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Sabor colombiano al instante: La revolución culinaria de Bacu

· noviembre 14, 2025 · 9 min de lectura



En Bogotá ya es habitual escuchar: “pidámonos un Bacu”. Para muchos, esta franquicia se ha transformado en sinónimo de comida sabrosa, equilibrada y veloz, sin la necesidad de gastar de más. Tras este fenómeno se encuentra Stephanie Gómez, una oriunda de Cali que decidió emprender una iniciativa que hoy avanza a un ritmo acelerado. Desde su creación en 2022, Bacu ha evolucionado de ser un pequeño grupo con una cocina inicial a operar decenas de locales y miles de pedidos mensuales, apoyado por tecnología, datos, proveedores locales y una visión clara: transformar la forma en que se alimentan los colombianos.

Stephanie, ¿cuáles eran tus platillos favoritos –o lo que disfrutabas cocinar– en tu infancia?

Desde muy pequeña supe que la comida simbolizaba amor. En mi hogar, todo giraba en torno a la mesa: las celebraciones, las charlas significativas, e incluso los momentos complicados. Mis platos preferidos siempre han sido las lentejas y el sancocho de gallina, ya que soy caleña y esos sabores son parte de mi identidad. También disfrutaba mucho de las empanadas; eran como un ritual familiar. Yo comía prácticamente de todo, nunca fui exigente. Creo que esa apertura ha influido directamente en Bacu: quisimos ofrecer una amplia variedad de opciones, donde cualquiera pueda hallar algo que le encante, que le nutra adecuadamente y que no le quite tiempo.

Antes de iniciar Bacu, ¿en qué laborabas y qué aprendizajes te llevaste al momento de emprender?

Soy administradora de empresas y trabajé varios años en una firma que ayudaba a cientos de restaurantes a expandirse mediante cocinas ocultas y marcas digitales. Esa vivencia fue una escuela extraordinaria: observé de cerca la industria culinaria, pero desde otro enfoque, el de la operación, la estandarización, la tecnología y la expansión rápida. Recorrí toda la región apoyando a marcas en su crecimiento en diferentes ciudades y países. Comprendí cómo escalar operaciones sin sacrificar la consistencia, cómo utilizar los datos para tomar decisiones en lugar de basarse en corazonadas, cómo gestionar costos y asegurar calidad incluso a gran escala.

¿Qué fue lo que te impulsó a dar el paso y lanzar Bacu?

Fue una combinación entre una necesidad personal y una clara visión de oportunidad. Yo viajaba mucho por trabajo y siempre me topaba con la misma dicotomía: si quería comer equilibrado, tenía que gastar más de lo que podía, y si deseaba algo rápido, terminaba comiendo en lugares que no me nutrían lo suficiente. Mis socios y yo pensamos: “Hay un segmento que no está siendo atendido como debería”. Queríamos ofrecer comida equilibrada, deliciosa, que alimente cuerpo y alma, pero también eficiente, accesible y conveniente. Además, había un componente emocional muy significativo. En mi familia, la alimentación es una expresión de amor, pero también de prevención: una alimentación consciente es esencial para llevar una vida saludable y prevenir numerosas enfermedades.

Y tomaste la decisión…

Sí, pero te confieso algo que no es menor: decidí emprender cuando tenía un mes de embarazo. No existe un momento perfecto para lanzarse. Quería que, si algún día les contaba esta historia a mis hijos, fuera una historia de orgullo: que supieran que su mamá asumió riesgos por un sueño. Así nació Bacu en 2022, con un equipo pequeño y un objetivo enorme: alimentar adecuadamente a millones de personas.

Emprender nunca es sencillo. ¿Cuál fue el primer gran reto que enfrentaste?

El primero fue lanzarme sin sentirme “preparada”. Tenía un embarazo temprano y mil dudas: ¿podría compaginar la maternidad, ser esposa, hija, líder de un equipo y emprendedora a la vez? El segundo fue el temor a que a las personas no les agradara el producto. Teníamos mucho en juego. Para enfrentarlo, nos aislamos durante dos meses en una cocina para desarrollar platos, degustar, ajustar y volver a degustar. Mientras

desarrollábamos los primeros espacios físicos, introdujimos dos marcas digitales con el mismo menú, como una prueba silenciosa. En tres meses conseguimos entre 40.000 y 50.000 pedidos, y comenzamos a notar claramente que había aprobación. Las cifras nos indicaron que la oferta era efectiva. Esto nos otorgó una gran confianza para inaugurar el primer local físico con menos dudas.

¿Y cuándo fue ese primer instante en que dijiste: “Esto va bien”?

