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El final que casi mata a Rambo… y a toda la saga antes de empezar
Hoy cuesta imaginar a Rambo fuera del imaginario popular, convertido en icono cultural, juguete, dibujo animado y símbolo del cine de acción ochentero. Sin embargo, todo ese fenómeno estuvo a punto de no existir. Acorralado nació como un relato oscuro, adulto y desesperado, y su desenlace original habría borrado de un plumazo cualquier continuación. Literalmente.
Un héroe que no estaba destinado a sobrevivir
En la novela de 1972 escrita por David Morrell, John Rambo no es un héroe de franquicia, sino un veterano roto por la guerra. El libro termina de forma seca y trágica: Rambo muere a manos del coronel Trautman, cerrando la historia como una misión suicida sin redención posible.
Cuando se adaptó al cine en Acorralado, el equipo creativo —incluido Sylvester Stallone— quiso respetar ese espíritu. No solo lo escribieron: llegaron a rodar la escena.
En ese final eliminado, Trautman apunta a Rambo para poner fin a su sufrimiento. Rambo, herido y exhausto, guía el arma hacia su propio cuerpo y obliga a su mentor a disparar. Para el director Ted Kotcheff, no había otra lectura posible: la película entera conducía a ese momento.
El argumento que cambió la historia del cine de acción
Tras rodar la escena, Stallone tuvo dudas. No por razones comerciales, sino emocionales. El actor defendió que el personaje ya había sido humillado, perseguido, torturado y llevado al límite físico y psicológico. Matarlo después de todo eso le parecía excesivo.
Sus palabras fueron decisivas. Se rodó un segundo final, más abierto, en el que Rambo sobrevive y es arrestado. Los pases de prueba confirmaron lo que los distribuidores querían oír: el público conectaba con el personaje y no quería verlo morir.
Ese pequeño cambio lo alteró todo.
De tragedia bélica a mito pop
Tres años después llegó Rambo: Acorralado Parte II, seguida de Rambo III, y décadas más tarde el revival con John Rambo (2008) y Rambo: Last Blood (2019). En esta última etapa, el final original reapareció incluso como pesadilla del personaje, como un eco de lo que pudo haber sido.
Lo irónico es que Acorralado era una película para adultos, dura y crítica con el trato a los veteranos de Vietnam. Y aun así, dio pie a una “Rambomanía” que incluyó juguetes, chicles y una serie animada infantil de 65 episodios, completamente alejada del tono original.
El precio de cambiar el destino
Cambiar el final convirtió a Rambo en una franquicia eterna, pero también diluyó la intención inicial. Lo que nació como una denuncia amarga acabó transformándose en un símbolo del exceso y la fantasía bélica.
Paradójicamente, ese final eliminado sigue siendo uno de los “y si…” más fascinantes del cine moderno. Porque demuestra que, a veces, una sola bala que no se dispara puede cambiar la historia entera del cine.
Fuente: SensaCine.
