Economia
¿de qué magnitud sería impacto en Colombia?
La transición energética avanza a toda velocidad en las vitrinas automotrices, pero el negocio del seguro empieza a encender luces amarillas. El crecimiento acelerado de los vehículos eléctricos (VE) y de los híbridos no solo transforma la movilidad: también está obligando a las aseguradoras a recalibrar tarifas, provisiones y modelos de riesgo.
Si la penetración de eléctricos y electrificados continúa creciendo al ritmo actual —y supera el 30 por ciento del mercado en los próximos años— la prima promedio podría aumentar entre 5 y 15 por ciento, dependiendo del segmento y la exposición al riesgo, según se desprende del reporte ‘Motor Insurance of Electric Vehicles’, elaborado por la multinacional Swiss Re.
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La razón es técnica, advierte el análisis. Aunque los vehículos eléctricos no necesariamente se accidentan más, cuando lo hacen el costo promedio del siniestro es más alto. En mercados desarrollados, reparar un eléctrico cuesta entre 25 y 35 por ciento más que uno de combustión. Y si esa mayor severidad comienza a pesar dentro de las carteras locales, las aseguradoras tendrán que trasladar parte del ajuste a las tarifas para preservar la rentabilidad del ramo.
Colombia todavía está lejos de ese punto —los eléctricos no alcanzan ni el 1 por ciento del parque asegurado—, pero el crecimiento es acelerado. Solo en enero de 2026 las matrículas de eléctricos aumentaron 82,6 por ciento y las de híbridos 73 por ciento frente al mismo mes del año anterior, según el más reciente reporte de este mercado elaborado por la Andi y Fenalco con base en las matrículas del Registro Único Nacional de Tránsito (Runt)
La transición ya está en marcha, y el negocio del seguro comienza a recalibrarse, advierten algunos expertos de esta industria.
A nivel global, las ventas de vehículos eléctricos superaron las 17 millones de unidades en 2024 y ya representan más del 20 por ciento del total de las ventas del mundo. De mantenerse la tendencia, esa participación podría superar el 40 por ciento en 2030, según el reporte de Swiss Re.
China lidera el proceso —uno de cada diez vehículos en circulación ya es eléctrico— mientras Europa mantiene una participación cercana al 20 por ciento, pese a la reducción de subsidios, lo que lleva a pensar que la movilidad eléctrica ya no es marginal y exige ajustes técnicos profundos. Y Colombia no es la excepción.
El salto colombiano
El mercado local muestra cifras que confirman la aceleración. En el primer mes del año se matricularon 1.758 vehículos eléctricos, mientras en híbridos, las matrículas alcanzaron 5.437 unidades. Solo en enero los primeros representaron el 8,8 por ciento de las ventas totales de vehículos nuevos y los híbridos el 27 por ciento en el país. Es decir, más de un tercio del mercado ya corresponde a tecnologías electrificadas.
En América Latina, el dinamismo también es evidente, según un reciente reporte de Aconautos, gremio de los concesionarios del país. En 2025 se comercializaron 161.400 vehículos eléctricos en la región, con un crecimiento de 32,7 por ciento. Colombia destacó con una variación de 116,6 por ciento, una de las más altas del continente. Pero ese crecimiento tiene implicaciones técnicas.
Costo de la reparación
El informe de Swiss Re identifica diferencias claras en los patrones de siniestralidad y costos frente a los vehículos de combustión interna.
En Alemania, reparar un eléctrico puede ser entre 30 y 35 por ciento más costoso. En el Reino Unido, los siniestros que involucran estos vehículos son 25 por ciento más elevados y los tiempos de reparación se extienden 14 por ciento más. Aunque la frecuencia de accidentes no necesariamente es mayor —incluso puede ser inferior en algunos casos— el costo promedio por siniestro sí es más elevado.
“La razón principal está bajo el piso del vehículo: la batería”, precisa el análisis de la reaseguradora.
