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Fue ídolo en Brasil y en Europa, pero también dejó huella por su ferocidad y hasta Ruggeri llegó a temerle: “Era un criminal”

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Fue ídolo en Brasil y en Europa, pero también dejó huella por su ferocidad y hasta Ruggeri llegó a temerle: “Era un criminal”





Mozer, el futbolista que infundía temor en Ruggeri

“Era un asesino”.

Protagonista de intensos enfrentamientos, casi de lucha libre, con José Luis Félix Chilavert; enérgico y con una personalidad dominante en el campo; campeón mundial y bicampeón de América; con trayectorias en Boca, River, Real Madrid y San Lorenzo, nadie puede cuestionar el carácter de Oscar Ruggeri en la cancha. No obstante, cuando en ESPN F90, el programa donde participa, Sebastián Vignolo le preguntó si había sentido miedo hacia algún futbolista, tras una breve reflexión, el Cabezón no titubeó.

“A quien verdaderamente respetaba… (Carlos) Mozer era un asesino. Era realmente malo, malo de verdad, ¿eh? En el día que jugamos en Italia (octavos de final del Mundial 90, Argentina-Brasil), cuando vimos que Mozer estaba en el banco, dijimos ‘qué suerte’. Era un criminal, tenía unos tapones enormes, de los más altos que he visto. La boca con blanco aquí (se señaló la comisura de los labios). Parecía uno de esos perros, que los tienes así (atados) y luego los sueltas y salen descontrolados. Así era el tipo. Diego (Maradona) también me decía en ese día: ‘Está Mozer en el banco’. Diego, que no le temía a nadie. Pero había respeto entre nosotros”, confesó. Subrayó la presencia del ex defensor central, ídolo en su país y en Portugal y Francia, aunque con esa imagen de luchador que forjó en el campo, algo con lo que nunca se sintió del todo a gusto.

Si estuviera en un juicio, el ex defensor, ahora de 64 años, podría enfrentarse a ciertos problemas debido a los testimonios. “¿Quién fue el más ‘villano’ de los futbolistas? Carlos Mozer tenía esta fama en Olympique de Marsella”, lo acusó Lilian Thuram en 2021. “¿Violento? Entiendo que violento se refiere a ese tipo malvado. Pero aquel que, como se dice, va con todo, comete una falta… El tipo que me marcó y que hacía una marca muy fuerte fue Mozer. Mozer era un cuarto defensor muy fuerte, relajado. Cuando digo relajado, me refiero a que tenemos una buena relación, je”, recordó Roberto Dinamita, el delantero que se convirtió en leyenda del Vasco Da Gama, jugo en la selección de su país y en el Barcelona.

Las voces pueden multiplicarse y aún así no hacen justicia a su carrera. José Carlos Nepomuceno Mozer, o el Vampiro, como se le apodaba, realmente comenzó en las categorías inferiores del Botafogo, que lo dejó ir. Encontró su plataforma de lanzamiento en el Flamengo. Debutó en 1980 y cosechó 15 títulos en su carrera: siete en los siete años en el Fla (incluyendo una Copa Libertadores y la Intercontinental), cuatro en Benfica, tres en Olympique de Marsella y uno en el Kashima Antlers de Japón, en el cierre de su trayectoria.






Cruces feroces y salidas elegantes: Carlos Mozer en el Olympique de Marsella

Entre Mozer (que alcanzaba un metro ochenta y siete) y la Pulga Messi existía una delgada línea roja. Pues el último club campeón de la Copa Libertadores decidió dejarlo ir porque “era bajito”. Y tuvo que ser tratado con hormonas de crecimiento. Una vez superado este obstáculo, se desquitó mostrando su ferocidad ante los rivales, sin importar quiénes fueran.

Quienes lo vieron debutar y en la cúspide de su carrera supieron reconocer sus múltiples virtudes y la técnica brasileña que llevaba dentro. Ingresó a la defensa en sustitución de un compañero lesionado y no volvió a salir. Fue Modesto Bria, ídolo del Fla en la década del 40, quien definió impactantemente su versatilidad: “Este chico presenta cuatro grandes cualidades. Tiene la técnica de un delantero, la habilidad de un mediocampista, la rapidez de un extremo derecho y un gran reflejo para marcar y bloquear. Por alto, es prácticamente imbatible. Los defensas europeos se destacan por estas cualidades, y Mozer no se queda atrás en nada frente a ellos”.