Hubo dos señales muy claras. La primera se dio cuando inauguramos los primeros locales y la gente empezó a abarrotar el lugar desde el primer día. Las filas, las demoras en los agregadores digitales, la repetición de clientes… era obvio que estábamos solucionando algo real. La segunda llegó a través de los mensajes de nuestros consumidores. Personas que comentaban: “Antes almorzaba cualquier cosa y me sentía pesado; ahora sé que en 25 minutos puedo disfrutar algo que me nutre y continuar con mi día”. Otros casos aún más impactantes: personas diabéticas o con problemas de obesidad que encontraron en Bacu una alternativa que les permitió modificar hábitos de vida, mejorar su salud sin complicaciones. Eso fue muy poderoso, porque nos demostró que no solo estábamos creando un restaurante, sino una solución tangible a un problema cotidiano.

Hay algo muy hermoso en la relación que mantienen con los proveedores: buscan lo local, apoyan la economía regional. ¿Cómo opera eso?

Así es. Desde el inicio decidimos que al menos el 70 por ciento de nuestros proveedores serían colombianos y estarían a menos de 70 km de nuestros establecimientos. No se trata solo de patriotismo: es una elección estratégica y de impacto. Elegimos, por ejemplo, adquirir trucha boyacense en lugar de salmón importado, o buscar hortalizas y frutas frescas directamente en fincas cercanas. Esto nos permite conservar la frescura, controlar costos y fomentar una economía circular. Contamos con un equipo de compras cada vez más avanzado, pero con esa premisa sencilla: respaldar al productor local y crecer juntos. Cuando un proveedor se desarrolla con nosotros, se genera un círculo virtuoso que beneficia a toda la cadena.

¿Cuál ha sido, para ti, el instante de mayor orgullo desde que comenzó esta aventura?

Sin duda, observar el crecimiento del equipo. Bacu es una compañía joven no solo porque tiene apenas tres años, sino porque más del 65 por ciento de nuestro personal tiene menos de 25 años. Para muchos, Bacu representa su primer empleo. Entraron como auxiliares de servicio y hoy son administradores de puntos o líderes de área. Hemos creado planes de carrera internos que les permiten proyectarse, desarrollarse, aprender y sentirse parte de algo significativo. Cada vez que veo a uno de esos jóvenes avanzar, pienso que este proyecto no solo nutre a los consumidores: también abre oportunidades laborales y personales para cientos de jóvenes.

¿Algún momento en que hayas sentido deseos de rendirte?…

Sí, varios. Emprender es una montaña rusa emocional. Hemos tenido noches sin descansar, momentos financieros difíciles, decisiones complicadas que ponderar. A veces la pregunta es dura: “¿Y si no alcanzamos la meta del mes? ¿Y si esto no es sostenible?”. Pero siempre…

Regresamos al mismo punto: la lucidez de la meta y la dedicación a la visión. Somos conscientes de que estamos en un mercado competitivo, con márgenes reducidos y requiere una inversión elevada en tecnología y operaciones. Sin embargo, también entendemos que lo que estamos edificando tiene un significado profundo: estamos transformando hábitos, generando impacto y creando algo sostenible. Esto nos sustenta en los momentos complicados.

Tienes 33 años. Eres bastante joven para dirigir una empresa de este tipo. ¿Qué se avecina para Bacu?

Nuestra siguiente gran iniciativa es la expansión a Medellín, que será nuestro primer salto fuera de Bogotá. Creemos que ya hemos consolidado nuestra propuesta aquí y estamos listos para llevarla a otra gran urbe con la misma estrategia que nos ha funcionado: sabor local, tecnología, eficiencia y equilibrio nutricional. Después de Medellín, soñamos con llevar Bacu a otras áreas de Colombia y a Latinoamérica. La necesidad que abordamos no es únicamente bogotana ni colombiana: es universal. Deseamos ser una alternativa de alimentación moderna, local y saludable en muchas más ciudades.

Si pudieses alterar algo del ecosistema empresarial para emprendedores en Colombia, ¿qué sería?

Considero que podría ser mucho más colaborativo. No porque falte generosidad –la hay–, sino porque a veces los emprendedores novatos no saben a quién dirigirse o sienten vergüenza al hacerlo. Si existieran más espacios naturales para compartir enseñanzas reales, errores, consejos, y relatos de los primeros pasos… creo que muchos se atreverían con más confianza. He tenido la fortuna de desarrollarme en un entorno muy emprendedor, pero desearía que más personas sintieran que no están solas en su trayecto, que pueden buscar ayuda y encontrar mentoría auténtica.

Escúchame, ¿a quién admiras y por qué?

A mis padres. Desde pequeña me inculcaron la importancia del trabajo, de la resiliencia, de disfrutar la vida a pesar de las adversidades. Ellos han sido mi modelo constante y mi fuente de inspiración para forjar este camino.

Observa esto: ¿qué no debería hacer alguien que está a punto de emprender?

No debería emprender buscando exclusivamente reconocimiento o validación externa. Esto es mucho más que aparecer en listas o en redes: es una gran responsabilidad con la sociedad, el equipo, el producto y los consumidores. Si la motivación es superficial, es complicado mantenerse firme cuando aparecen las adversidades. Pero cuando la motivación es profunda, cuando surge de una convicción genuina, se encuentran maneras de seguir adelante incluso en los días más difíciles.

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