El paquete de baterías —advierte— puede representar entre el 20 y el 50 por ciento del valor total del automóvil. En una colisión, incluso impactos moderados pueden comprometer su integridad. Y la reparación parcial no siempre es viable técnica o económicamente. La incertidumbre sobre el estado real de la batería puede conducir a reemplazos completos, encareciendo el siniestro.
Un taller tradicional de combustión no puede, por razones de seguridad, atender un eléctrico. Foto:Alcaldía de Bogotá
En Colombia, este desafío se amplifica por la dependencia de autopartes importadas y por una cadena de suministro todavía incipiente.
Desde la industria aseguradora colombiana sostienen que el tamaño de este segmento de vehículos aún no permite construir estadísticas robustas de siniestralidad y costos que faciliten una visión clara en materia de costos. Es decir, el reto no es solo técnico, sino también actuarial.
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Poca infraestructura
Pero el problema no se limita solo al costo de las piezas. También involucra la infraestructura. Un taller tradicional de combustión no puede, por razones de seguridad, atender un eléctrico sin adecuaciones especiales. Se requieren protocolos distintos, herramientas aisladas, personal capacitado en electrónica de alta tensión y espacios diferenciados, señalan expertos.
Lo mismo ocurre con las asistencias. Las grúas convencionales no siempre son aptas para transportar un vehículo eléctrico accidentado. La falta de oferta especializada puede prolongar tiempos de reparación y aumentar costos indirectos para las aseguradoras.
Otro punto sensible es el riesgo de incendio. Aunque la probabilidad de incendio por kilómetro recorrido es menor en vehículos eléctricos que en los de combustión, cuando ocurre puede requerir más tiempo y recursos para su extinción. Además, los incidentes durante procesos de carga —especialmente en parqueaderos cerrados— pueden generar daños a terceros y activar coberturas de responsabilidad civil con mayor severidad.
Las grúas convencionales no siempre son aptas para transportar un vehículo eléctrico accidentado. Foto:grúa
Swiss Re advierte que aún no hay suficiente evidencia estadística para concluir que el segmento eléctrico sea estructuralmente deficitario en la mayoría de mercados. Sin embargo, sí presenta un perfil de riesgo distinto que exige prudencia.
Impacto en las pólizas
En el corto plazo, el impacto en precios dependerá de tres variables: volumen, datos y competencia.
Mientras la penetración siga siendo relativamente baja dentro de las carteras totales, el efecto agregado puede diluirse. Pero a medida que el parque eléctrico crezca —como ya ocurre en segmentos urbanos y comerciales— las aseguradoras deberán ajustar modelos de suscripción.
En mercados como China, donde hay alta concentración de eléctricos en taxis y flotas comerciales, el seguro automotor para los eléctricos ha mostrado baja rentabilidad, principalmente por mayor frecuencia de siniestros en uso intensivo.
Para las aseguradoras, cualquier encarecimiento del vehículo base incide en la suma asegurada. Foto:iStock
En Colombia, donde el crecimiento se concentra en SUV y automóviles particulares —segmentos que lideraron las matrículas de enero el comportamiento puede diferir. Sin embargo, el reto estructural es el mismo: adaptar tarifas sin frenar la adopción.
El entorno tributario también influye. Mientras países como Argentina han optado por reducir impuestos para dinamizar el mercado, en Colombia el sector automotor ha advertido sobre mayores cargas impositivas en un contexto de presión fiscal. Los concesionarios insisten en que el crecimiento del mercado depende más del volumen que del aumento de tributos.
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Para las aseguradoras, cualquier encarecimiento del vehículo base incide en la suma asegurada y, por tanto, en el valor de la prima.
El mensaje de fondo del informe de Swiss Re es que la movilidad eléctrica llegó para quedarse, pero su aseguramiento requiere disciplina técnica, inversión en datos y fortalecimiento de capacidades.
Para Colombia, el desafío es doble: acompañar un mercado que crece a tasas de dos y tres dígitos en algunas regiones, y hacerlo sin deteriorar la rentabilidad del ramo automotor.
