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Colombia

‘Esta casa tiene un avalúo catastral de 1.300 millones de pesos, pero yo no los veo’

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'Esta casa tiene un avalúo catastral de 1.300 millones de pesos, pero yo no los veo'


En una casa de paredes amarillas pastel, ubicada en la tradicional Calle de la Sierpe de Getsemaní, vive desde hace 71 años Rijiam Shaikh, profesional en hotelería y turismo. Sus padres, Abdul Salam Shaikh, indostán de origen árabe, y Catalina Suárez, getemanicense raizal, fueron uno de los primeros matrimonios mixtos del barrio: un musulmán y una católica.

“En esta casa se hicieron las primeras oraciones musulmanas en Cartagena; así que tiene un valor altísimo para mí. Por eso, mis hermanas y yo no hemos querido vender”, asegura.

La vida de Shaikh transcurrió siempre en esta cuadra, una de las que más transformaciones ha tenido. Recuerda que, años atrás, la Calle de la Sierpe estaba marcada por la presencia de recicladores. y el consumo de drogas; muchos la conocían como la ‘calle del cartucho’ o el ‘bronx’.

Luché porque esta calle se limpiara, por mi salud y por mi familia.

Rijiam Shaikh, profesional en hotelería y turismo y residente de Getsemaní.

Fue entonces, a los 16 años, cuando asumió un papel de liderazgo para recuperar el espacio. Con la esperanza de que todo mejorara, habló con el director de la Policía y, según cuenta, lograron que unidades de Barranquilla y Santa Marta fueran para adelantar todos los análisis. “Luché porque esta calle se limpiara, por mi salud y por mi familia”, resume.

Hoy, poco queda de ese pasado. Las fachadas lucen coloridas y, sobre la Calle de la Sierpe, cuelgan banderas de distintos países. En medio de ese paisaje, los grafitis de estética afro se han convertido en una de las expresiones culturales más llamativas del barrio.

Rijiam Shaikh, profesional en hotelería y turismo y residente de Getsemaní.

Foto:Andrea Moreno. CEET

Para Shaikh, sin embargo, esa belleza está acompañada por una nostalgia sobre las costumbres del pasado. “Soy la cuarta generación de mi familia que vive en Getsemaní, por eso el barrio para mí lo es todo”afirma. Recuerda que allí convivieron sirio-libaneses, chinos y familias de Medio Oriente, en un ambiente donde cualquiera era acogido.

Esa vida comunitaria, dice, comenzó a perderse. Aunque reconoce que el barrio se ve más bonito, siente que se perdió esa cercanía que lo caracterizaba.“Perdimos esa familiaridad que había aquí; ya no es como antes, que uno podía sentarse en el atrio de la iglesia a cualquier hora porque siempre había alguien con quien hablar”.

A mí me dan tres millones de euros y me voy. Y eso es, de una forma muy elegante, decir que mi casa no está en venta.

Rijiam Shaikh, profesional en hotelería y turismo y residente de Getsemaní.

El ruido, los atracos y la venta y consumo de drogas figuran entre las problemáticas que Shaikh identifica como persistentes. A eso se suman los costos. Cuenta que el recibo de luz puede llegar a 380.000 pesos, al igual que el del agua, y que el catastro supera los cinco millones. En varias ocasiones le han ofrecido comprarle su casa, pero su respuesta no cambia. “A mí me dan tres millones de euros y me voy. Y eso es, de una forma muy elegante, decir que no está en venta”.

La presión económica es tal que, afirma, debe elegir entre pagar el catastro o realizar arreglos en la vivienda. “Esta casa tiene un avalúo catastral de 1.300 millones de pesos. ¿Dónde están? Porque yo no los veo. Aquí nunca han venido a revisar la casa; para mí no vale eso. Hemos sobrevivido aquí”, confiesa.

Getsemaní, Cartagena - gentrificación.

Foto:Andrea Moreno. CEET

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Sin embargo, su relación con el territorio permanece intacta. Sentada en su sala, rodeada de fotos familiares y un patio amplio con zonas verdes, señala el lugar donde hoy está el comedor y que, décadas atrás, fue donde se casaron sus padres. También recuerda que nació en esa misma casa, en una época en la que las partes asistían a las mujeres embarazadas.

Shaikh resiste en la Calle de la Sierpe y anhela que quienes se vieron obligados a irse puedan volver. “Ojalá regresen todas esas personas buenas que vivieron aquí, que eran familias de bien y sintieron presión por cualquier motivo. Ojalá les den la oportunidad de regresar”.

ANGIE RODRÍGUEZ – REDACCIÓN VIDA DE HOY – @ANGS0614

ANGROD@ELTIEMPO.COM

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