibujaban una trayectoria de violencia y transgresión: delitos de homicidio, tráfico de estupefacientes y violencia intrafamiliar.
Este prontuario se convierte ahora en la principal línea de investigación para las autoridades, quienes analizan si el macabro hallazgo en Doña Manuela responde a un ajuste de cuentas oa las dinámicas de las estructuras criminales que se disputan el control de las zonas aledañas a la Terminal.
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El rigor de la ley
La identificación de Pérez García siguió los protocolos más estrictos de la ley colombiana. Mientras que métodos secundarios como cicatrices o tatuajes ayudan a orientar la búsqueda, Medicina Legal solo certifica la identidad mediante métodos primarios como la dactiloscopia, la carta dental o, en casos más complejos, el ADN. En este caso, el dibujo de sus dedos fue suficiente para confirmar quién era el hombre que alguien decidió silenciar bajo la sombra del monte.
Cartagena despierta hoy con un homicidio más en sus estadísticas, pero en los laboratorios de Zaragocilla, el caso de Israel Pérez García queda como un recordatorio del rigor científico que busca, al menos, darle un nombre a quienes la violencia intenta borrar.
Además, te invitamos a ver nuestro documental:
Documental de la periodista Jineth Bedoya. Foto:
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