Economia
cuando emprender deja de ser una opción y se vuelve una necesidad

La alta presencia de microempresas y trabajadores informales sigue siendo uno de los rasgos más persistentes de la economía colombiana. Detrás de esta realidad no solo hay falta de empleo formal, sino un entramado de barreras que dificultan el crecimiento empresarial.
Así lo explica David Pérez-Reyna, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, quien advierte que, en una economía saludable, “las personas con buenas ideas de negocio pueden montar empresas que crezcan y contraten muchos empleados bien remunerados, mientras que quienes no quieren asumir ese riesgo encuentran trabajos formales con buenos salarios”. Sin embargo, ese no es el escenario que predomina en Colombia.
El académico señala que cuando existen trabas estructurales para que las empresas crezcan, se reduce la demanda de trabajo y se presionan los salarios a la baja.
“Ante esta situación, muchas personas optan por montar su propio negocio, no porque tengan una idea especialmente buena, sino porque es la única manera de generar ingresos”, explica. El resultado es un tejido empresarial atomizado: la empresa promedio en el país tiene menos de 10 empleados, una cifra muy inferior a la de economías más desarrolladas.
La alta informalidad también es un factor que poseen países de renta más limitada Foto:Jaime Moreno / Portafolio
Uno de los principales obstáculos para estas unidades productivas es el costo de la formalidad. Pérez-Reyna pone ejemplos cotidianos: “Un vendedor ambulante de empanadas, una peluquería en el garaje de la casa o una tienda de barrio familiar puede generar ingresos, pero no los suficientes para pagar todas las cargas laborales, impuestos y trámites que exige la formalidad”. En ese contexto, operar al margen de la ley se convierte en una salida casi obligada.
La informalidad, advierte el profesor, no solo limita el crecimiento de estos negocios (que no pueden acceder a crédito ni expandirse) sino que también tiene efectos macroeconómicos. “Cuando más de la mitad de los trabajadores colombianos están en la informalidad, el país pierde productividad, recaudación tributaria y oportunidades de crecimiento económico”, subraya.
Pese a los esfuerzos de distintos gobiernos, algunas políticas bien intencionadas pueden terminar agravando el problema. Según Pérez-Reyna, “la reacción natural ante los bajos ingresos suele ser decretar aumentos del salario mínimo, pero esto puede hacer que las empresas contraten menos trabajadores o que les resulte aún más difícil formalizarse”. En el caso de pequeños negocios familiares, mayores costos laborales pueden empujarlos más profundamente hacia la informalidad.
El diagnóstico es claro: mantener una economía dominada por microempresas informales tiene un alto costo de oportunidad. “Recursos humanos y capital que podrían ser más productivos en empresas formales se quedan atrapados en actividades de subsistencia”, afirma el experto.
Informalidad Foto:Juan Pablo Rueda / Portafolio
Para revertir esta situación, Pérez-Reyna plantea un cambio de enfoque. “Colombia necesita crear las condiciones para que ser empresario sea un plan A, una decisión tomada por oportunidad y con perspectivas de crecimiento, y no un plan B de supervivencia”.
Esto, concluye, pasa por reducir las trabas regulatorias que hoy limitan el crecimiento empresarial, una condición clave para disminuir la informalidad, fortalecer el empleo formal y dinamizar la economía en el largo plazo.
PORTAFOLIO





