Colombia
esto dice estudio sobre los retos demográficos en la ciudad
Una Bogotá dividida por la edad: jóvenes en el sur y un norte más envejecido. Esto indica un reciente estudio realizado por Julieth Andrea Parra, especialista en análisis espacial de la Universidad Nacional de Colombia.
Según el estudio, que empleó datos del DANE, los grupos más jóvenes, que incluyen la primera infancia como la población escolar y adolescente, se concentran con mayor intensidad en el sur y suroccidente de la ciudad, es decir en las localidades de Kennedy, Bosa, Usme, Ciudad Bolívar y San Cristóbal.
Vista del gran angular de Bogotá, capital de Colombia. Foto:iStock
Estas zonas tienen entre el 6,7 por ciento y el 8,2 por ciento de población correspondiente a niños de 0 a 4 años. Como lo indica Parra, estas cifras son casi el doble de lo que se identificó en las localidades de Teusaquillo o La Candelaria.
Algo parecido ocurre con la población de 5 a 19 años. En localidades como Bosa, Ciudad Bolívar y Usme, este grupo representa cerca de una cuarta parte de sus habitantes, mientras que en zonas como Teusaquillo y Chapinero apenas alcanza alrededor del 13 por ciento.
En contraste, la población en edad productiva, es decir quienes están entre los 20 y los 59 años, muestra una distribución mucho más uniforme en la capital, con proporciones que oscilan entre el 57,7 por ciento y el 65,4 por ciento según la localidad. Por ejemplo, las cifras más bajas de la población en edad productiva se registran en el sur —Usme, Ciudad Bolívar, San Cristóbal y Rafel Uribe Uribe— mientras que los valores más altos se observan en Chapinero, Teusaquillo, Fontibón o La Candelaria.
Por otra parte, los adultos mayores se concentran de la siguiente manera: Teusaquillo (19,5 por ciento), Barrios Unidos (18 por ciento), Usaquén (17,4 por ciento) y Chapinero (16,2 por ciento). En Ciudad Bolívar o Usme, apenas el 9,5 por ciento de la población tiene 60 o más años.
En diálogo con EL TIEMPO, Marcela García, investigadora docente de la Universidad Externado, demógrafa y urbanista, mencionó que en Bogotá, la población mayor tiende a centrarse en los grupos socioeconómicos más altos, donde las mejores condiciones de vida permiten una mayor longevidad.
Añade, además, que aunque la esperanza de vida ha aumentado en todos los sectores, el crecimiento es mucho más evidente en las zonas de mayores ingresos. En estos barrios, según la investigadora, las personas mayores suelen mantener su independencia residencial por más tiempo: pueden vivir solas sin necesidad de compartir vivienda con otros miembros de la familia, algo menos frecuente en los estratos bajos.
Así mismo, como lo indica el estudio, esta dinámica también tiene que ver con cómo se acumula patrimonio a lo largo de la vida. Las generaciones mayores, que han tenido más tiempo para ahorrar y adquirir bienes, lograrán establecerse en barrios tradicionales y de mayor valor en el centro y el norte.
En contraste, los jóvenes, con menos recursos y menos ahorros, encuentran más obstáculos para acceder a esas zonas y terminan instalándose en sectores más económicos.
Un sur joven pero empobrecido
El documento también recoge estudios hechos por José Mario Mayorga y otros autores, expertos en planeación y urbanismo. Según ese análisis, la pobreza en Bogotá sigue concentrándose en el sur, especialmente en localidades como Rafael Uribe Uribe, Kennedy, Ciudad Bolívar y Bosa, y también el municipio de Soacha.
Además, Mayorga evidencia que el norte de la ciudad cuenta con una oferta mucho más amplia de servicios y equipamientos urbanos —como colegios, centros culturales y espacios para la recreación— mientras que las periferias del sur enfrentan grandes carencias en estos mismos servicios.
García afirmó que “históricamente hemos tenido lugares que son privilegiados, que son céntricos. Esta centralidad es un valor que pesa mucho en la localización de la ciudad y en el precio del mercado del suelo”.
