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La segunda fase de lluvias arribó a Cundinamarca con una intensidad no observada desde hace años. Conforme a la Unidad Administrativa de Gestión del Riesgo de Desastres del departamento, durante octubre y noviembre, las precipitaciones rebasaron en más de un 30% los registros históricos. Este aumento, acumulado en un lapso tan reducido, es la causa de la serie de emergencias que actualmente se expande por la región: viviendas destruidas, caminos inaccesibles y familias que aún no saben cómo reconstruir lo que han perdido. Sin embargo, ningún incidente refleja mejor la magnitud de esta temporada de lluvias que lo sucedido el lunes 17 de noviembre en Silvania.
El director de Gestión del Riesgo de Cundinamarca, William Eduardo Rozo Vargas, narra lo sucedido sin adornos: “Hubo lluvias prolongadas en la parte alta de las quebradas Yayatá y El Hato, lo que provocó un aumento repentino de los caudales y una creciente repentina”.
Ese cambio inesperado —que no permite reacciones ni evacuaciones— golpeó primero la zona de la vía hacia los condominios, donde cinco viviendas levantadas en un área vulnerable quedaron arrasadas. Los cimientos no soportaron el caudal y los materiales —tablas y tejas de zinc— flotaron o se desintegraron en cuestión de segundos.
De acuerdo con el censo preliminar, allí habitaban cerca de 60 personas. Ocho se encuentran actualmente en un albergue temporal; los demás debieron trasladarse a casas de familiares bajo el “plan padrino”, mientras inicia el proceso de atención a la emergencia.
Un automóvil atrapado y una búsqueda a contrarreloj
Así quedo el vehículo arrastrado por la corriente. Foto:archivo particular
La segunda embestida se presentó en la quebrada El Hato y fue la más destructiva. Sobre un puente, el nivel del agua subió de manera fulminante hasta sobrepasar la rodadura. Un automóvil en movimiento fue atrapado por la corriente y llevado sin control. En su interior viajaban cinco personas. Lo que debía ser un trayecto breve —desde el municipio de Tibacuy hacia Silvania— se convirtió en un desastre que actualmente mantiene en zozobra a autoridades y familiares.
Los organismos de emergencia lograron rescatar con vida a un joven de 25 años. Fue trasladado al hospital de Silvania, donde está recibiendo atención médica y psicológica. Alrededor de la medianoche, los equipos de búsqueda encontraron el cuerpo de un adulto mayor de más de 50 años. Horas antes, también se había recuperado el cuerpo de otra de las personas que viajaban en el automóvil.
No obstante, tres individuos permanecen desaparecidos: un adolescente de 16 años y dos adultos de entre 20 y 45 años. Equipos especializados prosiguen la búsqueda aguas abajo de la quebrada El Hato con la esperanza de hallarlos pronto.
“Son personas que visitan ocasionalmente el municipio; no residen en la zona”, explicó Rozo. Esta circunstancia resalta la naturaleza impredecible de la situación: no eran residentes establecidos en áreas vulnerables ni personas que frecuentemente se aventuran en regiones ribereñas. Era una familia que simplemente estaba viajando por carretera. La emergencia los sorprendió en el preciso instante y lugar donde el caudal se desbordó.
Un departamento entero bajo presión climática
Silvania no es un caso aislado, sino uno de los rostros más dramáticos de un problema extendido en Cundinamarca. La región del Gualivá también reportó daños severos: de manera abrupta se interrumpió la movilidad entre Quebrada Negra
y la ruta principal hacia Villeta. Antes del peaje de Caiquero, otra bloqueó gradualmente la carretera nacional y tuvo que ser intervenida con maquinaria de la concesión. A esto se añaden daños en caminos terciarios y departamentales que continúan surgiendo a medida que las lluvias avanzan sobre una topografía inestable.
Rozo menciona que el equipo del contrato de emergencias del departamento, gestionado con el Instituto de Infraestructura y Concesiones de Cundinamarca (ICCU), se encuentra desplegado en los puntos críticos. Sin embargo, la alerta es constante: tormentas intensas, movimientos en masa y crecidas súbitas pueden manifestarse en cualquier instante mientras persistan las precipitaciones.
Las predicciones del IDEAM señalan que esta segunda etapa de lluvias se extenderá hasta mediados de diciembre. Después se presentará un periodo conocido como ‘falso verano’: disminución en la precipitación, pero riesgo de heladas e incendios forestales, otra amenaza cíclica para el inicio del año.
El principio de autoprotección como un llamado urgente.
Aunque los organismos del departamento y la Nación mantienen la vigilancia activa, el director es claro en un mensaje que se insiste en repetir cada temporada: la gestión del riesgo comienza en el hogar. “El llamado es a estar informados, consultar los pronósticos del IDEAM y permanecer atentos a las alertas que emitimos a diario”, señaló. También pidió evitar actividades recreativas en ríos y quebradas, incluso en días aparentemente soleados, ya que las lluvias tienden a concentrarse en las partes elevadas y sus efectos se sienten kilómetros más abajo sin previo aviso.
La recomendación se amplía al cuidado de viviendas y terrenos: observar la aparición de fisuras, alteraciones subterráneas en el suelo o filtraciones; reportar a las autoridades sin esperar a que ocurra una emergencia. Durante la temporada invernal, cualquier indicio previo puede marcar la diferencia entre daños materiales y pérdidas humanas.
Mientras las lluvias persisten, Silvania se convierte en un símbolo de esta temporada de invierno: hogares destruidos, familias desplazadas y una búsqueda que se niega a rendirse. Las autoridades no cesan en su esfuerzo, pero también son conscientes de que la naturaleza marcará el compás. En medio de la devastación y la incertidumbre, el mensaje es uno: el riesgo no puede eliminarse, pero sí puede anticiparse.
CAROL MALAVER
SUBEDITOR BOGOTÁ
Escriba a carmal@eltiempo.com
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