A ese conjunto de habilidades, le añadió la ferocidad. Se cuenta que en 1980, el año de su debut, dos futbolistas del Fluminense (Cristovao y Robertinho), su histórico rival, lo abordaron antes de un derbi. “Mira, chico, no tengas miedo de entrar fuerte. Lo importante es que debutes bien, aunque para ello tengas que sacar a uno de nosotros del campo”, le aconsejaron. Y lo tomó como un lema.

Otro de los que le dejaron lecciones que arraigaron fue Antonio Rondinelli, ex defensor de Flamengo. “Rondi siempre me decía: ‘Juega como sabes, no inventes nada. Pero si es necesario, tira cabezazos’. Eso era lo único que no necesitaba decirme. Tengo mucha garra, porque lo aprendí de él”, declaró.

En la selección brasileña, jugó 32 partidos entre 1983 y 1994. Participó en el Mundial 90, aunque, como mencionó Ruggeri, estuvo en el banco de suplentes la tarde de la eliminación ante Argentina. Desde el banquillo, vio la jugada de Maradona, su asistencia y el gol veloz de Claudio Caniggia tras sortear al arquero Taffarel, sin poder intervenir. Y su ausencia estuvo marcada por la polémica.

Mozer, con la casaca del Benfica, y Ruggeri. En el conjunto portugués llegó a ser ayudante de campo de José Mourinho

“Aldair no jugó y, precisamente en el partido contra Argentina, pusieron a alguien que querían mostrar a los empresarios para luego negociar”, denunció en su momento. En aquel épico duelo, Ricardo Rocha y Ricardo Gomes junto a Mauro Galvão formaron el once inicial. Luego, a pesar de haber sido parte del proceso, quedó fuera del Mundial 1994, en el cual la Verdeamarela se consagró campeón después de vencer a Italia en una tanda de penales, con Carlos Alberto Parreira como DT.

“Me cortaron y todavía no entiendo por qué no me dieron la oportunidad de estar en el Mundial. No entiendo la razón. Los médicos dijeron que no podía hacer esfuerzos y corría el riesgo de morir. La única tristeza que tengo es que, a pesar de mi dedicación, no tengo el orgullo de haber sido campeón del mundo. Fue muy frustrante, me privaron de ser campeón mundial”, confesó a UOL Esporte.

¿Qué ocurrió? Los análisis médicos indicaron que presentaba alteraciones en las enzimas hepáticas, compatibles con hepatitis tóxica, derivadas del uso excesivo de antiinflamatorios. “Tomaba un medicamento llamado Sargenor, que elevaba las tasas de enzimas. Lo tomaba para recuperarme mejor entre entrenamientos. Todo se habría normalizado después de dejarlo por un tiempo. No me dieron la oportunidad de hacer nuevos exámenes. Pedí tres días más para regularizar mis resultados, pero no esperaron”, aseveró.

En aquel icónico cruce del Mundial 90, fue uno de los que denunciaron que el bidón del que drinkó su compañero Branco resultó estar alterado. “Branco quedó confundido. Maradona pidió cambiar la botella. Hacía mucho calor. Cuando Branco pidió agua, Maradona gritó y dijo que ‘de esa no’. El masajista (Miguel Di Lorenzo, alias Galíndez) fue y tomó una de una bolsa. Branco estaba bien y luego quedó totalmente aturdido. Maradona después dio una entrevista riéndose de la situación. El fútbol es así”, ofreció su perspectiva de un incidente que nunca se extendió más allá de palabras y quedó arraigado en la leyenda.

A pesar de las contundentes palabras de Ruggeri, la selección argentina le guardaba gran respeto, comenzando por el entrenador, Carlos Bilardo. Lo confirmó Roberto Mariani, asistente de Bilardo en los Mundiales del 86 y 90, en conversación con Infobae. “Un jugador de calidad excepcional, y sí, era fuerte y áspero. Llamó mucho la atención que ese día no lo hicieran jugar. Era temperamental, pero sabía controlarse. Jugaba al límite, pero era muy astuto, astuto con los árbitros”, recordó el histórico formador de futbolistas.

