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El desafío de la deserción universitaria en Colombia: causas, cifras y el impacto social que representa cada caso

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El desafío de la deserción universitaria en Colombia: causas, cifras y el impacto social que representa cada caso
De cada 100 niños, solo ocho logran finalizar su ciclo escolar con un título de educación superior – crédito Montaje Infobae (Colprensa/iStock)

Durante la temporada electoral, es común que los candidatos proclamen que impulsar la educación es vital para mejorar el país a corto plazo; no obstante, en Colombia persiste el desafío de la deserción escolar en la infancia y entre aquellos que inician sus estudios de pregrado en el país.

La inquietud ha crecido tras el informe del Ministerio de Educación que revela que, de cada 100 niños matriculados en primaria, solo ocho concluyen el ciclo escolar y logran obtener un título profesional, técnico o tecnólogo.

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En cuanto a la educación superior, el reporte del Ministerio de Educación menciona que la tasa de estudiantes que finalizan un pregrado actualmente es del 12.8%.

En una conversación con Infobae Colombia, Rolando Roncancio-Rachid, rector de la Universidad de La Sabana, compartió su visión sobre el costo social de la deserción académica en Colombia y los factores relevantes en esta problemática.

El rector de la Universidad
El rector de la Universidad de La Sabana discutió sobre los factores que contribuyen a la deserción escolar en Colombia – crédito Universidad de La Sabana

¿Qué estrategias implementa la Universidad de La Sabana para lograr la retención de sus estudiantes?

En La Sabana, nuestros esfuerzos por retener a los estudiantes están alineados con la excelencia académica. Nos comprometemos a brindar un acompañamiento integral a los estudiantes en su camino hacia el logro académico, al mismo tiempo que mantenemos altos estándares de calidad, tanto académica como en el servicio.

Hablamos de éxito académico, ya que una menor deserción no es solo una métrica institucional: implica éxito en la vida del estudiante y en el futuro de la sociedad.

Cada estudiante es único, con su propia historia, y cuando un joven culmina su carrera, impacta positivamente a su familia: abre oportunidades de crecimiento, bienestar y ascenso social. Por el contrario, la deserción es una experiencia dolorosa que provoca frustración, pérdida de oportunidades y, frecuentemente, conflictos familiares. En consecuencia, abordamos este tema como una responsabilidad social, no solo académica.

Cada estudiante asignado cuenta con un profesor asesor que lo guía en su trayectoria. Cuando surgen dificultades, como problemas de salud mental o crisis familiares, disponemos de recursos de bienestar universitario y, en situaciones críticas, ofrecemos un semestre de recuperación académica, donde la universidad brinda un apoyo muy personalizado para ayudar al estudiante a restablecer su camino.

El experto habló sobre los
El experto destacó temas prioritarios para mejorar las cifras de deserción – crédito Universidad de La Sabana

– ¿Cuáles son los factores que llevan al abandono de la formación?

La educación es, sin duda, un proceso social extremadamente complejo. En el aprendizaje intervienen factores académicos, socioemocionales, familiares, económicos, físicos y culturales, y la falla de cualquiera de ellos, o la combinación de varios, puede interrumpir el camino previsto.

Al hablar de deserción, es fundamental evitar explicaciones simplistas: existen numerosas causas que conducen al abandono, y por ende, diversas soluciones. Aquí, cerca del 48% de nuestra población estudiantil proviene de estratos uno, dos y tres; contamos con una sólida trayectoria apoyando a jóvenes que llegan a la universidad con diversas brechas en su aprendizaje.

En Colombia, hay factores que son particularmente determinantes. Uno claro es la acumulación de deficiencias en la educación inicial, básica y media, que se manifiestan más tarde en la educación superior. La deserción universitaria suele ser el último síntoma de problemas que comenzaron años atrás.

– ¿Cómo lograrán mantener las buenas métricas de retención?

Lo primordial es no perder el enfoque: para nosotros, la retención no es un objetivo en sí mismo, sino el resultado de un modelo que busca el éxito académico con un enfoque humano. Nuestra proyección estratégica es establecer un modelo educativo que combine dos enfoques que a menudo se consideran opuestos: ser auténticamente humanistas y profundamente experienciales, con el respaldo de la co-inteligencia.

En términos prácticos, planeamos profundizar el aprendizaje experiencial y su calidad, asegurando que una parte significativa del currículo se conecte con desafíos reales, proyectos, aprendizaje-servicio, estudios de casos y simulaciones. Simultáneamente, continuaremos y fortaleceremos nuestro sistema de aseguramiento del aprendizaje, que se basa en evaluaciones formativas, rúbricas, portafolios y mediciones breves que permitan retroalimentación oportuna.

Preocupa la cantidad de jóvenes
Atrae la preocupación la alta tasa de jóvenes que abandonan sus estudios en Colombia – crédito Alcaldía de Bogotá

– ¿Qué cambios deben realizarse en las políticas públicas para mejorar las cifras de deserción?

Si aceptamos que la deserción representa el fracaso más estrepitoso del sistema educativo colombiano, las decisiones de política pública deben centrarse en los aspectos de mayor impacto. En un enfoque de sistematicidad, es esencial establecer prioridades basadas en evidencia, no en intuiciones.

La primera prioridad indiscutible es centrarse en la educación inicial: la evidencia sugiere que es fundamental en la definición del futuro educativo, dado que es el período de mayor plasticidad donde se construyen bases cognitivas y socioemocionales. Igualmente, es crucial intervenir en los momentos en que se quiebran las trayectorias educativas. En Colombia, hay dos momentos críticos: durante el noveno grado y la transición entre la educación media y superior, donde se pierde una cantidad significativa de estudiantes.

– ¿Cuáles son los costos sociales y financieros relacionados con la deserción?

Los costos asociados a la deserción son inmensos e, en muchos sentidos, difíciles de medir. Empecemos por el dato que ilustra el problema: de cada 100 estudiantes que ingresan al sistema educativo desde primaria, solo ocho logran graduarse de un programa de educación superior. Esa cifra pone de manifiesto el reto. Si el país invierte alrededor de 86 billones de pesos anualmente en educación, resulta evidente que una parte de ese esfuerzo no alcanza su máximo potencial cuando las trayectorias se interrumpen.

Sin embargo, ese no es el costo más importante. El costo más significativo es el humano: lo que ocurre con el futuro de esos jóvenes, su autoestima, sus oportunidades laborales y el costo de oportunidad para sus familias.

La deserción impone un alto costo familiar: frustra la aspiración a la movilidad social y puede generar tensiones y rupturas. Además, produce costos sociales que se traducen en desigualdad, vulnerabilidad de las redes comunitarias y, en muchos casos, derechos en salud mental, que acaban por sobrecargar al sistema de salud. Un costo que me preocupa especialmente es el político y democrático; una sociedad con alta deserción educativa debilita su capacidad de deliberar, elegir adecuadamente, distinguir entre populismos y tecnicismos, y mantener una meritocracia saludable.

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