Colombia
Entrevista padre de Jean Claude German Bossard García asesinado en Bogotá

Este martes 9 de diciembre, alrededor de la 1:30 de la tarde, los conductores de una moto naranja aparecieron y se detuvieron junto a Jean Claude German Bossard García, administrador de empresas de 29 años, nacido el 5 de diciembre de 1995.
Según la versión oficial, los delincuentes intentaron arrebatarle el celular. Él, en un acto instintivo, se resistió. Esa reacción —la misma que cualquiera podría tener al sentirse atacado por desconocidos— desató la violencia: le dispararon dos veces. Uno de los proyectiles le atravesó el pecho
Jean Claude cayó sobre la vía mientras la ciudadanía, aterrada, trataba de entender lo que había ocurrido, y los delincuentes intentaban huir en la motocicleta naranja. La Policía ya estaba cerca. La reacción fue inmediata: un patrullero, al escuchar la situación y ver la plataforma de escape de los asaltantes, los enfrentó. Se produjo un nuevo intercambio de disparos. Uno de los delincuentes murió y el otro fue capturado.
El capturado resultó ser un menor de 16 años, estudiante de noveno grado, oriundo de El Peñón (Bolívar) y residente en el barrio Santa Isabel, en Puente Aranda. Era quien integraba la dupla que llevaba días, quizás semanas, moviéndose con la motocicleta naranja por la calle 19. Su detención permitió esclarecer parte de la estructura delincuencial, pero aún falta un implicado.
Jean amaba las fotos. Foto:Archivo particular/EL TIEMPO
Las autoridades investigan un segundo vehículo, un carro que habría participado en ataques similares en días recientes. Ya están identificadas sus placas y buscan al tercer hombre involucrado.
En la escena fue incautado un revólver calibre 32 con seis cartuchos —tres percutidos y tres intactos—, el arma disparada contra Jean Claude. También fue recuperada la motocicleta utilizada en los hechos. Lo que siguió fue indignación, tristeza y un sentimiento de vulnerabilidad profunda. Jean Claude no era un desconocido para el sector: era un profesional en formación, un joven que caminaba con la convicción de ejercer su derecho a transitar sin miedo. Su muerte marcó un punto de quietud. Esto relató su padre en entrevista con EL TIEMPO.
¿Quién era su hijo?
Jean Junior tenía 29 años, había estudiado en un colegio de Barranquilla. También estudió para ser piloto comercial, pero ejerció como piloto privado. Y era administrador de empresas de la Universidad Santo Tomás.
¿Él dónde nació y por qué vivía en Bogotá?
Él nació en Bogotá, pero crió en Barranquilla. Desde los cuatro años se crió en Barranquilla. Toda la vida amó a Colombia, amó Barranquilla y amó Bogotá. Yo soy hijo de francés y por eso él tiene doble nacionalidad. Pero, a pesar de esa situación, él siempre me decía: “Papá, este es mi país y yo me voy a quedar acá. Esto es lo mío”.
Era una persona de muchas aventuras, ¿verdad?
Si. Él se la pasaba en su motocicleta visitando varios trayectos del país. Incluso se recorrió todo el Cauca en motocicleta. Recorrió los Llanos, el Tolima, los Santanderes y toda la Costa Atlántica. Él realmente amaba a Colombia. Y amaba a su equipo, el Junior.
¿Usted, su esposa y su hija viven en Colombia o en otras partes?
La hermana de él es abogada del Externado de Colombia. Luego estudió en Francia y hoy en día ejerce en París. Ella tuvo que venir a Colombia a enterrar a su hermano. Y nosotros, con mi esposa, vivimos en Barranquilla desde hace 25 años.
Jean en su graduación. Foto:Archivo particular/EL TIEMPO
Nadie ha hablado del inmenso dolor que debe estar sintiendo la mamá de Jean. ¿Cómo se encuentra ella?
Mi esposa se llama Viviana García. Ella también es abogada del Externado. Ha tenido puestos muy importantes y ejerce hoy como tributarista. También es profesora de la Universidad Externado de Colombia y editora del capítulo del Externado en la costa. Para ella y para mí, esto ha sido demasiado duro. Los padres no deberíamos enterrar a nuestros hijos.
¿Qué pasó por su cabeza cuando se enteró de que quien lo mató era un menor de edad?
Lo más duro para nosotros es saber que quien le disparó fue un joven de 16 años. Para nosotros, él ya no es un niño, porque un niño armado es un asesino. Y la verdad es que mató. Esto que está pasando no puede ser Colombia. Sus políticos, las instituciones, tienen que propender porque cambie la ley. Un niño que toma las armas en este país es un asesino. No es un niño: es un asesino en potencia y así se debe juzgar. De lo contrario, vamos a seguir cometiendo los mismos errores, donde los bandidos van a seguir usando a los jóvenes para matarnos.
Lo más duro para nosotros es saber que quien le disparó fue un joven de 16 años. Para nosotros, él ya no es un niño, porque un niño armado es un asesino. Y la verdad es que mató.
¿Por qué su hijo estaba viviendo en Bogotá en este momento si ya se había graduado?
Él decidió venir a Bogotá a terminar lo pendiente de la Universidad Santo Tomás. Allí también tenía su pequeña empresa de seguros. Esta iba creciendo poco a poco y, además, ejercía su pasión por las motocicletas, porque Bogotá tiene muchos puntos cercanos donde podía practicar.
