El Arsenal regresaba a la Champions con la obligación de reafirmar su jerarquía en un grupo que lo había visto crecer jornada a jornada, y lo hizo en el siempre incómodo Jan Breydel Stadion, donde el Brujas aspiraba a apoyarse en su gente para frenar al equipo más en forma del momento. El guión apenas dejó espacio para la duda: triunfo contundente por 0-3, un ejercicio de autoridad desde el primer minuto que dispara al Arsenal hacia los octavos de final con solvencia.
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