“Tenía un estilo de juego similar al de José Manuel Ramos Delgado, el ex River y Banfield, que Pelé llevó al Santos. Un tipo sensacional, de calidad excepcional, con buen timing. Eran esos los jugadores que a Bilardo le gustaban para su sistema. Otro con características similares era Roberto Perfumo, aunque te golpeaba por debajo de los talones y te hacía sentir el rigor”, se atrevió a la comparación.






Ronaldo Nazario contó el incómodo momento que pasó con Carlos Mozer

“Recuerdo un comentario de Bilardo durante el Mundial, mientras almorzábamos con (Raúl) Madero, el profe Echevarría y (Carlos) Pachamé. Afirmó que encajaría perfectamente en el fútbol argentino por sus habilidades y su técnica exuberante. Diego (Maradona) le tenía mucho respeto. Careca y Alemão, quienes jugaban en Napoli con él, le hablaban maravillas de Diego. Y Mozer opinaba que a los jugadores con esas habilidades se les podía jugar duramente, pero sin golpearlos. Había que protegerlos”, concluyó su retrato.

Un maestro en los enfrentamientos y con un estilo refinado. Con un disparo prodigioso, más que capaz de hacer los cambios de juego más precisos. Con la capacidad de salto de un canguro. Mozer mostró todas las cualidades que distinguieron a los mejores defensores de su generación. Por algo lo mencionan entre los mejores zagueros de su país. Pero a este arsenal se unió una ferocidad que aterrorizaba a los más osados.

“Dentro del campo claro que siempre hay roce, pero, fuera del campo, todos se llevan bien, y no es algo novedoso, esto ya es así desde hace muchos años. He estado en el mundo del fútbol mucho tiempo, por mi padre, y recuerdo que, cuando era niño, pasaba las vacaciones en el Algarve con Mozer, el central del Benfica que casi se comía a mi padre dentro del campo con todos esos golpes”, confesó Gonçalo Paciência sobre lo que vivió con Domingos, su padre.

Isaías, delantero brasileño de la clase 63, reveló que al llegar a Portugal con la camiseta de Rio Ave, tuvo que lidiar con Mozer. “Me lanzó una patada voladora que tuve que esquivar para no terminar contra la valla”, recordó. Cuando pasó a Benfica, pensó que el calvario había terminado y que el sufrimiento era solo para sus adversarios. Se equivocó.

En efecto, en los partidos oficiales contaba con un guardaespaldas implacable: “Era nuestra garantía en el fondo. Solo le faltaba salir a golpes”. Pero, para perfeccionar su técnica, requería práctica. “Decía que tenía que golpear en los entrenamientos para golpear en los partidos. Y yo le respondía: ‘Quiero jugar contigo, no quiero jugar contra ti’”, contó su colega y víctima, con similares dosis de humor.

Su valentía se extendía a las concentraciones. Un joven Ronaldo Nazario, quien destacaba por su velocidad y goles en el Cruzeiro y en la selección brasileña, lo confirmó. En una de sus primeras experiencias con el Scratch, le tocó compartir habitación con Mozer, quien le mostró los tapones y le dejó un verdadero trauma.

“Nuestra generación joven vivía aterrorizada. Hay una historia con (Carlos) Mozer: fui convocado para la selección y tuve un período de prueba, y decidieron hacer una serie de ensayos antes de viajar al Mundial. Esa vez tuvimos que dormir una noche allá, y le avisaron a Mozer, que era un defensor imponente y fuerte; que había un chico que roncaba mucho. Caí en la habitación con él y, entre todos, medio en broma, con cara de serio, me miró y me señaló. Me acerqué asustado y me dijo ‘me dijeron que roncas, si lo haces, cuando me acueste te voy a dar una paliza’. Tenía 17 años y no pude dormir en toda la noche. No se rió ni una sola vez, en absoluto. En el siguiente entrenamiento, estaba cansado y con sueño, y él me seguía mirando. Después lo vi reírse de mí; me había jugado una broma, pero ya había perdido una noche de sueño”, reveló el ex delantero, otro mito al que el feroz defensor logró intimidar. Después se convirtió en entrenador (incluso fue asistente de José Mourinho en Benfica), pero sin el impacto que tuvo con los botines puestos, tanto en el campo de juego como en las piernas del rival de turno.

Mozer, en la final de
Mozer, en la final de la vieja Champions League de 1988, cuando el Benfica fue derrotado por penales ante el PSV. En el conjunto luso logró cuatro títulos




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