¿Él alguna vez le habló de lo que le molestaba de la delincuencia en las ciudades?
No, él nunca hablaba de esas cosas. Era una persona absolutamente positiva. Este hombre simplemente me dijo que no me quejara tanto; Era alguien que estaba siempre sonriente. Además, toda la gente lo quería. En Barranquilla lo querían un montón y aquí en Bogotá hay que ver cómo llegaron tantas personas al plantón. El plantón que se hizo con las luces, justo en el sitio donde lo mataron. A ese lugar llegaron casi 100 personas.
¿Cuándo fue la última conversación que usted tuvo con él?
Fue en la puerta. Como cualquier padre de familia, yo le pregunté si no iba a almorzar con nosotros, porque yo había venido para su cumpleaños: el viernes 5 de diciembre cumple 30 años. Y ya no le vamos a celebrar su cumpleaños, sino que lo vamos a enterrar. Él me dijo que no iba a ir al almuerzo porque tenía que sacar unas pólizas y que se iba para la oficina. Me dijo que no se iba en la moto porque la tenía en el taller y por eso decidió irse a pie. Eso fue lo último que conversé con él.
Jean cuando era niño. Foto:Archivo particular/EL TIEMPO
¿Cómo se enteró usted de lo sucedido?
Me enteré mientras estábamos en el almuerzo. Nos llamó un amigo y me dijo que lo habían acabado de atracar. Salimos corriendo para la clínica, una que queda en la 98 sobre la paralela, pero cuando llegamos ya nos dijeron que él había muerto en el lugar de los hechos. Él quedó muerto en plena vía. El tiro fue en todo el pecho: le atravesó todo el cuerpo y llegó hasta el riñón. En la película que grabaron sobre su muerte se ve absolutamente todo. También se ve cómo se defendió para que no lo robaran.
A usted le molestó que digan que esto ocurrió porque él se defendió. ¿Qué piensa de esa frase tan común?
Me parece el colmo que la gente dice eso. Que uno no se debe defender para que no lo maten. Echarle la culpa al ciudadano honesto porque se defiende y porque lo mataron. No hay derecho. Eso es ser un canalla. Toda la gente que dice eso es una canalla. Eso no puede ser, no puede pasar. Uno no sabe cómo va a reaccionar y, de todas maneras, no deben ocurrir estos asesinatos en la calle. Eso es lo que no debe pasar. Y todo eso es responsabilidad de la Policía, porque ellos ya tenían identificados a esta banda. Yo no lo sabía y me enteré después por los medios de comunicación. Ya sabían el color de la moto, ya sabían quiénes eran los que la conducían. Es más: hasta tenían la placa de la moto. Y no se hizo absolutamente nada.
¿Cuál es su mensaje para el alcalde Carlos Fernando Galán?
Le digo que nuestra sociedad está llena de problemas. Al alcalde Carlos Fernando Galán no le puedo decir nada, porque él ya se dio cuenta de la situación y de los detalles de lo que pasó. Eso es suficiente para que haga una radiografía de la situación y para que analice lo que ocurrió. Él es un hombre inteligente y es un hombre bueno, como era mi hijo. Colombia debe tener una lección: tenemos que evitar, como sociedad, que existen niños con armas. Ellos son asesinos en potencia. Esa es una realidad. Es penoso, es triste, pero esa es la realidad.
¿Cuáles eran los sueños de su hijo a corto y largo plazo?
El 15 de diciembre se embarcaron en un vuelo para Barranquilla. Ya teníamos varios paseos planeados en moto. Íbamos a comprar dos motocicletas y habíamos comprado unas llantas para subir una camioneta, montarla alto y ponerle esas llantas. Ya me quedé con las llantas, me quedé con las motocicletas y, lo más triste, con la tristeza de que ya no estará a mi lado en todos esos aviones que compartíamos. Todo tendré que venderlo ahora. Qué tristeza.
¿Era un hombre absolutamente carismático?
Era absolutamente carismático. Todo el mundo lo quería. Él nunca le dijo a usted que no. Era un vendedor de la OTAN. Sabía cómo manejar las cosas. Era mi compañero. Y me lo quitaron por robarle una mochila. No hay derecho a que eso pase en Bogotá ni en ninguna parte del mundo. Era un hombre que recorrió el Cauca y que una vez, cuando estuvo en el Vichada, los indígenas los agarraron a flechazos. Eso fue anecdótico; siempre lo recuerdo con ese tipo de historias.
Era un hombre arriesgado y nunca le pasó nada…
Le pasaron muchas cosas, pero salió bien librado. Y mire: lo mataron en plena capital de Colombia, en plena avenida 19 con 106 y 107.
¿Dónde serán las honras fúnebres?
Ya lo estoy velando aquí, en cámara ardiente, en la funeraria La Candelaria. El entierro es mañana. No será cremado por ser muerte violenta. El entierro es mañana ya las 10:30 es la misa.
¿Cómo transcurre la investigación?
No tengo corazón para eso ahorita y no me interesa. Mi hijo ya murió. No podemos hacer nada. Ya miraremos la semana entrante qué pasó. Me quitaron una parte de mi alma y de mi corazón.
CAROL MALAVER
SUBEDITOR BOGOTÁ
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