A esto se suma lo que han señalado expertos como Jhon Williams Montoya, también citado por la autora del estudio, en relación con que este mapa desigual no surge por casualidad, sino que ha sido reforzado por dinámicas del mercado inmobiliario y por decisiones de política pública que impulsaron el crecimiento informal hacia el sur.
Henry Amorocho, docente universitario y analista económico, le explicó a este diario que esto se remonta hace años. “Colombia experimentó un quieto en su modelo de ordenamiento urbano hacia la década de 1970. Con el llamado Plan de las Cuatro Estrategias, implementado durante el gobierno de Misael Pastrana, surgió el sistema de Unidad de Poder Adquisitivo Constante (UPAC), lo que aceleró la migración de campesinos hacia las ciudades. Ese proceso dio origen a un modelo de urbanización rápido y sin planificación, que terminó extendiéndose sobre todo en zonas aledañas a los cerros y en el suroriente de Bogotá”, indicó.
Por su parte, García explica que en el contexto latinoamericano, las limitaciones en movilidad han impulsado un modelo urbano donde los hogares de menores ingresos son desplazados hacia la periferia, lejos del centro.
Este patrón, según la urbanista, no solo profundiza las desigualdades territoriales, sino que también se refleja en la estructura por edades: las zonas centrales, mejor conectadas y con mayor oferta de servicios, tienden a concentrar población adulta mayor.
Independizarse en Bogotá, la otra cara
Para muchos jóvenes las barreras económicas no solo definen dónde pueden vivir, sino si pueden hacerlo por su cuenta. Según un análisis de la Universidad Manuela Beltrán (UMB), arrancar una vida independiente en Bogotá implica un gasto inicial que fácilmente supera los 5 millones de pesos.
Esto se debe a la suma de llegar, servicios, mudanza y la compra de los elementos básicos para amueblar un apartamento.
El llegar es el gasto que más pesa. Barrios como Chapinero, Teusaquillo y Cedritos, los preferidos por quienes buscan buena ubicación, seguridad y acceso a servicios, tienen cánones que oscilan entre 1,5 y 2 millones de pesos. En Chapinero, por ejemplo, el promedio está en 1.750.000 pesos.
García indica que “la dificultad para independizarse también explica por qué los jóvenes están sobrerrepresentados en las zonas más pobres de la ciudad. Muchos no logran una emancipación completa y terminan formando sus propios hogares dentro de la vivienda familiar: se juntan, tienen hijos o inician su proyecto de vida adulta, pero sin poder salir de la casa de sus padres”.
En Teusaquillo el llegar promedio es de 1,7 millones de pesos, aunque en algunos sectores puede llegar hasta los 3,5 millones de pesos. A eso se suma el depósito que muchos propietarios exigen —generalmente equivalente a un mes de arriendo—, lo que eleva de manera significativa el costo inicial.
Pero el gasto no termina ahí, de acuerdo con el análisis de la Universidad Manuela Beltrán. Los servicios públicos, que en la casa de los padres suelen pasar desapercibidos, representan otra carga importante. En los estratos 3 y 4, el estudio estima que agua, luz, gas, aseo e internet pueden costar entre 280.000 y 420.000 pesos al mes. Solo el servicio de internet de 200 megas ronda los 110.000 pesos.
Así mismo, Amorocho expresa que “no es fácil la independización de los jóvenes ahorita porque hay algo que viene ocurriendo: salen muy bien preparados de la universidad, pero el mercado no los está recibiendo con buenos sueldos. Entonces, por mucho que se puedan independizar solos o en compañía, en su etapa inicial pueden recibir ingresos entre 4 y 4,5 millones de pesos”.
A esto se suma el costo de amueblar el apartamento desde cero. Según la revisión de precios hecha por la UMB en diferentes plataformas, arrancar con lo básico puede costar alrededor de 1,5 millones de pesos en un escenario económico, y superar los 3 millones de pesos si se opta por artículos estándar. Esto incluye cama, colchón, mesa, utensilios y algunos electrodomésticos esenciales.
SARA MALAVER
Escuela de Periodismo MultimediaEL TIEMPO
