La precariedad laboral se ha transformado en la amenaza principal para los sistemas de ahorro individuales en América Latina. Con más de la mitad de la población activa fuera de la oficialidad —51,7 por ciento según la Organización Internacional del Trabajo (OIT)— la región se encuentra atrapada en un ciclo negativo: trabajadores que no contribuyen de forma constante, niveles de contribución (el tiempo que una persona aporta al sistema de seguridad social durante su trayectoria laboral) muy reducidos y, como resultado, pensiones autofinanciadas (fondos de ahorro individual obligatorios) insuficientes.
Colombia, con un 56,1 por ciento de precariedad laboral, se sitúa en el epicentro del problema y es uno de los países donde más claramente se manifiestan las consecuencias de esta situación, según lo revela el informe más reciente de la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones (FIAP).
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“La escasa densidad de contribución originada por la informalidad dificulta la acumulación de los recursos necesarios para asegurar pensiones autofinanciadas adecuadas”, advierte el análisis. El diagnóstico es contundente: el trabajador promedio latinoamericano contribuye menos de la mitad del tiempo que un trabajador europeo, lo que restringe drásticamente su capital acumulado para financiar una pensión adecuada.
Por tal motivo, abordar la informalidad se presenta como una de las respuestas más importantes para evitar que el problema se agrave en el futuro. No es lo único; también es necesario incentivar a las personas a contribuir a su pensión desde una edad temprana, ajustar los parámetros del sistema pensional con criterios técnicos y ampliar la cobertura no contributiva.
A pesar de que el promedio regional es elevado, las disparidades entre países son significativas. Chile y Uruguay muestran los niveles más bajos de informalidad (27,5 y 28,5 por ciento, respectivamente), mientras que Bolivia y Perú presentan los más altos (84,5 y 72,1 por ciento). Colombia, México (55,5 por ciento) y República Dominicana (54,7 por ciento) se encuentran en un punto intermedio, pero en niveles igualmente alarmantes.
Precariedad en Colombia, México (55,5 %) y República Dominicana (54,7 %), en niveles críticos. Foto:Archivo particular
En su análisis, la Fiap destaca que el problema no se limita a la falta de contribuciones. La informalidad también conlleva “ausencia de protección social, derechos laborales reducidos y limitaciones en el acceso a servicios esenciales como salud, educación
y formación”. Adicionalmente, en la mayor parte de las naciones, los programas no contributivos no logran subsanar esas deficiencias.
En Colombia y Uruguay, por ejemplo, cerca del 70 por ciento de los empleados informales reciben algún tipo de asistencia no contributiva, mientras que en otros como Costa Rica (7,5 por ciento) y Honduras (6,9 por ciento) la cobertura es escasa. Esto amplía la diferencia en protección y deja a millones de trabajadores en una vejez desprotegida.
Los contextos
El informe recrea diferentes contextos para analizar cuánto mejorarían las pensiones autofinanciadas si América Latina lograra aproximarse a los estándares de los países desarrollados.
El primer contexto aumenta la densidad de cotización al nivel medio de la Unión Europea: 92,3 por ciento del tiempo laboral. Según el estudio, eso incrementaría las tasas de reemplazo en todos los países evaluados, pero de manera particular en Colombia.
“Aumentar el tiempo de cotización al promedio europeo haría que las tasas de reemplazo se incrementaran en 24 puntos porcentuales en Colombia para los hombres y 18 puntos porcentuales para las mujeres”, subraya el documento. Este es el aumento más elevado entre Chile, México, Perú y Uruguay.
En un segundo contexto, además de aumentar el tiempo de cotización, se incrementaría la tasa de aporte al nivel de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) (18,2 por ciento) y se uniformizaría la edad de jubilación en 65 años. En este caso, Colombia también se destaca con mejoras significativas: 60 puntos porcentuales para hombres y 64 puntos porcentuales para mujeres. Con esas modificaciones, la brecha respecto a las pensiones europeas se reduciría considerablemente.
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El análisis es evidente: en Colombia no solo se cotiza insuficientemente, sino que se aporta poco dinero y se contribuye durante muy pocos años, lo que explica la baja capacidad de autofinanciar pensiones superiores al salario mínimo.
Advertencia por los jóvenes
Para la Fiap, la desventaja de los jóvenes en el mercado laboral es un motivo de alerta mayor. La organización indica que la informalidad juvenil alcanza el 60 por ciento, y que los trabajadores entre 20 y 30 años están tardando más en comenzar a contribuir. Esto, advierte el informe, tiene un efecto desproporcionado debido al papel de la rentabilidad compuesta. “Retrasar el inicio de las cotizaciones tiene un efecto negativo considerable sobre el monto final de las pensiones”, señala.
La evidencia lo respalda: no cotizar durante los primeros diez años de vida laboral disminuye la tasa de reemplazo entre 5 y 16 puntos porcentuales para hombres y entre 5 y 13 puntos porcentuales para mujeres, dependiendo de la nación. En Colombia, la caída es una de las más severas: hasta 15,6 puntos porcentuales para los hombres.
Retrasar el comienzo de las cotizaciones tiene un efecto adverso sobre el monto de las pensiones. Imagen:Guillermo Herrera. Archivo El Tiempo
No obstante, incluso si las lagunas previsionales son idénticas, el momento en que ocurren es relevante. Si en los primeros diez años se cotiza cero, el impacto es más significativo que si esos vacíos se distribuyen a lo largo de la carrera laboral. En este aspecto, Colombia se posiciona nuevamente entre los países más perjudicados, según el informe.
no aportar durante la primera década de la vida laboral disminuye la tasa de reemplazo entre 5 y 16 puntos porcentuales para los varones y entre 5 y 13 puntos porcentuales para las féminas, dependiendo de la nación. En Colombia, la disminución es una de las más drásticas: hasta 15,6 puntos porcentuales para los hombres.
Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones Gremio
La FIAP subraya que las disparidades en las tasas de reemplazo entre América Latina y la OCDE no son atribuibles solo a la informalidad. También inciden factores estructurales que en la región permanecen rezagados: “elementos como la tasa de cotización y la edad de retiro influyen de manera crucial en el nivel de las pensiones”.
Actualmente, la cotización obligatoria en Colombia es del 16 por ciento, inferior al promedio de la OCDE, y la edad de jubilación (57 años para mujeres y 62 para hombres) también está por debajo de la norma internacional. Ajustar estos parámetros de manera técnica y gradual, sostiene la FIAP, sería vital para mejorar las pensiones autofinanciadas.
Alternativas para Colombia y la región
El estudio enfatiza que la solución no radica en una única medida aislada. La región requiere avanzar en cuatro áreas fundamentales:
1. Disminuir la informalidad laboral.
La FIAP sostiene que “la reducción de la informalidad debe constituirse como un propósito principal de las políticas públicas”. Para Colombia, esto significa simplificar los costos laborales, reforzar la inspección y establecer mecanismos efectivos de transición de la informalidad a la formalidad para micro y pequeñas empresas.
2. Promover el inicio temprano de la cotización.
La organización alerta que el retraso en la afiliación juvenil conlleva pérdidas irreparables en el ahorro total. Iniciativas que fomenten la cotización desde los primeros empleos —como aportes automáticos, cotización a través de plataformas o esquemas de microahorro previsional— serían fundamentales.
3. Modificar parámetros del sistema pensional con criterios técnicos.
La Federación, en su informe, sugiere crear una institución independiente que realice ajustes automáticos cuando las condiciones demográficas cambien. “Es vital contar con una institución técnica que aísle estos ajustes de la discusión política”, destaca el estudio.
4. Ampliar la cobertura no contributiva para cerrar desigualdades.
Aunque Colombia ha avanzado con programas como Colombia Mayor, millones aún permanecen excluidos. La entidad propone extender el alcance para aquellos que nunca lograron cotizar.

